Opinión
La guerra interna en la Policía
La frase intranquiliza: "No hay datos precisos, pero no lo descarto. Capacidad operativa tienen para hacerlo". La frese fue, en realidad, la respuesta de una de las máximas autoridades de la Provincia sobre la guerra interna que hay la Policía luego del inicio de la "purga selectiva" que lleva adelante el Gobierno.
La pregunta específica fue si temían que "les tiraran un muerto", como se dice sin eufemismos cuando se libera alguna zona para generar inseguridad. "Es un grupo que tiene cierta organización para hacer resistencia a los cambios. No hay datos, pero lo cierto es que capacidad operativa para hacerlo tiene", aseguran.
Con varios comisarios generales separados de sus cargos e investigados, la estructura montada dentro de la Policía en la última década quedó tambaleando. En su poder y, según asegura el Gobierno, también los negocios. El problema para Cornejo y Venier es que los recursos humanos que tienen a mano no abundan.
La policía quedó huérfana de cuadros formados y por eso buscan reestructurarla en la marcha. "Hay resistencia, pero los cambios había que hacerlos. En los últimos años por el Ministerio de Seguridad pasó mucha gente decente y no pudo ejecutar cambios por temor; no se animaban a meterle mano a las cajas que había: el combustible, los servicios extraordinarios, los carnet de conducir y toda la corrupción que había", aseguró un alto funcionario. Y esa purga seguirá: ya anticipan nuevas denuncias que apuntan a la cadena que sigue a los comisarios generales y otras autoridades. También policías de mejor rango.
Cuando Alfredo Cornejo asumió, sabía que había estructuras de poder en el Estado que no estarían automáticamente bajo su control. La policía estaba entre ellas, luego de 8 años de estar manejada bajo una misma conducción política. Incluso las señales llegaron en la transición. Ahora el propio Cornejo cree que detrás de las denuncias contra el jefe de la policía, Roberto Munives, están los comisarios sospechados.
En el Ministerio de Seguridad que son los propios policías los que habían denunciado la corrupción interna. Tampoco son denuncias nuevas: desde hace al menos 6 años hay datos sobre el manejo irregular de los cupos de recargo y los servicios extraordinarios; las "cajas" que los comisarios manejan. Pero esa corrupción se trasladaba a la poca eficiencia.
Un ejemplo fuera de los casos de inseguridad se dio con la tragedia de la Ruta 7, donde murieron 16 personas. La policía había sido advertida horas antes del choque sobre la forma de manejar del camionero brasileño y nadie lo detuvo. Por el caso no hubo jefes policiales enjuiciados y solo se condenó a un policía de bajo rango. Ahora uno de los comisarios responsables de la inoperancia de esos días, Darío Irrutia, está siendo investigado, pero por otras irregularidades.
Además de la "purga" el Gobierno inició una fuerte reforma de la estructura de la política de Seguridad. Cambió, entre otras cosas, la ley de policías. A diferencia de lo realizado cuando se creó el Ministerio de Seguridad, Cornejo eligió planear de manera unilateral (junto a su equipo) los cambios y refrendarlo en la Legislatura. El temor del gobierno a "abrir el juego" es que muchos de los policías acusados aún tienen fuertes vinculaciones políticas.
