Opinión
Un laosiano en la puerta de mi casa
Esta foto la tomé en la cuadra de mi barrio. Hace tiempo la quería hacer. Siempre me dio para pensar a ese chino o vietnamita, o laosiano tal vez, cargando con la basura, con los restos de nuestra mierda. Es un tipo de metal y, muchos, naturalizan verlo así, de metal. Son viejos esos tipos de heavy metal con cestos de basura, hechos vaya a saber cuándo.
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Lo cierto es que están en muchos barrios, desperdigados en la infrecuencia de los trazos de las veredas, compartidos con los nuevos canastos de alambre. Se hicieron moda en tiempos de la dictadura. Recuerdo: los laosianos refugiados en Argentina, recibidos por Videla en el 79. Borroso recuerdo. Vinieron de a miles con apoyo de las Naciones Unidas. “Paz, trabajo y libertad” era la zanahoria para traerlos aquí en esa época. Un lema que era más bien una bandera de lucha para los que se animaron a enfrentar la dictadura y una realidad publicitaria para los asesinos. Laos, un paisito sin salida al mar del sureste asiático. Limita con Birmania al noroeste; con China al norte; con Vietnam al este; con Camboya al sur y con Tailandia al oeste. Paisito a la deriva.
Hice la foto para escribir. Porque cada día que lo veo al tipo de metal me da bronca, entre otras sensaciones detonantes. Un anacronismo fecundo en el paisaje barrial. En mis caminatas por Dorrego resulta que me encontré a varios de esos tipos de metal. Han quedado allí no solo como prácticos y humanos basureros, sino además como testimonios. Y la gente los sigue llenando de basura; debo reconocer: yo también lo hago porque tengo también uno en la puerta pero que no está tan bien hecho como el de la foto, por eso la foto que subo no es la del tipo de metal de mi casa, es el de una casa vecina. Resulta más elocuente que el mío.
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Una elección de abogados (y algo más)
Yo también tengo a un laosiano (elijo laosiano, podría ser vietnamita o chino) en la puerta. El tipo de metal debe estar hace más de cuarenta años allí, sobreviviendo a todas la catástrofes. Es un síntoma que no vemos, que negamos, pensé. Se me cae del teclado la palabra “discriminación” pero me parece que no alcanza, no es suficiente esa palabra tan épica por estos años. Suena a algo más que discriminación. Me parece, mejor, lo que representan: especies de monumentos a la explotación de los más débiles a los que se carga de bolsas de supermercado con basura. No sé. Debería investigar más y hacer el necesario trabajo de campo y de registro visual para tener un mapa más completo de sus presencias.
Se me ocurre, por inferencia, que estos tipos de metal no están en los barrios más populares ni en las villas. Alguno debe quedar, supongo. Se me ocurre que son más Prototype de la clase media de los años 60 que heredaron luego las casas de Dorrego, las del Barrio Bancario y la zona de la sexta sección, por dar tres sitios donde los he visto. Porque están en casas de cuarenta o cincuenta años, casas donde vivió la clase media que creció con la prosperidad benefactora de los dos primeros peronismos y que pudieron parir hijos abogados y doctores. Y los asiáticos de metal quedaron ahí, en la puerta, como símbolos de algo. Como un fragmento del tiempo.
¿Dónde están los tipos reales hoy, otrora refugiados? No se ven. Parecen desaparecidos o quizá fueron un invento de la dictadura, no sé. Los laosianos. Habría que investigar dónde es que están. Recorro algunas páginas gugleando y aparecen notas que los ubican en el sur, en La Pampa, en Misiones. Entonces, parece que están. Y viven. ¿Vinieron como mano de obra esclava para talleres textiles clandestinos?, por lo que sé, son dedicados a la agricultura de subsistencia. Una constante en ese tipo de inmigración. Son los chinos que hoy tienen esos talleres en su país y exportan el modelo de la esclavitud. China hoy es una potencia mundial (la segunda camino a desplazar a la primera) que se asemeja a la vieja Manchester industrial del siglo XIX.
Un simple basurero. Un pequeño trazo en la pintura barroca de los días. No hay nada que hacer. Tampoco “la gran Osvaldo Bayer”, reemplazándolos por no sé qué. Están, son de metal, de caño grueso y resistente. Chinitos, vietnamitas, laosianos o camboyanos. Asiáticos. Por lo menos en Laos son mayoritariamente budistas. Pero aquí a Buda se lo busca en otros lados. ¿No podrían ser ermitas para los apegados a las místicas orientales, que convoquen a rezar o meditar frente a ellos, con el cesto de basura en sus brazos? Digo, porque los veo como difuntas correas del budismo, paganos.
Una vela, una bolsa de basura. Qué se yo…