Opinión
La plusvalía antropofágica
Mendoza y su cuadrícula, la ciudad, está divida en dos (yo la divido en dos, a mi antojo) dividida en sus calles y trazas, en sus plazas, en sus barrios. Arriba y abajo. Un orden o metáfora edilicia. O, a vuelo de pájaro helicóptero, que divisa las zonas boscosas, los ríos secos y entrópicos, las manchas. Desde arriba, una gran mancha, y desde abajo solo cielo gris nublado y lluvioso por estos días agostinos. Jodido agosto. Perro agosto. Malditos agostos.
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De San Martín hacia el oeste: la civilización; de San Martín hacia el este: la barbarie. Esquemático sí. Al interior de las zonas: los virus. Barrios obreros y pobres. Los pobres. En definitiva, lo que incomoda. Los pobres incomodan porque la intención es eliminarlos pero no se puede. Cómo eliminar a los pobres, es la pregunta de todo plan de seguridad. Si leemos las noticias policiales (noticias policiales tiene ese hálito de la cobertura vigilante) o simplemente policiales, vemos algo ahí naturalizado. Como si la policía tuviera su sección.
Los medios, hace años han entregado una sección a la policía que se llama: “noticias policiales”. A los que tienen la guita y la embolsan: “los sociales”; y así los deportes, la política, etc. Los sociales de los pobres son las noticias policiales. Ahí hay un punto a discutir. Los pobres cubiertos de noticias. Cubiertos de diarios cuando mueren. Generalmente pobres noticias de atracos, linchamientos, estafas, violaciones, robos, tiroteos. El mundo de la pobreza de los barrios tiene en los medios un mundo relacionado directamente con el delito.
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Son delitos los que cometen los pobres en esos barrios ventosos. Laten los policiales y pintan la aldea humana y satánica. “Según dónde vivas, puede que no consigas trabajo, pibe”…. “Deberás mentir e inventarte un barrio. O simular una dirección de una tía que vive en otro no tan estigmatizado”. Queman autos policiales en los barrios que tienen sección en los medios. Se retroalimenta el mensaje y el medio, y la pobreza y el delito y la quema por hartazgo de vehículos policiales, apedreados por los pibes de la esquina que no quieren y odian a la cana. Barrios en pleno vértigo policial. Novelas, cuentos, noticias policiales. Crímenes pasionales o crímenes sin pasión.
Helado dolor, sufrimiento augusto, rictus y frío en el invierno donde mueren muchos por el gas de las estufas. Debe haber una estadística. Los jóvenes de barrios obreros y pobres son los que más han visitado comisarías y penales, o guacheros de escarmiento. Los visitantes a palo suelto. Cagar a trompadas a esos pibes es casi un entretenimiento institucional. Violencia de la institución que parodia la seguridad de los que no deben ser robados. Policías a sueldo del Estado que viven también en los barrios bajos instruidos para prevenir y castigar los delitos de sus vecinos. Por las dudas, por la cara, por la ropa, los paran a los pibes de capucha. A las manadas de pibes que rondan por las noches como cimarrones.
Planes de seguridad de los partidos políticos. Ministerio de la seguridad de los partidos políticos. El privilegio de los barrios cerrados y la invasión a los barrios cercados. En los cantris funciona el Estado Paralelo. Ahí se alquilan policías privados, puertas pentágono, cámaras inteligentes, prohibido el ingreso, DNI, o sea, Estado Paralelo, peaje, control de aduana y perros que olfatean el auto y los bolsos. Es como cruzar de país. Permisos, autorizaciones. La seguridad garantizada por las normas ISO 9000, o IRAM.
Un mundo policíaco y delincuencial sitiado. Confunden perros lobos con cimarrones adolescentes y por el morro van presos una noche helada sin llamado. Ropa tendida y zapatillas colgadas en los cables de la cuadra, los cinco puntitos en la pared, gargantas poderosas, trabajos solidarios, chocolate caliente para el día de los niños. Maldito agosto. Maldito. Son doce los meses y todos son agosto en esas barriadas.
Una capilla para la calma, un camión de la basura para los restos, un rondín para los reos. Los locos, los adictos sueltos, a veces envueltos, listos, entregados de pies y manos al Pereyra, o al Sauce. La pobreza. Se estudia la pobreza en universidades, se perfeccionan en la pobreza, se elaboran planes sobre la pobreza. Se vive de la pobreza. Todo esto ante dicho se llama PLUSVALIA antropofágica.

