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Opinión

Para una autocrítica del peronismo luego de la paliza

Ocho años de gestión peronista en una provincia como Mendoza no resisten. Pero eso solo no explica una derrota aplastante.

El peronismo es como un perro viejo que cuando lo pisa un camión y lo deja tirado en la banquina se lame las heridas y se cura. Le lleva tiempo, primero aúlla de dolor, luego alza su cuerpo e intenta con las patas pararse, se cae, lo vuelve a intentar hasta que al final prueba caminar hasta que la callosidad le une los huesos partidos en mil pedazos. Ese perro viejo se lame y se cura y luego camina. Lento hasta que se anima a corretear a las bicicletas y busca alimento, hurguetea la mugre y encuentra. Basurea por ahí andrajoso hasta que termina por descubrir el refugio para la sanación y la buena alimentación. El peronismo es un movimiento de cimarrones. Por eso sobrevive en el tiempo y se cruza con otros perros de la calle y forman las bandas de vagabundos que acechan en las noches para ganar las calle. Lo dicho puede que sirva de metáfora para repensar lo que pasó en las elecciones el domingo pasado, luego de la paliza de los radicales pro-gansos socialistas. De ellos no me pienso ocupar porque ya lo he dicho en varias notas. Claro que influye en el análisis lo que hace “el otro”, porque nadie juega solo el juego. Pero ahora me ocuparé solamente del “perro viejo” que se lame las heridas. 

Ya lo dije en otros momentos: ocho años de gestión peronista en una provincia como Mendoza no resisten. De todos modos, eso solo no explica una derrota aplastante. Especialmente en lugares clave como Las Heras y Guaymallén que fueron la gran sorpresa. Pero hay que hilar fino o tener un bisturí delicado para plantear cómo se perdió por tanto. Sobre todo en esos departamentos. Responsables hay, cómo no. Pero no es uno. No es el Paco. Aunque gobernador de la provincia no es al que hay que tirarle todos los dardos. Solo algunos concretos que sí constituyen una bisagra en lo que le pasó al peronismo el domingo. Aquí, por un lado, la gran responsable de la derrota política es “La Corriente local” de la mano del vicegobernador Ciurca. Él fue el que armó ese espacio de “los territoriales” que de entrada nomás le marcó la cancha a Paco Pérez. Metió 15 lucas de personas en Andes Talleres a poco de la gestión desde una entente de intendentes que manejaban la torta. Y se la refregaron en la jeta al Paco para decirle “aquí mandamos nosotros”. 

Ese hecho político representó una primera apurada y cerco a la vez, al gobernador. Y el Paco, no sé si por no sentirse solo o qué, hocicó. La cosa es que desde ese momento, “La Corriente”, con el poder mostrado, empezó a especular la proyección política local y nacional y se fue adelantando a los tiempos. Se anaranjó con Scioli de antemano y se fue distanciando lentamente de Cristina. Grave error. Cristina no es tonta y sabe que en Mendoza le estaban queriendo marcar la cancha a ella desde la provincia. Entonces la distancia. Mientras Scioli seguía trepando todo estaba bien en “la estrategia lasherina”. El tema es que lejos de renovar el equipo en los derpa, mantuvo cautivos a los intendentes que estaban en funciones. Eso no hubiera sido un problema si los que estaban en funciones hubieran hecho gestiones políticas en beneficio de la gente… pero no. López Puelles en Luján, Miranda en Las Heras, Lobos en Guaymallén, entre otros chicos, como Rodríguez en Tupungato o De Paolo en Alvear, se olvidaron del municipio y jugaron para ellos, lo que yo le llamo “Deportivo Intendente”. Jugaron para ellos creyendo que tenían la vaca atada y vendían que tenían la vaca atada. Y los demás compraban. Creían ver la vaca atada mientras el animal había ya dejado el lazo suelto y cortado, al lado del árbol. 

