Opinión
El peronismo que ya no garpa
Las derrotas, las pérdidas, por lo general, provocan angustia. Digo por lo general, porque hay quienes ante la muerte de un ser querido, muchas veces, siguen sin acusar el recibo de la pérdida y tapan la angustia con cualquier cosa. La angustia está para sentirla y es sano que se sienta, que se corporice y recorra la sangre. De lo contrario, taparla, o “hacer como si la tapáramos”, por algún lado se termina colando, encontrado la grieta.
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Es el pus que debe salir de la infección, el veneno de la víbora, el vómito, el llanto, el grito, la calentura; para que después venga la calma y la reflexión y el pensamiento. La auto-crítica. El peronismo mendocino no quiere sentir la angustia. La está tapando. Esperando tal vez el triunfo de Scioli que salve o siga tapando esa angustia. Pero esa actitud, es pan para hoy y hambre para mañana. Es lógico que hoy no se esté dando una discusión pública, al menos, como partido, movimiento. Falta nada para las elecciones presidenciales y la verdad, se entiende que las fichas estén puestas allí, en el 25 de octubre.
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Sin embargo vivimos en Mendoza, ey!!! Y aquí por más Scioli que gane en la nación, el 10 de diciembre asume Cornejo como Gobernador de la provincia. Scioli no gana en Mendoza; será, en todo caso, el presidente de los argentinos. Las arenas movedizas son hoy suelo del peronismo local. Se va pisando y avanzando con los zapatos embarrados. Nadie camina derecho. Por las aguas subterráneas del peronismo en los derpa hay movimientos y charlas y discusiones y, hasta calenturas, que, seguramente, saldrán como sifón destapado el 26 del 10.
Las comarcas azules irán por lo suyo en la discusión general y ya hay ententes. Alineamientos notables que dan una señal que al menos desde ellas no habrá silencio. Las comarcas naranjas que dejarán de ser naranjas porque ya no tendrán el poder, por ahora, se cuelgan solamente de la elección apostando todo por el todo a Scioli, al rol que tiene o tenga Ciurca a nivel nacional para bajar oxígeno en tubos cuando el agua los tape a partir del 11 de diciembre.
Los kirchneristas de Congreso apuestan al Congreso y después se verá. No hay más en el desierto cumpas. Solo acuerdos que ficcionan un documental de 4 o 5 minutos. Para una película de hora y media no da, ni menos para un tele film. El peronismo mendocino deberá revisarse los calzoncillos y los calzones, la medias, las partes íntimas. Porque seguramente habrán de salir olores densos que enjuagar.
Los que se la creen (esos que ya saben quiénes son culpables de perder las elecciones) se equivocan si la autocrítica la ven por la acusación. Acá hay una serie de errores compartidos en distinto grado pero nadie tiene el culo tan limpio como para pararse desde un altar a dar un sermón. Eso sí, lo que al menos yo creo es que, aquí,se necesita otro peronismo. No renovado. No, eso sería pechito frío para la platea vip de la dirigencia. Aquí se necesita un peronismo de la popular que grite y cante y haga sentir el miedo a los de la platea vip. No me refiero solo a los viejos dirigentes. También hay viejos jóvenes dirigentes con prácticas de cuarta. Otra juventud y otra adultez.
El peronismo tiene deudas consigo mismo. Ocho años gobernando la provincia queriendo quedar bien con Dios y con el Diablo. El bodeguismo peronista, el peronismo de los sociales, el de los cantris, el de los besamanos del Chamán de San Isidro, el que le entrega millones de pesos a los medios privados para tercerizar la comunicación y luego, esos mismos y perversos medios, se los comen vivos denunciándolos de corruptos. El peronismo que se llena la boca de ágapes, mientras, las mujeres más pobres abortan clandestinamente arriesgando su vida. El peronismo del crucifijo. El de las campañas aburridas con fotos aburridas y canciones aburridas. El peronismo sin mística. Puros e impuros, sin mística.
Aquí tenemos santos populares. Ahora, “garpa papearse”. Papearse con el Papa. Bien por los gestos, bien por las declaraciones, bien en Cuba, bien la eliminación de la limousine, bien, bien, muy bien. Pero eso es la superestructura, la tendencia de la moda, la selfie que garpa. Basta de selfies que garpan. Esa individuación a la que nos someten las nuevas tecnologías y nos pone en el ridículo acto de mostrar que estuvimos en una marcha o en un acto, o con tal o con cual. Hay que empezar a sacarse fotos con la gente de a pie. La que reza al gauchito gil y a la difunta. La que ve al Papa por televisión pero no tiene un póster militante de Francisco el revolú.
Yo voy por abajo, nado hacia el fondo y quiero ver los barcos hundidos y los tesoros perdidos. Los galeones olvidados con cofres llenos de cartas de amor y de sueños de cambio. Hay que bucear. Y rescatar del naufragio a los que no se los escuchó nunca o casi nunca.