Opinión
El regreso de "la tablita"
Las políticas cambiarias implementadas por el nuevo gobierno se asemejan a la célebre medida que impulsó Martínez de Hoz en 1979: dólar barato, flotación sucia, circunstancias y consecuencias
Pocos días han transcurrido desde que el Ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, anunciase en conferencia de prensa la eliminación del Cepo Cambiario.
Empresarios, comunicadores y ahorristas en todas las escalas se muestran eufóricos o temerosos por los valores oficiales que surgieron durante la primera semana del autodenominado “MULC”: Mercado Único de Libre Cambio.
¿Por qué se desplomó el dólar en pocos días? Es la pregunta de moda.
Resulta indiscutible que 13 pesos por dólar, 14 e incluso 14.50 suponen cifras bastante inferiores a las proyectadas para este escenario por especialistas, consultores y opinólogos de toda clase durante el último semestre de 2015.
Hoy podría escribir, estimados lectores, sobre la dudosa libertad de adquirir hasta U$D 500 mensuales y la obligación de bancarizar una operación por U$D501.
Podría argumentar que no es tan normal ni mucho menos virtuoso exigir declaraciones juradas del origen de los fondos para comprar cualquier monto, incluso ínfimos.
Que en Chile, Paraguay y aún el golpeado Brasil, los bancos y casas de cambio no piden ni siquiera cédula de identidiad a sus clientes, y que durante muchos años, antes y durante la era K, tampoco en Argentina.
Podría también discutir la prédica de quiénes recién ahora, haciendo gala de escasa rigurosidad, contradicen sus declaradas expectativas de un dólar a 18 o 20 pesos, asegurando que “al fin y al cabo el dólar blue era una punta extrema, un indicador poco fiable y marginal”.
Disfrutaría, admito, escribiendo sobre las incontables columnas de Clarín, La Nación y Cronista relatando al detalle –y acertadamente- , la relación tácita entre reservas líquidas , pesos circulantes y tipo de cambio. Las mismas en las que se explayaron sobre la apreciación del dólar a nivel internacional, las fuertes devaluaciones del 15, 20 y hasta 40% que sufrieron las monedas latinoamericanas durante 2015 y el feroz atraso cambiario que sufrimos, manteniendo un dólar ficticio de 9.50 pesos mientras los precios de nuestra propia economía se ajustaron al blue de 15 incluso antes de los feroces aumentos de Noviembre y Diciembre.
¡Se esfumaron!. ¿Qué sucedió? ¿Macri le ganó la batalla a la FED? ¿El mundo entero se arrodilla ante la pericia del equipo amarillo?
El fondeo que promete el oficialismo, y aún no vimos, estaría compuesto mayoritariamente por deuda, en una realidad global de suba generalizada de los intereses.
Los Holdouts siguen reclamando, la sentencia de Griesa no desapareció.
El único cambio determinante que evidenciamos, es el cambio editorial.
Y un consiguiente optimismo de muchos pequeños y medianos ahorristas frente a la ilusión del dólar barato que genera la promesa de que el estado intervenga y nivele el tipo de cambio. Mejor dicho, que siga interveniendo, porque ya lo hizo accionando para elevar el rendimiento de los plazos fijos al 38% anual.
Pero no insistiré sobre estas cuestiones. Estas líneas fueron convocadas por una pregunta que me repiten constantemente jóvenes y no tan jóvenes: ¿A qué época regresamos?
“El único cambio determinante que evidenciamos, es el cambio editorial”
Curiosa situación enfrenta Macri, abanderado del cambio que al parecer poca gente considera capaz de innovar.
Los soldados Ks, muchos de ellos menemistas reciclados -¡Qué ironía!- amenazan con “el retorno de los 90s”.
Los referentes de Cambiemos en cambio reivindican el “Desarrollismo” del fugaz Frondizi. Mi abuela se estremecía recordando a Alsogaray y su frase “Hay que pasar el invierno”, premisa del mega-ajuste que coronó el fracaso del proyecto “visionario” de Don Arturo.
Sin embargo, y esto no sorprenderá a los señores que peinan canas, yo observo una gran similitud con La Tablita, polémica medida impulsada por José Alfredo Martínez de Hoz, en la práctica, uno de los ministros más anti-liberales e intervencionistas que padeció este país. Digno funcionario de una atroz dictadura militar.
POPULISMO DE DERECHA
¿En qué consistió La Tablita de Martínez de Hoz? En pocas palabras, en anunciar con anticipación el rango de devaluación del peso argentino para los meses siguientes, ignorando deliberadamente las fatales consecuencias inflacionarias que generaría.
