Opinión
¿Qué aprendió el peronismo mendocino luego de la derrota?
Este año debe ser el más fugaz de la historia del tiempo. Por lo menos así lo siento. El cúmulo de acontecimientos políticos, campañas electorales, elecciones, discusiones, idas y venidas, subidas y bajadas, declaraciones, operaciones mediáticas, marchas y contra marchas, debates, posicionamientos, afirmaciones y retractaciones en clave; en fin. La sensación, como les decía, es que este año debe ser el más fugaz de la historia del tiempo. Del tiempo político o de la historia política de Mendoza.
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Pero veamos un poco qué le pasó al peronismo en este tramo que ya decae y resbala hacia el final de 2015.
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En la provincia hubo un día clave, bisagra, puntualmente espeso, que implicó al peronismo, a sus militantes y dirigentes. Ese día fue el 21 de junio. La noche del 21 de junio que dio por resultado el triunfo de Cornejo a Gobernador de la provincia. Han pasado exactamente dos meses. Hoy es 21 de agosto, por si las moscas y no se dan cuenta. Dos meses es nada y mucho, según lo que se mire y observe. Veamos.
El shock de la derrota en departamentos como Las Heras, Guaymallén, Luján, entre otros, dejó heridas y heridos. La carne abierta a cuchillo y sin coser, curándose lenta todavía, con el poco sol de este invierno, boicoteada por las lluvias y los nublados días. El peronismo perdió la provincia de Mendoza luego de ocho años en el poder político. Ya lo he dicho varias veces: gobernar dos periodos consecutivos en Mendoza, al mismo partido me refiero, es mucho para el mendocino medio. Más allá de bueno o malo, Jaque, quien para los medios de la época aparecía como “el peor gobernador”, le entregó el mando a Pérez, otro peronista. Ya sé, con el Huracán Cristina 2011 del 54%. Pero los mendocinos votaron al Paco, mayoritariamente.
Bien, aquí es así. El páramo no acepta más de dos mandatos consecutivos. Su población necesita “sentir” que cambia, aunque sea de piel como las serpientes o pelechando como los gatos, los mendocinos necesitan “sentir” que cambiaron. Después, sin nada de mística, dejan que corra la bola sola. Y las críticas llegan a los 6 o 7 meses del nuevo gobierno. En fin, ahora Paco Pérez ostenta para muchos (medios y opositores, más algunos peronistas del propio FPV) el mote de “el peor gobernador”. Qué se le va a hacer. Los únicos buenos aquí son “los empresarios que dan trabajo”, son el modelo. Es una alianza estratégica la que se da en Mendoza. Emprendedores exitosos locales que gobiernan como griegos calificados desde un ágape y dicen quéestá bien y quéestá mal. Y muchos son progres, usan pelo largo, pañuelos palestinos, y tecnologías. Un palo muy de aquí. Ellos y ellas son así, especiales y diferentes. E influyen.
Volvamos pues al peronismo. Si bien nadie todavía salió a hacerse cargo de nada hay algunos tics que delatan que el peronismo puede recuperarse. Claro: justo estaba Scioli ya definido como candidato a las PASO (la gran soga para no ahogarse) y eso unió más rápido, y más aun con los resultados puestos, dejando a los peronistas mendocinos, a sus dirigentes, mejor parados ante la nación por haberse anticipado a definir su apoyo a Scioli antes que cante un Randazzo. Con eso taparon el bosque estos dos meses y, en el entrevero de la política nacional y las necesidades del proyecto, lo de Mendoza (la derrota) no cundió demasiado tiempo en Buenos Aires.
Ahora, con Scioli más firme que nunca, en Mendoza el peronismo se alineó sin chistar demasiado. Los que chistaron ayer hoy ven a Scioli como al Che Guevara frente a la posibilidad de un Macri. Lo que sea, todos están unidos. La Cámpora es un indicador. Si La Cámpora apoya a Scioli pareciera que el proyecto está intacto. Los benditos bendicen y a otra cosa.
El peronismo es así. Somos así. Nos gusta ser así. Lo siento. Después llegarán los tiempos de las facturas. Hay talonarios enteros: clase A, B y C. Mono y maxi tributistas. Pero eso será después. El 25 de octubre el país define. Y en eso el peronismo sabe. Con la estructura nacional a favor, aquí, las cosas puede que cambien en pos de la reconstrucción: generacional, política y de conducción. Lo que aprendió el peronismo mendocino por estos meses luego de perder la provincia es a callar. A hacer silencio por un rato. Y no está mal. La verdad es que el silencio permite pensar, y, mientras tanto, tirar el carro para adelante todos juntos.

