Presenta:

Opinión

Cambia la política y el Inta siempre involucrado

El INTA es una nave muy grande difícil de girar según las políticas del momento.
Foto: INTA
Foto: INTA

En la década del 90 vivimos una política económica semejante a la actual, aunque la situación económica y social del país era otra. En aquel momento no tenían que convencernos con propaganda que la situación era un infierno, porque todos sabíamos que era eso. Inclusive más jóvenes y desinformados pensábamos que Alfonsín era el culpable y ahora sabemos que el fuego lo prendieron otros.

La voluntad del Gobierno Nacional, en aquel momento, de privatizar la extensión y dejarle al INTA sólo la investigación, era una estrategia interesante para los privados, por el buen negocio que significa vender tecnologías y más si la generaba el Estado. El problema lo iban a tener aquellos que no pudieran pagarlas.

El funcionamiento integrado de investigación y extensión es la principal fortaleza Institucional del INTA, única en su tipo a nivel regional. La presencia en todas las provincias con por lo menos una Estación Experimental Agropecuaria (Mendoza 4 y San Juan con 1) y en cientos de pueblos con Agencias de Extensión Rural, llevó a que nos compararan con la Iglesia, ya que había lugares en donde solo estaban el cura y el extensionista del INTA.

La presencia territorial en todo el país y los Consejos Locales Asesores en todas sus líneas, representando a las instituciones públicas y privadas de la región es un nudo sólido difícil de destruir con el paso del tiempo.

Las distintas políticas de cada Gobierno Nacional que pasaron en más de 50 años de vida han aportado un desarrollo sostenido a la Institución. En su comienzo la transferencia de tecnología generada por expertos fue la manera de ayudar a los productores a tecnificarse y al país a posicionarse como exportador de materias primas (principalmente cereales y carne). La idea del granero del mundo se incorporaba como identidad nacional. Luego se avanzó en una etapa industrial en donde el INTA aportó a la agroindustria sin alejarse del productor y su familia. El trabajo en las cadenas productivas para que éstas fueran más eficientes fue un objetivo estratégico que se cumplió con éxito.

El proceso de globalización y la política de la década de los 90 causaron una modificación en la estructura socio-económica del país que se repitió en el territorio rural con una fuerte concentración debido a la salida del sistema de medianos y pequeños productores. En estos años se creó una separación entre los que viven y producen en el campo de aquellos que sólo ven a éste como una oportunidad de negocio y lo gestionan desde la ciudad.

En la última década se apostó política y financieramente por la extensión construyéndose numerosas Agencias que dejaron de alquilar para tener casa propia. También se potenció el trabajo con pequeños productores creándose los Institutos de Investigación para la Agricultura Familiar (IPAF). Esto fue muy importante porque sabemos que la tecnología no es neutra y no es la misma para los diferentes actores que conforman el mundo rural.

La investigación en el INTA es de muy buena calidad cubriendo temas ambientales, biotecnologías, productivos, económicos, entre otros y siempre dispuesta a recibir las demandas y necesidades que les traen sus socios de extensión. Sus vinculaciones y convenios, nacionales e internacionales, le permite afrontar aquellos momentos de escases financiera y darle jerarquía a la política científica-tecnológica nacional.

Hoy es imposible no mirar al territorio en su totalidad. Los problemas complejos y dinámicos obligan a asociarse interinstitucionalmente, con humildad y generosidad, para atenderlos sin creer que solos podemos. La ciencia y la tecnología siguen siendo una herramienta importante para ayudar a crecer pero, la experiencia y el conocimiento también nos enseñó que no alcanza cuando buscamos el desarrollo.

El INTA es una nave muy grande difícil de girar según las políticas del momento, pero gracias a un personal calificado y siempre involucrado con el desarrollo nacional, se pudo atender a las nuevas propuestas sin abandonar aquellas que también siguen siendo importantes para el desarrollo del territorio.

Hoy con poco dinero en la institución, esperemos que por ahora, el personal del INTA usa su creatividad e innovación para seguir brindando los servicios que la comunidad rural y el país necesitan.

Dr. Jorge Silva Colomer