Opinión
El norte del sur o los laboratorios del odio
En las elecciones realizadas en Tucumán (hace un buen tiempo ya) ganó el peronismo –una obviedad decirlo, pero no (hay que remarcarlo), porque parece para muchos que no, que hubiera perdido-. Luego de los escándalos “de público conocimiento” vino el conteo, aparentemente definitivo, voto por voto, y otra vez ganó el peronismo. El peronismo ganó dos veces en Tucumán.
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Las urnas quemadas (no se sabe a ciencia cierta por quién) fueron pocas y, dada la diferencia de 12 puntos a favor de Manzur sobre Cano, aunque se votara de nuevo en ellas y fueran todos votos opositores, ganaría, de nuevo, el peronismo. Por tercera vez. Ahora la Justicia opositora, los medios y “el gorilaje extrañao”,quieren votar de nuevo, de vuelta, como si no hubiera sido la voluntad popular expresada la que resultó del conteo. Y, de no mediar rarezas, de hacerse la elección nuevamente, ganaría por cuarta vez el peronismo.
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En definitiva, la onda expansiva de lo que pasó en Tucumán, no es más que un “laboratorio” que instaló la oposición para “probar el juego” que quiere jugar en la elección presidencial del 25 de octubre. Lo saben, la ventaja de Scioli sobre Macri se estira y estira. Tanto, que hasta la cosa puede que se resuelva en primera vuelta. Están nerviosos, diría Néstor.
En las provincias donde ganó la oposición las cosas parecen haber funcionado como si se hubiera votado en Suiza. Pero en el profundo infierno de los peronismos del norte, de los conurbanos, del helado sur austral, siempre hubo y habrá sospechas. Gerardo Morales, el gran republicano jujeño que quiere “exterminar a Milagros Sala”, una líder popular que con su organización ha hecho más por los sectores populares en Jujuy que el macrismo en la CABA, es una de las voces del norte que los te enes muestran como modelo en el norte.
Es, ni más ni menos, el odio ancestral a los pobres quienes se expresan por la continuidad de una cosmovisión de la vida que no solo pasa por el partido político. Lo que ataca la oposición es “un estado del ser de lo popular”, un “estar siendo” según Rodolfo Kusch, quien supo mucho del norte y sus paganismos subterráneos, cuando fuera a recluirse a Maimará, tras su expulsión de la universidad, por la dictadura.
“Tucumán Arde” en los medios y en la pluma de los cipayos entregadores de la patria a los fondos buitre que tiene a sus representantes locales con la cara tallada del viejo imperialismo, del colonialismo ordenador de costumbres propias, del acicateo constante contra toda forma de expresión popular con olor a tracción a sangre. Son los peronismos a tracción a sangre de las provincias y de los conurbanos los que hacen la patria y no los ilustrados condes del antiguo régimen.
Laboratorios. Ensayos. Tubos. Productos químicos. Se baja Niembro porque es insostenible en la ciudad de las luces. Su “Belle Époque” se derrumba por la avaricia y la ambición de los negocios. Es que es tan grande el odio hacia lo popular que les resulta imposible comprender que los pueblos adopten sus propias horas para poner sus propios tiempos. Civilización y Barbarie. Milagros Sala viene a representar lo que no se entiende, porque Milagros viene desde las profundidades y ve mucho más rápido lo que se oculta. Es vanguardia no despegada del pueblo. Más allá de los Alperovich en Tucumán, el norte tiene norte, y es ni más ni menos que la heroica Bolivia de Evo Morales.
“Es la zona, estúpidos”. La región que se levanta y cambia las horas. Las burguesías locales cagan sangre, intoxicadas con sus vínculos tóxicos con un pensamiento no propio. Laberintos y laboratorios. Desde abajo se ven las costuras de los pantalones. Porque los que están abajo ven y sienten todo lo que se les nota a los de arriba: el olor a culo sucio, la miseria de sus medicamentos industriales, la pulcritud de la mugre que peinan sin agua sana.
Scioli hoy, junto a Cristina, son los interlocutores nacionales de esos bajos fondos populares de todo el país. De un pedazo importante de la clase media agradecida también. Y re-presentan a la barbarie estoica que escucha sus músicas y baila al compás de las transformaciones reales y no de las de pico. La oposición política tiene todo a su disposición: la horca, la guillotina y el cadalso.

