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Opinión

Cambia Mendoza

Las cenas de gala, los eventos empresariales, los convites “entre iguales” para presionar a los gobernantes.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

Las cenas de gala, los eventos empresariales, los convites “entre iguales” para presionar a los gobernantes. Las fotos, los trajes de los hombres, la vestimenta de las mujeres, las cremas, los maquillajes, el perfume, las “maneras del buen comer”, el estilo de los saludos, los brindis, los mensajes, la elección de los invitados, la celebración donde nadie dice algo que rompa el hielo… el poder: político, económico y social. El apoyo de las fundaciones nobles, las obras de arte bienvenidas por los curadores biencurados. Las alianzas estratégicas, las fusiones, las licitaciones que esperan en la guarida, la agenda que imponen los que mandan en serio, el camaleonismo político, los nuevos abrazos de antiguos contrincantes, el reacomodamiento de los que saben acomodarse a los nuevos tiempos… los nuevos tiempos, los nuevos vientos, las nuevas tendencias y los nuevos lenguajes.

Las coberturas mediáticas, el zigzagueo de los periodistas para tomar la palabra del más fuerte, del más vestido, de la dama más emperifollada. El mensaje de un nuevo gobernador aun no en funciones pero haciendo como que lo está… y la soledad del que se va. Los augurios(siempre y cuando)…el discurso permanente que vendrá a instalarse por un año al menos que dirá: “la herencia recibida”. Los anuncios fuertes aprovechando la legitimidad de las urnas. Las estrategias para decir que “hay que achicar el Estado bajando cargos políticos”, que en realidad son cargos de laburo de técnicos o trabajadores calificados (algunos militantes, otros especialistas) y el presupuesto que tampoco alcanzará para nada más que los sueldos y algunas obras ya encaminadas.

Las culpas, las culpas, las culpas. La victimización del que se encuentra con un muerto y sostiene: “esto no nos esperábamos, aquí hay un muerto y no nos lo dijeron”. Mientras tanto, ver, observar, lidiar con los nuevos famélicos que pedirán “casa, comida y poto”. Los acuerdos silenciosos con los que conviene acordar para llevar el barco en la tormenta (lo sabemos: en el barco que navega a mar abierto, hay tripulación heterogénea, y, debe evitar el capitán las intrigas y las conspiraciones, las zancadillas y los falsos datos de la navegación) Así se estrena la comandancia. Teniendo Coto de caza, y médicos que operan la vista para el hombre nuclear. La vista diseñada para mirar las necesidades innecesarias de los que mandan. Eso, hacia arriba.

Luego, hacia el medio. Las propuestas culturales que entretengan, que incluyan pero que entretengan. Que tengan entretenidos a los artistas y a los escritores, a los payasos y los malabaristas. Asombrar. Que venga Frank Sinatra congelado y por efecto de la temperatura en las estaciones cálidas, cante. La educación. Fortalecer la educación como discurso, fortalecer la educación privada como prebenda oculta para los que pueden huir de la escuela pública que por pública siempre será estigmatizada. Porque a lo público van los pobres diablos de los barrios donde vive el diablo narco. El darwinismo educativo e institucional para que “los mejores” se destaquen y a “los peores” se los muestre como piezas de museo, como equilibristas de circo pobre. Las plazas escupiendo aguas de colores, limpias de heces, limpia de sucios, feos y malos. Gobernar siempre ha sido una decisión de clase.

Y hacia abajo. Hacia abajo el abismo de los que conocen las ollas populares o la dignidad por temporadas, los cortes de agua, las acequias atestadas de plástico. Hacia abajo el vacío que puede esperar porque el vacío será un paraíso donde flotan ingrávidos, sedados, iracundos, los no invitados a la gala, por naturaleza social. El desierto de los barrios con árboles bajos. Techos bajos de casas bajas donde las cuchetas topan a la altura de la esperanza. Cambia Mendoza. No tanto…pero cambia. Y desde la subalternidad del que habita en los desperdicios de las cenas de gala, de las celebraciones del poder real, puede que aparezcan los nuevos incendiarios. Las fogatas y los cortes. El helado grito que viene de la tierra y tiene de ventrílocuos a los desesperados.