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Opinión

A propósito de la visita de Scioli

Marcelo Padilla analiza el momento político del peronismo en Mendoza.
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 El peronismo es muchas cosas, son peronismos: laterales, paralelos, oblicuos, centrales, periféricos, inconscientes; peronismos. Fuerzas centrífugas y centrípetas, a la vez que religión pagana, vocero de unos y de otros, miel de abejas labradoras. Tiene un partido político que es instrumento para organizar esas fuerzas, esos peronismos, diaspóricos por momentos. Hay orgánicos burócratas que “llaman al orden” de manera permanente y, esos son los que vigilan. Estatutos, actas, organigramas, calendarios, plenarios.

El partido es un instrumento y no el fin, solo un medio que, a veces sirve y a veces no sirve. Que a veces juega para construir y trasformar, y otras para desollar y excluir. Pero el partido es un instrumento, no la causa, no los valores, no la ideología, tampoco la doctrina. Repasar a Perón es una cuestión arbitraria. Lo que dijo en el 40 no lo dijo en el 50 y mucho menos en el 70. El pensamiento de Perón es una obra fragmentaria y móvil, nómade, y por momentos diaspórica. Por eso muchos se confunden. Porque creen que el pensamiento de Perón es una biblia compacta e inequívoca.

Es el problema de los que rinden el culto a una forma de pensamiento único. Y, por lo que vemos y hemos vivido en la historia nacional, los intérpretes, crearon líneas de pensamiento, interpretadas, lecturas culpables, mediadas por otras realidades. El peronismo no es de nadie. ¿Quién se puede adjudicar la propiedad privada del peronismo? ¿El partido? ¿Los dirigentes encumbrados? ¿Los amigos de Perón? ¿Los críticos que lo estudiaron? Es también el problema de los biógrafos. Los que estudian vida, pasión y muerte. Los que se adueñan. Los que crean Institutos, erigen monumentos, o escriben libros. El peronismo no es ni siquiera del propio Juan Domingo Perón. Ni de Eva Duarte. Suena fuerte, pero lo puedo explicar.

Son personas, sujetos históricos. Si concebimos al peronismo como un movimiento/sentimiento transformador, el peronismo es una creación, una invención necesaria de los sectores populares en un momento específico de la historia, bajo condiciones socio económicas particulares. Nace en una coyuntura específica nacional e internacional y se sostiene en el tiempo porque es a través de él que los sectores populares se expresan políticamente. Perón fue la excusa del pueblo y lo eligió porque el pueblo sabe elegir a los mejores. Pero se deben dar determinadas circunstancias para que aparezcan los mejores. Perón, Evita, Néstor, Cristina. Los mejores. De la tradición más reparadora de derechos en el peronismo, los mejores. Hay peronistas que ni saben que lo son. Y andan por ahí, haciendo, resbalando, con el corazón en la mano. Solidarios y auténticos. Sin saberlo.

El peronismo se dice así mismo cristiano. Esa premisa la sostienen muchos dirigentes y militantes. Pero no. El peronismo es mucho más y mejor que eso. Porque una sola religión no le basta a un espacio político que se construyó desde el barro, desde el interior que vomitó cabecitas negras entregadas a ritos insondables en el norte, en la pampa, en el oeste y en el sur. El peronismo no es porteño. No es de los porteños y no debe atender en el Puerto Madero. El peronismo abraza, contiene, pero también come. Jibariza. Es también antropófago. Advierte el burócrata un dislate y manda al comisario para la reprensión. Es un planeta aterrizado en un país llamado Argentina. Cuando la argentina era un tajo sangrante.

¿El odio? … es de las clases oligárquicas, siempre. ¿El resentimiento?.... será nuestro. El peronismo es lucha de clases al interior para entablar una relación de comandancia hacia el exterior. “Combatir el capital” es una frase que se canta pero que no se piensa demasiado. “Combatir al capital” es combatir al capitalismo. Eso necesita el peronismo del siglo XXI, empezar a cuestionar al capitalismo en todas sus dimensiones y formas. Económicas, culturales, sociales.

Tal vez el desafío de un peronismo nuevo, sea ese, entablar una lucha anticapitalista en espacios donde el capitalismo ha demostrado que el peronismo así, no lo puede superar. Poner en discusión al capitalismo, por más benefactor, y “rostro humano” aparente. Animarse a re-pensar modos de producción distintos, más cercanos. El peronismo debe ser (o estará condenado) el que piense una nueva cosmovisión del mundo para aplicarla en la aldea. Puede que suceda lo contrario; que la aldea ni lo piense y lo haga. Y más luego le diga al peronismo que en las aldeas la chipica brota noble y estoica desde abajo. Son posibilidades. El peronismo es siempre una posibilidad.

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