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Opinión

Guaymallén: la punta del iceberg

Guaymallén es un caso emblemático que tiene raíces más profundas.

Se ha dicho y con razón, que lo que primero socaba y luego derrumba a las sociedades es la pérdida de legitimidad del poder político.

Esa sentencia se hizo evidente en nuestro país durante la crisis de fines de 2001.

El razonamiento inicial de esta nota, aunque pareciera ajeno al escándalo en Guaymallén, a mi juicio está estrictamente emparentado.

El por lo menos irregular comicio es producto de lo que el Poder Político ha sabido parir en nuestra provincia en los últimos años.

Mendoza había sido desde 1983 un ejemplo de calidad institucional, y aún con todo lo que nos faltaba, se convirtió en un espejo donde se miraban aquellos que todavía creen que los pueblos necesitan de gobiernos austeros y decentes, de instituciones transparentes, de diálogo y acuerdos políticos fructíferos y de respeto a las reglas de juego – Leyes y Constitución – que nos dieran a todos confianza, al menos, en que nuestros derechos ciudadanos más elementales serían respetados. Siempre en deuda, claro está, con la consagración de los derechos sociales, que deberían ser nuestra única preocupación después de 32 años de vida democrática.

Pues parece que no será así. Da la impresión que nuestra palmaria involución nos obligara a empezar de cero.

Desde Jaque hasta aquí, todo lo que habíamos logrado, casi por goteo y sin darnos cuenta se fue escurriendo en nuestras manos. Se dinamitaron acuerdos útiles, la política de seguridad; se desterraron los buenos criterios de Administración que nos habían dado solvencia económica y financiera –leyes de responsabilidad fiscal y desprecio por el presupuesto aprobado en terminó-; se violentó la constitución- tomando deuda pública sin el acuerdo de las 2/3 partes de la Cámaras; y finalmente entregándose mansamente al poder central, Mendoza perdió autonomía para ser hoy un mendicante más de las concesiones “gentiles” del Gobierno Nacional.

Junto con esto, sospechas por doquier sobre la transparencia de la administración, ausencia de políticas públicas fuertes y beneficiosas para los mendocinos, copamiento de la agenda pública por intereses sectoriales y ruptura estruendosa de la capacidad de gestar dialogo político entre las distintas expresiones partidarias.

La herencia de Jaque para Francisco Pérez fue demasiado pesada, la herencia de Pérez pesara lo que un submarino sobre los hombros del futuro gobierno.¿Por qué creo que Guaymallén es un caso emblemático que tiene raíces más profundas? Porque ni la corrupción denunciada de su administración, ni el fraudulento proceso electoral, hubiera ocurrido de contar Mendoza con un Gobernador, con un Gobierno- e incluso con candidatos oficialistas, que no hubieran mirado para el costado. ¿O es que acaso pueden desconocer lo que pasa en el patio de su propia casa?

Vuelvo al inicio, la debilidad de origen de nuestro Gobernador y la incapacidad para cambiar el rumbo de las cosas - peor aún, nuestros males se agravaron - lo transformaron en el principal responsable del caos sobreviniente.

Sin poder político terminó organizando un festival electoral que vacía de contenido al voto ciudadano y conspira contra la participación.

Sin poder político, el oficialismo se convirtió en un aquelarre donde las decisiones se toman en función de los intereses de las facciones y no de los ciudadanos, como ocurriera con la bochornosa pretensión de la integración de la Suprema Corte de Justicia.

Sin poder político, algunos Intendentes pretenden transformarse en señores feudales que desde sus palacios someten a sus gobernados a un insoportable cóctel de ineficiencia y corrupción.

Sin poder político, hasta la más elemental de las garantías democráticas, el voto popular, se ve malversado y corrompido.

Para Mendoza y los mendocinos la tarea que viene será monumental pero la primera y fundante deberá ser reconstruir un liderazgo racional y democrático. Creo que la formula Cornejo – Montero, la UCR Mendocina como columna vertebral, los partidos que acompañan al Frente Cambia Mendoza y sus equipos e ideas son capaces de recorrer con éxito ese formidable desafío. Pero no sería sincero si no dijera que será imprescindible que en esa tarea se involucren los muchos buenos peronistas y dirigentes de otros partidos, con los que afortunadamente aun contamos.