Opinión
Turismo y camioneros: la mala convivencia que complica a Mendoza
Vacaciones de invierno, temporada alta para el turismo y un momento clave para la economía de Mendoza. Para tener una idea de la importancia del momento, se puede mencionar un dato: el turismo genera un cuarto de la riqueza de la provincia. Sí, el Producto Bruto Geográfico de Mendoza tiene un componente enorme que viene de "la industria sin chimenea".
Pero el crecimiento encontró un tope y lo que ocurre en esto momento en Alta Montaña es un ejemplo: miles de turistas sin poder llegar a su destino por un corte de ruta generado por los empresarios del transporte. Se generó un choque de actividades y de intereses donde todo es pérdida.
Los problemas se traducen en números: según datos oficiales, el sector turístico perdió peso en la economía provincial. "El porcentaje de contribución de este sector al PBI de la provincia disminuyó del 26,6 % en 2011 al 25,2 % en 2014", indica un informe elevado por el Gobierno a inversores.
El sector logístico y el turístico tienen una convivencia obligada: comparten vías de comunicación; rutas y áreas. Lo que ocurre en la Ruta 7 es una muestra de ello y la salida no puede ser la imposición de unos sobre otros. Por obvias razones, los camioneros (o los empresarios del sector mejor dicho) tienen un poder de fuego mayor: cruzan un vehículo y cortan la ruta. Ese ejemplo de mala convivencia en un sistema económico golpeado no hace más que potenciar los defectos. Todo, sin una mediación política inteligente. El otro lado de la misma moneda es la falta de inversión: la convivencia obligada de ambos sectores en las rutas podría salvarse con inversión que genere otras alternativas.
En el turismo el "nivel de satisfacción" tiene un enorme efecto multiplicador. Un visitante que la pasa mal, es la peor propaganda. Así, Mendoza sigue sembrando más problemas para el futuro.
