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Opinión

La eliminación de la siesta en Ciudad Suárez

El intendente de Capital abrió el debate en MDZ sobre la necesidad de establecer un horario corrido.

Los cambios se dan naturalmente”, dice el Alcalde mayor de Ciudad Suárez, fundamentando, con esa frase, su propuesta de eliminar la siesta en Mendoza. La idea de metrópolis. La idea de la Gran Ciudad, o mejor, la idea de la trasmutación de la aldea en una gran ciudad. En Ciudad Suárez se vive por osmosis inversa. Mendoza es mediana y ocurre la medianía típica de las ciudades medianas. Ni chicas ni grandes, medianas. Ese estado de la medianía resulta incómodo y resiente a los peregrinos. Vivir en la medianía es vivir en una especie de no lugar, en un no tiempo. Las ciudades chicas tienen su grandeza por la proximidad de las cosas, de los lazos sociales y familiares, y las ciudades grandes sus estrechas miserias de la soledad y los abandonos. El Alcalde habla desde “un lugar”, el lugar de la rentabilidad del tiempo que no es otra cosa que la rentabilidad del dinero y su acumulación, pensamiento taimado por el velo ecológico. El tiempo. Los tiempos propios. Los tiempos ajenos.

Mendoza quiere imitar. Todo aquel que quiere imitar es porque no tiene norte propio. No tiene identidad, o tal vez no quiera verse en una identidad que le es hoy anti-funcional. El Alcalde de Ciudad Suárez vive en un barrio cerrado de Chacras de Coria y viaja a la ciudad para gobernar. Abre el cantri y sale para no volver hasta la noche quizás. Pero no todos los mendocinos viven como él. Gobernar la ciudad de Mendoza es una panacea para cualquier político que se quiera mostrar. Las cosas se han hecho bien en la alcaldía: todo está prohibido. Hay limpieza cultural y social. La basura está acorralada en las zonas hedientas. Lucen los edificios. Los ciudadanos griegos se pavonean en ágapes gourmet en las terrazas a las cuales les falta una pista para helicópteros. Desde el edificio Gómez se divisa: la ausencia de los pájaros y la belleza de las cosas. La ciudad es el patio de las cosas, dijo alguien por ahí, en un libro. Es un Estado cuasi paralelo al provincial. Poderoso. Un tanque, el mejor tanque. Lleno de pólvora.

La siesta es el tiempo. Y también un concepto. El tiempo, o el postiempo del almuerzo familiar. El descanso. La recuperación del cuerpo y la oxigenación de la mente para seguir el tranco. Hoy es revolucionario defender la siesta. Porque es lo único que nos queda en mendocita. ¿Qué es mendocita? Ahí está en el mapa pintada de amarillo, nuestra quejumbrosa mendocita. Decir conservadora no la define por completo. Conservadora es en todo caso una heladera donde guardamos alimentos perecederos. Igual, prefiero definir a Mendoza como una heladera donde guardamos nuestras vísceras.

Es que esta provincia es un proyecto a futuro y hay que congelarlo todo: la sangre, el semen, las vísceras, el corazón, los pulmones, la leche materna y la orina. Una provincia Walt Disney que se descongelará dentro de 100 años. Un proyecto que busca la eternidad, tal vez, como en “La invención de Morel”, la novela de Bioy Casares.

La vida no se juega y la mente se distrae en Palmares, en Mendoza Plaza Shopping, en el Jumbo, en Garbarino, en cuotas.La distracción se extiende por temporadas a Reñaca como patio trasero, nuestra salida al mar. Cuidada y bronceada ciudad. Provincia. Hermosa locación para turistas. Mendoza como película donde todos deberán cumplir las órdenes del buen comer, del buen beber y del buen vestir. Queremos ser grandes. Y para ser grandes se necesitan 150 mil albañiles que explotar. Edificar en la medianía y desde la medianía. Mirar Barcelona. Mirar las Macriciudades.

Los ciudadanos tienen asma. Aquí somos productores y exportadores de asma. ¿Qué es el asma? Un sollozo que no puede salir. Un sollozo del alma que se calma en la siesta. Porque la siesta cura. O al menos es el pedacito de tiempo donde dios nos tiene un poco de piedad.