Opinión
Por un lenguaje sin discriminación
El lenguaje no es neutral. Es una herramienta de comunicación compleja y diversa, pero que no es inofensiva. Detrás de las palabras se encuentra nada menos que la dignidad de las personas.
La forma en la que utilizamos el lenguaje se basa en la educación que recibimos y el contexto sociocultural, familiar y tradicional en el que vivimos y nos desarrollamos.
Pero este valiosísimo instrumento de desarrollo de la humanidad, puede ser peligroso cuando está acompañado de prejuicios, violencia e ignorancia. Muchas veces, aún sin mala intención, se reproduce un discurso estigmatizante que encuentra sus fundamentos en el paradigma de la “normalidad”.
El desafío es precisamente este, avanzar hacia un lenguaje sin discriminación. No por una cuestión semántica o de corrección política, sino porque efectivamente éste afecta directamente a otras personas.
A modo ejemplificativo, referirse como “discapacitados” a las personas con discapacidad le da un sentido de totalidad a algo que es solamente una característica o cualidad. Es necesario reconocer la individualidad del sujeto y ubicar a la discapacidad en su rol de cualidad, que no agota ni define todo lo que un sujeto es o pueda llegar a ser.
Trabajar en la desarticulación del lenguaje discriminatorio le debería corresponder principalmente a comunicadores, periodistas, educadores, dirigentes que son los/las que se interrelacionan de forma directa o indirecta con cientos/millones de personas.
Sin embargo considero fundamental la reflexión de este tema por parte de las madres y padres con respecto a sus hijas e hijos. Los prejuicios, los estereotipos, la estigmatización de determinados grupos o personas y las actitudes discriminatorias muchas veces surgen dentro del mismo núcleo familiar.
Debiera ser un derecho inalienable de las niñas, niños y adolescentes el de recibir una educación plena y libre de prejuicios y discriminación, en todos sus ámbitos donde se desarrollan. Es durante esa etapa de la vida donde absorben la información y se forja la personalidad, la autoestima y el respeto.
“Tu amiga, la gordita” “El que es medio afeminado” para referirse a un/a compañero/a del curso, parece inofensivo a simple vista. Pero las graves consecuencias que pueden despertar esos pequeños actos del día a día son inconmensurables.
Muchas veces el acoso escolar (bullying), profundo problema en Mendoza, no es reprochado por el/los padres y/o la/s madre/s, o muchas veces se le resta trascendencia o hasta es incentivado por los mismos. Cosa de chicos. Mientras la tasa de suicidio adolescente es cada vez más alta.
Se replica, a su vez, de forma constante un lenguaje violento contra el género (en ocasiones por las mismas mujeres) frente a sus hijas/os. “Mujer tenía que ser” al momento del manejo, “andá a lavar los platos”, dando a entender que el manejo es “cosa de hombres”. Ejemplos hay decenas.
Pero también formas sutiles aceptadas culturalmente de lenguaje sin perspectiva de género. EL piloto, LA azafata. EL gerente, LA secretaria. LA empleada doméstica. EL experto.
Las formas de discriminación son complejas y numerosas. Pero mediante la sensibilización y el compromiso de todos y todas a prestar atención y modificar día a día nuestro lenguaje y expresiones, ya estaremos dando un enorme paso en la lucha contra este flagelo.
Respetemos los derechos de nuestros niños y niñas a vivir y crecer en ámbitos libres de prejuicios, violencia o discriminación.
Daniel Di Giuseppe
Delegado Mendoza
Instituto Nacional contra
la Discriminación, la Xenofobia
y el Racismo (INADI).
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