Para remar contra la crisis hídrica, un Observatorio del Agua

Para remar contra la crisis hídrica, un Observatorio del Agua

Desde hace más de una década, en Mendoza la palabra emergencia está tristemente asociada a un recurso tan esencial como estratégico. Las preocupantes perspectivas para el período 2019-2020 ameritaba la creación de un espacio donde confluyeran los que más saben del tema. 

Rubén Valle

Rubén Valle

En su peor momento hídrico, Mendoza carecía de un instrumento específico para impulsar con más énfasis una política activa para enfrentar tamaña crisis. Esa herramienta es el Observatorio del Agua, "un ambito -según consta en su base fundacional- que desarrollará espacios de diálogo que faciliten la comunicación y el relacionamiento entre diferentes organismos, instituciones y la sociedad civil, en torno a diferentes procesos vinculados al recurso hídrico y sus diferentes usos, para una mejor gobernanza".

Integran este seleccionado el Departamento General de Irrigación, el Instituto Nacional del Agua, la Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial (Gobierno de Mendoza), la Federación de Inspecciones de Cauce, la Universidad Tecnológica Nacional, el Instituto de Ciencias Ambientales (UNCuyo) y el Instituto de Agua y Ambiente (Universidad de Mendoza). Como colaboradores se suman AySam y EMESA.

Sus mandamientos 

  • Observar a través de indicadores la condición del recurso hídrico de la provincia. 
  • Facilitar la articulación entre organismos gubernamentales, instituciones y organizaciones civiles.
  • Generar un ámbito participativo para el seguimiento de las políticas públicas y acciones privadas.
  • Aportar ideas para el mejoramiento continuo de la gestión de los recursos hídricos.
  • Apoyar los procesos de planificación y gestión vinculados directa e indirectamente con el recurso hídrico.
  • Implementar estrategias de comunicación a la población y promover su participación.

El vaso medio vacío

Según alertó Irrigación cuando presentó el Pronóstico de Caudales de los ríos de Mendoza 2019-2020, el panorama para este periplo es más preocupante que el de la temporada anterior ya que contaremos con cerca del 11% menos de agua que en 2018-2019. Perspectiva que no debería sorprender demasiado porque hace más de una década que se viene hablando de emergencia cuando a esta altura ya es un problema que llegó para quedarse. 

El agua disponible para los ríos con áreas bajo riego será de apenas la mitad de un año promedio, por lo que todas las alertas están encendidas.  

En este contexto, todos los involucrados en el Observatorio son conscientes -y varios lo vienen pregonando desde hace años- de que hay racionalizar con inteligencia, evitar todo tipo de derroche (Aguas Mendocinas confecciona 2.800 multas por mes), planificar obras para un mejor aprovechamiento de lo poco que provee la castigada naturaleza y ser cada vez más eficientes en el riego. 

Por sus propias características, Mendoza bien puede jactarse de tener una cultura del agua que va dejando su impronta de generación en generación. Esto supone, además de las precauciones mencionadas, el desafío de no descuidar el frente de la educación como un antídoto para tiempos aún más complicados. El cambio climático está dando demasiadas señales de alerta como para no darse por aludidos. Este Observatorio vendría a hacerse eco de un rojo que tanto debería preocupar como ocupar a la mayoría de los mendocinos. 

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