Ni más ni menos que prometer un dólar debajo de 16 pesos, ni más ni menos que asegurar que el BCRA intervendrá para que no supere los 15, ni más ni menos que lanzar una batería de promesas sobre el engrosamiento de las reservas, ni más ni menos que tomar deuda externa para financiar dicha intervención.
Las similitudes no concluyen allí. Es necesario conocer el contexto en el que Martínez de Hoz impulsó la medida:
La dictadura asumió heredando la nefasta gestión económica de… Isabel Perón.
Los precedía un gobierno peronista abatido por la inflación descontrolada, inestabilidad política, absurdas regulaciones, control de precios y comprensible dolarización por parte de la gente, marcada, para siempre, por el Rodrigazo de 1975.
Para fines de 1978, obedeciendo la directiva de Videla que exigía tranquilizar a las clases medias a cualquier precio, al “Mago de Hoz” se le ocurrió la pristina idea de comunicarle al público que las continuas subidas de precios correspondían a “factores psicológicos” y “falta de confianza”. Exacto, no es un Deja Vú.
Entonces, el gobierno militar, disque solvente y predecible, anunció el rango de devaluación programada y “razonable” para cada uno de los primeros ocho meses de 1979 .
Una mágica solución, tan disparatada como las medidas socialistas al estilo cepo cambiario, pero formulada por economistas serios de gesto adusto. Igual de convencidos de lograr manejar el mercado a través de las emociones, los derechistas alentaron a la especulación de numerosos financistas y asociados, imponiendo contratos de variada naturaleza indexados al valor del dólar futuro. 30 años antes de que la prensa se preocupe por el ROFEX.
Permitiéndole a las grandes empresas “actualizar” preventivamente sus precios, desactivando así los efectos de las microdevaluaciones y encareciendo al país en moneda dura a expensas de un capricho político.
Mientras tanto, aumentaron considerablemente la toma de créditos externos para mantener la fiesta.
Cualquier similitud con la actualidad, no tiene nada de coincidencia.
Las consecuencias se hicieron visibles en el cortísimo plazo:
En aras de ganar competitividad, destruyeron la competitividad.
En aras de normalizar la economía, profundizaron sus anomalías.
En aras de combatir la especulación con el dólar, la multiplicaron.
En aras de generar confianza, desembocaron en una estafa generalizada, una bomba de tiempo que explotó en el verano de 1980, cargándose a Videla y Martínez de Hoz.
El precio de postergar la devaluación requerida y omitir realizar recortes sustanciales del gasto fiscal o desregular los mercados para lograr competitividad real fue una depreciación instantánea de la moneda nacional en el orden del 200%.
Entre la lista de beneficiarios, se destaca por ejemplo el joven matrimonio Kirchner dedicado a rematar las casas de los humildes trabajadores santacruceños que cayeron en la trampa de los contratos antes mencionados.
Encabezando la lista, diversas instituciones bancarias y financieras.
Entre los perjudicados, la mayoría absoluta de los argentinos, cuyo patrimonio y poder adquisitivo, una vez más, fue gravamente atacado.
Y fueron condenados al igual que sus hijos y nietos, es decir, nosotros, a cargar con un nuevo compromiso de unos cuantos miles de millones de dólares con FMI y afines.
De más está decir que jamás aceptamos contraerlo, son los gajes de la representatividad.
Cabe destacar que por aquellos años algunas corporaciones también cayeron en la tentación de los préstamos con el exterior, por ejemplo el holding comandado por el magnate Franco Macri, padre del actual presidente.
Pero a ellos la suerte les sonrío, porque en 1982 bajo la gestión de Cavallo en el BCRA el estado decidió generosamente hacerse cargo de dicho desliz.
Y para 1986, un tal Carlos Melconian, por entonces Jefe de Departamento de Deuda Externa de la misma entidad, anuló a través del decreto 480/161 la investigación que solicitaba Alfonsín sobre tan escandalosa decisión.
Espero que este artículo contribuya a echar luz sobre Lo que se ve y lo que no se ve detrás de las citadas intervenciones del Estado en el Mercado, que hubitualmente producen el efecto contrario al que promueven.
Advertir el devenir cíclico de la historia argentina quizás los ayude a revertir esa condena.
Me despido reivindicando los auténticos valores liberales, que son diametralmente opuestos al lobby corporativo, a los soluciones mágicas y autoritarias, a las dictaduras militares, a las especulaciones financieras y en general al sistema estatista que de una u otra forma se las arregla para trasladar recursos de la clase productiva a la oligarquía improductiva. Y cuyos errores y traspiés costean siempre los más débiles.
(*) Nicolás Morás. Periodista. Integra el Bastiat Institute y el Consejo Económico del Centro de Estudios Humanísticos – CENHUM. Cobden Award 2014 por el compromiso en la defensa del Mercado Libre y la Justicia Social. Seguilo en Facebook
