Opinión
Nicaragua, tan violentamente traicionada
La última revolución armada del siglo XX liderada por el Frente Sandino para la Liberación, de la que formaron parte, los hermanos Daniel y Humberto Ortega, Borges, Sergio Ramírez, el cura Ernesto Cardenal se ha ido al traste.
Cortázar le rindió tributo como muchos escritores y progresistas del sub continente. Obtuvo el saludo de millones de personas porque se iba un dictador que dio una dinastía de sucesores; la familia Somoza, uno de ellos huido del poder asesinado en Paraguay.
Miles de jóvenes saludaron la ascensión al poder, la lucha contra el imperialismo, su bloqueo, sus contras entrenados, su Comandante Cero y hasta esa revolución logró que la Corte Internacional de Justicia reconociera la responsabilidad internacional de Estados Unidos, sentencia que éste último nunca cumplió.
Pero la historia logró un hecho por demás inédito cuando el Frente Sandinista perdió las elecciones y entregó el poder a Violeta Chamorro, viuda del mayor empresario de medios asesinado por la dictadura de Somoza.
La historia no se detuvo y permitió luego que Daniel Ortega llegara nuevamente al poder ya por la vía democrática en un contexto de predominio de los gobiernos populistas como Chaves, los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia y la izquierda Uruguaya.
El presente de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, llamados el Matrimonio Presidencial, han convertido ese pequeño país en un nuevo laboratorio de las dictaduras de izquierda, que en nombre de sanos ideales; libertad, solidaridad, distribución de la riqueza, ascenso social, sea sólo la máscara de brutales represiones y silencio del pseudo progresismo que calla como en los tiempos del genocidio en la ex Unión Soviética, los invasiones de la República entonces llamada Checoeslovaquia, Hungría, Afganistán, las dictaduras china, cubana y de Corea del Norte, todas ellas con sus campos de concentraciones y de "reeducación" donde se torturaba a los desviados ideológicos y se combatía la homosexualidad como las ideas, entre tantas otras. Partidos únicos y el Leviatán como norte.
Nicaragua como Venezuela, con el apoyo inestimable de la gerontocracia cubana, otro gobierno hereditario, representan lo peor del mundo que pretende establecer un relato falso de bienestar, justificado de impedido de llegar a ese estadio por las siempre necesarias conspiraciones.
El ideario socialista, sólo cabe dentro de un proceso de democracia profunda, que estira sus orillas, que permite avenidas anchas, en disenso, en respeto por las minorías, con políticas públicas que se discuten en las calles y en los ámbitos institucionales, sin miedo a la justicia independiente y que fortalece los canales para la participación y control popular. Es el que vale pena pensar y colocar como utopía.
Ortega como Maduro buscan sólo la permanencia perpetua del poder con sus trampas electorales, su terror y represión y el relato fantástico de su misa que no les permite la duda de su apostolado que en nombre de la revolución sólo son la sombra o contracara de los dictadores que combatieron.
Déspotas, que sólo la ingenuidad de Cortázar y Cardenal y la brutalidad de los Somoza, Stroessner y los Pinochet o Videla, nos hicieron creer que eran una nueva aurora y sólo son el ocaso de una nueva tragedia.