La gente en los departamentos tiene nuevas demandas. Porque de la debacle del 2001 hasta hoy han cambiado mucho su calidad de vida y Las Heras por ejemplo, no es ya el reducto clientelar que mantenía en caja a los “lasherindios” como muchos despectivamente les llaman. Resulta que a Las Heras se fue a vivir mucha gente de sectores medios, se construyeron barrios privados, se produjo una migración hacia tierras más económicas para construir. Porque en Luján y en varias zonas de Guaymallén, se hacía imposible. Mejoró Las Heras, y en esa mejora los sectores medios fueron a instalar una imagen distinta. Y los barrios más humildes querían también mejorar. En Guaymallén pasó lo mismo pero la cosa venía de antes. Es el departamento con más cantris (así me gusta llamarlos) de la provincia. El derpa más poblado. Con una diversidad de necesidades complejísima. Allí Lobos se ocupó, cuando “el pelado” Abraham se fue a la Nación de diputado, de quedarse con todo. Tanto que él mismo participó de una rapidísima movilidad social ascendente y, de ser un pobre diablo que venía de abajo termino viviendo en un cantri junto a los que tienen la moneda. Miranda en Las Heras hizo lo mismo y se fue al Dalvian. Y eso muchachos y muchachas, jode. A la gente le jode que hoy seas un tipo como “ellos” y luego pases de categoría de golpe. Aunque no es el punto central para explicar una derrota, eso también jode. Porque pasar a vivir de otra manera te hace pensar de otra manera. Te trasformas, concretamente, en un garca. 

Adelantar las elecciones también fue un gran error porque el peronismo se perdía el arrastre de las figuras nacionales que siempre traccionan. En este caso se perdieron no solo la alta imagen positiva de Cristina sino también la del propio Scioli que hoy le está pidiendo rendición de cuentas a Ciurca por el papelón. Y ese error fue producto del cerco que le hicieron a un Parco Pérez con menos poder, porque el Paco comete el grave error de no armar su propia estructura política en las épocas de romance con la presidenta. Lo hicieron caer en la trampa y adelantó. 

Aquí viene otro tema. Una vez hecho el anuncio de adelantamiento, los kirchneristas puros, peronistas y no peronistas, que si bien no son muchos pero tienen llegada a los medios, se ocuparon sistemáticamente de talar la figura del Paco, le hicieron bullying seis meses sin parar, lo cual ayudó, contribuyó a que Cornejo creciera, de la mano de los medios. Porque en definitiva, ya en la interna del peronismo, pegarle tanto al Paco, y a Bermejo como candidato, terminó de espantar votos de la manada kirchnerista que no milita. Los kirchneristas top que se identificaban con la cultura nac&pop y rinden pleitesía al progresismo en temas centrales como los DDHH, la conquista del matrimonio igualitario, los festivales de rock, el merchandising Oesterheld, en fin, una gran sector, especialmente juvenil de clase media beneficiada en estos últimos doce años en aspectos económicos y culturales, con la tele pública, el Canal Encuentro, las producciones locales audiovisuales, el afiche de “irreversible”. Esos “militantes de la vida cotidiana”, no partidarios, son los que se alejan con el agite del “carmonismo” (que hoy es Carmona solo, porque no tiene base) contra el oficialismo del pejota por un lado, y por el perfil conserva del propio pejota tradicional. Y, a pesar que duela, debo decirlo, son los que tampoco entienden al peronismo profundo en los territorios. Ahí se deben una autocrítica porque el proyecto nacional y popular no pasa por ver 678 ni leer los domingos al Pagina 12, solamente. Aquí se falló por ambos lados. Tensar la cuerda desde los dirigentes y representantes más puros hizo alejar a la “manada nac&pop” del peronismo. Y, dados los hechos, como estaban las cosas, era lo que teníamos. Bermejo-Palau no era una mala fórmula. Solo que fue a destiempo con los tiempos nacionales. Además, Bermejo azul, no entraba en tierras naranjas tan fácilmente para militar la fórmula. Digo a caminar. Porque el cerco era total. Y allí devino una unidad pegada con plasticola vieja, esa que dura un par de meses. Una unidad de fantasía al interior del FPV. A tal punto que muchos ni siquiera la militaron y otros ni la votaron. 

El tiempo que viene, es tiempo. Tiempo de autocrítica. De autocrítica seria y no caníbal ni mucho menos caza de brujas porque el peronismo no es un partido como el de los gansos que está en vía de extinción y hay que declararlo patrimonio cultural antes que se termine de derrumbar. De eso se encargan los arquitectos y arqueólogos. Porque además se vienen las PASO nacionales y la elección presidencial, y ahí, estamos todos o pasamos a vivir en el horno. O en el “barro tal vez”, como decía el flaco.