Opinión
La sorpresiva expulsión del amonestado y lo que se viene
Lo que pasó: la sorpresiva expulsión del amonestado
Si bien jugaba con amarilla desde diciembre, cuando fue sancionado por el fallido proyecto original de cambios en el impuesto a las ganancias, sorprendió la expulsión del ministro más importante (siempre lo es el que ocupa el cargo de máximo responsable de la economía del país), Alfonso Prat Gay. Si bien se hablaba desde la segunda semana de diciembre que su destino estaba marcado. la especulación, y el manual de conveniencia política hablaban de una salida elegante para bien entrado enero, o febrero, o marzo, cuando comiencen a definirse las listas para las elecciones legislativas de medio tiempo del 2017.

Sin embargo, Mauricio Macri dio una nueva lección sobre cómo entiende el manejo político de su gestión. El Presidente no esperó los tranquilos días del verano, donde la gente (y los operadores económicos) pueden estar más relajados y proclives a noticias de cambios, y aceleró su decisión para la siempre complicada semana que separa Navidad de Año Nuevo. Pero hubo más: para su despido, Prat Gay tuvo que soportar un golpe directo a su ego y volar desde Buenos Aires hacia Villa La Angostura donde lo esperaba el jefe de Estado para comunicarle sentado en una poltrona vacacional que ya no lo tenía en sus planes. En el medio le ofreció algún jugo de frutas refrescante y le comentó lo bien que la estaba pasando en esos días "de descanso" junto a su familia.
El ahora ex ministro se había enterado que ya no pertenecía al gobierno el mismo lunes cerca de las 10 horas, cuando ya estaba en su puesto de comando preparando la última semana del año, comunicándose de manera festiva con su entonces secretario de Finanzas Luis Caputo, a punto de embarcarse hacia Punta del Este para pasar el fin de 2016 junto con la familia.
La salida de Prat Gay muestra ahora un costado inesperado de Macri: el de la crueldad que puede ejecutar cuando se trata de eyectar personal de su gabinete. Una manera de mandar un mensaje al resto de los ministros y secretarios. Una forma de decir internamente "quedan todos avisados".
Lo que pasa: ahora sí, el gobierno del Ceo y sus gerentes
La lectura más lineal de lo que dejó la salida de Alfonso Prat Gay del gobierno podría ser que quedaron tres ganadores claros: el jefe de gabinete, Marco Peña, y los vicejefes Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Los tres mantenían enfrentamientos dialécticos y personales con el ex ministro de Hacienda, y los tres fueron ratificados y ponderados por Mauricio Macri días antes de la salida de Prat Gay.

Pero la forma de tomar la decisión de parte del Presidente, y la resolución del nuevo formato de gabinete con un ministerio dividido en Finanzas y Hacienda, determinan que, hacia delante, lo que habrá que observar es una estructura de gobierno (y de ejercicio del poder) más parecida a la administración de una gran multinacional que a un Ejecutivo político. Habrá un Ceo referente máximo, Mauricio Macri; un gerente general que ejecute decisiones y aconseje al Ceo, Marcos Peña; y dos gerentes plenipotenciarios, Quintana y Lopetegui. El resto de los muchos ministros, secretarios, directores y extras tendrán que rendir cuentas en sus propias áreas, sin avanzar sobre las de sus colegas y compañeros y, eventualmente, explicar al resto del gabinete sobre el manejo de la gestión de sus comarcas.
Otra lección que muestra la salida de Prat Gay es más curiosa: no siempre la salida del gabinete se da por hacer las cosas mal. A veces, haciéndolas bien pero con criterios independientes (y cierto ego), también se puede perder el puesto de trabajo. Como contrapartida, haciendo las cosas bastante mal (o con resultado magros), pero respetando jerarquías y estructuras, se puede sobrevivir.
Lo que pasará: ¿el momento del ajuste?
Nicolás Dujovne se hará cargo del ministerio de Hacienda. Para los que el nombre de la cartera no le referencie mayores precisiones, se trata del ministerio que deberá tener como objetivo básico lograr que se cumpla la proyección para el 2017 de un déficit fiscal cercano a 4% (según reza el Presupuesto Nacional para el próximo ejercicio). La tarea es inmensa y, para algunos, utópica. Se trata de reducir el desequilibrio entre los ingresos por la recaudación y los gastos, a la mitad de lo que sucedió en el 2016, con Alfonso Prat Gay como responsable.
Se especula con que habrá una mayor actividad económica en el mercado interno, lo que hará mejorar, algo, la recaudación impositiva. Pero no alcanzará con este factor para mejorar las cuentas públicas. Habrá que pensar entonces en la otra columna del balance: la de los gastos.
Allí aparecen en el listado todas las ideas que el flamante ministro desplegó en diferentes columnas de opinión, en especial en el diario La Nación. Dujovne hace un punteo exhaustivo de sectores donde se debe avanzar, especificando que el gran problema de la economía argentina en la actualidad es el desequilibrio fiscal. Menciona tanto el alto gasto en áreas aparentemente superfluas, la falta de calidad que tiene ese gasto y hasta menciona que Argentina tiene un problema de costos de transporte, culpando a Hugo Moyano y su sindicato de camioneros como los responsables.
Las preguntas que surgen entonces son simples pero directas: ¿podrá llevar el nuevo ministro sus ideas básicas a la practica desde el Palacio de Hacienda, avanzando con recortes en el gasto público que, políticamente, serían difíciles de practicar y ejecutar por el gobierno de Mauricio Macri? ¿Podrá el gobierno avanzar en estos recortes en un año electoral y con un Congreso en contra; que, además, demostró con el conflicto por Ganancias lo dañino que puede ser? ¿Moyano aceptará la tesis de Dujovne y reconocerá que su sindicato es un problema para el crecimiento de la Argentina?
La primera respuesta a las preguntas sería simple: es casi una utopía pensar que las intenciones, al menos en sus editoriales previas a su nombramiento, puedan suceder. O estamos ante una avanzada fiscalista que probará los límites políticos del macrismo y de la estructura de poder de la Argentina en un año electoral, o estaremos ante un nuevo ejemplo del ya muy mencionado durante el actual gobierno "Teorema de Baglini".
Lo bueno de estas preguntas es que tendrán respuesta rápidamente. Dujovne no tendrá mucho tiempo para demostrar cuál es su idea del poder.

