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Opinión

Periodismo Xipolitakis

El periodismo argentino tiene una nueva tarea de aquí a octubre. Tiene un plan concreto.

El periodismo argentino tiene una nueva tarea de aquí a octubre. Tiene un plan concreto. Una agenda. Un desafío más en esto de “militar un proyecto”. En eso se nos parecen. Nosotros, los peronistas, quienes nos reconocemos en el Frente Para la Victoria, de punta a punta, haremos lo mismo. Es un debate. El país entró o arrancó este 2015 con un debate final. Una batalla ideológica a librar en pequeños territoriosbaldíos, en el secano, en sur austral, en el norte de las quebradas silenciosas, en las provincias, en el campo de los pastoreos privilegiados, de la montaña al mar. De este a oeste y de norte a sur en el país del fin del mundo: Argentina.

Digo debate por no decir otra cosa. En algunos casos hay quienes plantean un debate desde el periodismo, seriamente, utilizando argumentos y fundamentos. Parados en lugares claros de posicionamiento ideológico y político. Aquí todos jugamos a algo. Distraídos no hay. No habrá. No existen los distraídos. Pero hay otros periodismos que juegan al trabajo sucio. En esos casos, la tarea es servirle a la oposición de colchón, de respaldo 2.0 –como se dice ahora- anoticiándonos con hechos en apariencia objetivos. El ejemplo de la chica seudo griega que se sacó una fotos en un avión de aerolíneas argentinas con los que manejaban el avión, es uno de los miles y miles de casos que sirven para sembrar el escándalo. “No sé si será verdad pero por las dudas publicamos y le metemos nafta tres o cuatros días al tema”, pareciera rezar el lema en las redacciones. Después, si se comprueba que fue una operación política o un engaño, no importa. El tema ya está instalado y punto. Palo y a la bolsa. Así con varios casos más.

Este periodismo es el que milita. Es el periodismo militante de las “noticias a secas”. Una cosa es opinar y otra cosa es informar. Bien. Una discusión que viene de tiempos civilizatorios. No le quiero entrar a la nota por ahí. Aunque no puedo dejar pasar el tema, aunque sea rozándolo. El periodismo que hurguetea en la mugre. Y encuentra, siempre, un pañal con bosta. Para los que me tratan de fanático les quiero decir que debo reconocerles una cosa: la mugre existe. El hedor también. Existen en ello: la corrupción, las trampas, las jugadas sucias, la negación de lo real, la ira, el escarmiento, la voracidad. Esto sucede, todo esto sucede en el país. Y a ello no escapa el gobierno nacional ni los gobiernos provinciales o municipales. Hay críticos desde adentro del mostrador y desde afuera, algunos con mala y otros con buena leche.

Todos jugamos aquí un papel. Nisman y Grondona, muertos, tibios sus cuerpos, todavía hablan. La muerte audita. Y a los muertos se los hace hablar como chirolitas en las faldas del periodismo o del gobierno. La tarea a la que me refería al principio, la que se ha dado el periodismo este 2015, especialmente, es la tala del bosque. Silenciosa, clandestinamente, como hormigas, lenta, pero constante. No es una tala espectacularizada en un solo tiempo. Es una tala que lleva meses y verá sus frutos finales en octubre, cuando se elija al próximo presidente de los argentinos. Los taladores han decidido ya. Los taladores son los militantes de un macrismo consciente en algunos casos, e inconsciente en otros. Los une la repulsión al gobierno nacional y a todos los gobiernos provinciales y municipales que están alineados con el oficialismo. En eso ya no dudan. Es el trabajo que la oposición política no puede hacer. O mejor, es un trabajo donde la oposición política descansa.

Los sets de televisión son para mostrar a los nuevos clones de Mauricio. Periodistas y opositores se mimetizan simbióticamente en la clonación ideológica ante las cámaras. Gobernar un país no es joda. No es llegar al gobierno… y veremos. Tampoco se trata de tener una resma entera con propuestas. Porque propuestas e ideas tenemos todos y en general aburren y contribuyen a la abulia. Lo que hay que tener es un proyecto político de país. Algunos me dirán que la oposición lo tiene. Y yo les contestaría que no. Que no lo tienen. Porque tener un proyecto político de país es cuanto menos pensar en políticas de soberanía política, independencia económica y justicia social. Son lemas del peronismo claro. No lo puedo ocultar. Y este gobierno nacional que lleva doce años, votado por el pueblo, por las amplias mayorías, ha llevado a cabo un proyecto. Con esos ejes que nombré. No soy ingenuo de creerme el cumplimiento absoluto de los tres ejes nombrados. Para nada. Porque independencia económica en un país periférico del capitalismo no se logra a solas, digo, sin el acuerdo estratégico con otros países de la región que pugnen por lo mismo. En eso, algo o mucho se ha hecho tras acuerdos regionales más que interesantes a través del Mercosur y la Unasur. Y los intercambios y relacionamientos con China y Rusia, constituyen una apuesta alternativa para jugar en el mundo nuevo dejando las viejas dependencias. Esos mercados nos necesitan y a nosotros nos convienen en términos de inversión y financiamiento.

La vieja Europa decrépita y los Estados Unidos no son mercados enemigos. Por el contrario, se negocia y muchos empresarios logran allí sus beneficios. El enemigo en todo caso fue, es y será el Imperialismo. Y en esa, se nos va la vida. Por eso, apostar a un proyecto nacional implica al menos tener ese eje como bandera y meta. No caer en manos del imperialismo, no dejarnos penetrar tan fácilmente. En algo la hemos pegado. Porque industria nacional tenemos, junto a las industrias regionales, con quienes establecemos acuerdos comerciales. No es la panacea. No es el nirvana pero es lo que más se acerca a lo que un país como Argentina necesita. Ser más independientes para crecer económicamente. Y eso se va logrando con soberanía política y decisiones firmes. Convicciones. De ello deviene el beneficio para las grandes masas populares, la justicia social.

Pero la vida no se completa nunca. Y, tras los días que pasan en el calendario, surgen nuevos problemas, nuevos entuertos a resolver en la coyuntura. Obstáculos. Pero se va en esa dirección a pesar de ellos y así se vive. Entonces, como para ir cerrando algo que en realidad se abre (la discusión política), el periodismo argentino de los medios que hoy se ha dado a la tarea de talar el bosque, tiene de aliada a la modelo pichicateada, la seudo griega con nombre difícil, operada a más no poder, escandalosa, servil; tanto tanto… como los seudo griegos que hundieron a Grecia a partir del ajuste neoliberal en los últimos años. Pero que tras el mismo, su pueblo, tomo otros vuelos, otras aerolíneas, operó otras fórmulas políticas más independientes del mandato de los mercados concentrados; y allí están, dejando de a poco a los seudo griegos operados y pichicateados, levantando la estima de su pueblo, con nuevos liderazgos, mostrando todas las arrugas del dolor y la alegría.