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Opinión

José Valerio y la idoneidad

Desde la vuelta de la democracia pocas veces hemos vivido semejante sacudón institucional; en esta oportunidad la sociedad se lleva puesta a las instituciones clamando por una respuesta a sus necesidades más básicas, entre ellas la seguridad y su vinculación con la justicia.

El entonces elegido gobernador, Dr. Santiago Felipe LLAVER, llegó al poder de la mano de una ola democratizante y liberadora de la expresión. Esa misma ola arrasó con la justicia mendocina que por entonces se encontraba corrompida hasta la médula por los jueces y fiscales puestos a dedo por el último gobierno de facto en la Argentina.

Por aquél tiempo, José Virgilio VALERIO se incorporó como un joven diputado a la Cámara provincial, novel abogado y que sólo estuvo dos años en su cargo, puesto que le tocó la renovación legislativa en el año 85' y desde entonces, pasado un breve período, encontró un lugar en el Estado de Derecho desde el que podía emprender reformas estructurales: la justicia.

Su trayectoria de 29 años en la justicia provincial avalan lo antedicho: primero como fiscal correccional y luego como camarista de la Segunda Cámara del Crimen no pueden menos que aportar experiencia valiosa de la que otros miembros de la Corte carecieron, prima facie, al ingresar a la magistratura. Pero dejemos a un lado la experiencia en la justicia, que por este lapso de tiempo y hasta la votación secreta en el Senado es el tema - injustamente - menos evocado por la opinión pública.

Valerio es docente de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo hace 30 años. Ha formado a cientos - cuando no miles - de profesionales de la matrícula que hoy lo avalan y otros tantos que se oponen a su designación. Valerio tiene antecedentes académicos y docentes intachables; evaluaciones de desempeño docente que cumplen con las expectativas de la Universidad pública; aprecio por sus colegas docentes y por muchísimos de sus alumnos y alumnas. Valerio es un hombre recto, repleto de republicanismo y respeto por las ideas ajenas; es un hombre que quizá por la época en que le tocó vivir practicó, practica y practicará siempre la tolerancia para con el/la que piensa distinto. Valerio es un hombre honrado y honesto en el ejercicio de la función pública, de los que hoy no abundan.

Todas estas consideraciones personales - que deberían ser innecesarias porque lo que se requiere para ocupar la magistratura es IDONEIDAD para el cargo - vienen a colación dada la multiplicidad de ofensas y vapuleos públicos que ha recibido el candidato del Gobernador.

Tales afirmaciones para sostenerse, merecen pruebas concretas de semejantes calificaciones. No las hay. No existen elementos que lleven a pensar que en 29 años de magistratura se han aplicado esos criterios en sus resoluciones o sentencias. Todas estas descalificaciones provienen de personas y asociaciones civiles de diversa naturaleza que durante años se han mantenido bajo la alfombra y no asomaron la cabeza.

Yo me pregunto entonces: ¿Dónde estaban los colectivos populares que hoy claman por una mujer en la Corte cuando se nominó a Mario ADARO (en el lugar de Aída Kemelmajer), Julio GÓMEZ y Omar PALERMO? ¿Dónde estaban todos estos grupos para escrachar públicamente y pedir el repudio público en el Consejo Directivo de la Facultad de Derecho y en el Consejo Superior de la Universidad cuando se nominó a otro docente de la casa de estudios (Omar PALERMO)? ¿Por qué revisando el historial de distintos diarios provinciales no encuentro marchas y manifestaciones contra las nominaciones consecutivas de tres hombres para la Suprema Corte de Justicia de Mendoza?

Me debato entre dos respuestas: o es una afrenta contra la actual administración de la provincia o bien es una afrenta personal contra Valerio. En el primer caso, estamos hablando de atropello contra las instituciones, porque el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes. En el segundo caso, estamos hablando de una imputación y pre-condena social que roza la persecución, lo cual merece una autocrítica como sociedad que ya no ejercita la tolerancia.

Conozco personalmente a Valerio y doy fe de su integridad como persona. Como su ex alumno doy fe de sus aptitudes docentes; y todo ello aunque para muchos mi fe no tenga valor alguno. Como abogado, he tenido la oportunidad de leer y analizar muchos de sus fallos, los cuales - lejos de lo que se dice - se fundan en la ley, como debe ser en un Estado de Derecho como el que decimos tener.

Tener 2000 o más adhesiones y 600 oposiciones demuestra claramente que éste es un candidato que viene a romper con el status quo de la justicia en Mendoza. Valerio tiene antecedentes de larga data de intentar modificar el sistema judicial para hacerlo no solamente más justo sino más efectivo.

Valerio es un juez que, aunque a muchos les pese, no dicta sentencias en base al clamor social. Valerio es un juez que, a diferencia de otros, dicta sus sentencias y nunca las "opera" para que se mantengan firmes, lo cual demuestra que se somete a la garantía constitucional de la doble instancia y la revisión de sus decisiones sin prurito alguno. Valerio es un juez al que no le tiembla la mano para condenar a los culpables o para absolver a los inocentes - en la misma medida y magnitud - cuando la ley determina que así debe ser.

La sociedad mendocina debe dejar de debatir sobre costos hundidos y hacer una mirada hacia adelante. Debe dejar de buscar con argumentos falaces tratar de imponer el "no sé de qué se trata, pero me opongo" que hemos visto en la última semana en los medios.

Como ciudadano, mendocino y abogado espero que los y las señores y señoras senadores y senadoras tengan en cuenta al momento de votar el único requisito exigido constitucionalmente y que este candidato reúne: IDONEIDAD.

Nicolás M. Chicahuala

Abogado - UNCuyo

D.N.I. 35.184.268