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Opinión

Diciembre: ajuste sí o ajuste sí

El descontrol del Estado hace que ni Cornejo ni Bermejo puedan zafar de lo que menos quieren hacer.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Cuando alguien ajusta algo es porque antes estaba desajustado. Punto. Un hecho tan simple de la vida cotidiana también se aplica a la economía, y así se puede deducir que el próximo gobernador de Mendoza va a tener que hacer un ajuste, por más que lo quiera llamar de otra manera.

El ajuste post-11 de diciembre va a obedecer, entre otras cosas, a que ni siquiera sabemos cuántos empleados estatales tenemos hoy (alrededor de 100.000 pero según cómo se cuenten) ni a cuántos vamos a tener para entonces. Porque el mix fin de gobierno-elecciones-sindicatos está llevando a que los “pases de planta” sean títulos de todos los días. Como además Mendoza ya tiene problemas para pagar los sueldos y encima otorgó un generoso 35% de aumento (ocho puntos más de los que fijó el heterodoxo Kiciloff) el desajuste se desajusta todavía más y no habrá manera de salir de ese embrollo irresponsable que ajustando.

El mismo gobierno que genera ese descontrol después genera una paradoja: que extorsiona (o trata de extorsionar) diciendo que si gana el opositor va a venir “el ajuste”. Primero desordena y después asusta con que el ordenamiento va a doler. Pero ni siquiera su propio candidato desmiente el desorden, salvo que no puede usar la palabra maldita y habla de trasladar gente o de volverla más eficiente. No le queda otra, porque si dijera que no hay el desorden que todos perciben su palabra se devaluaría tanto como la imagen del Indec.

En estos días se supo que había locutores que firmaban contratos de la Vendimia sin haber locutado; o de funcionarios de Cultura que van a pasar a planta permanente en Vialidad. Hay de todo en ese menjunje administrativo, que es bueno recordar que lo estamos pagando entre todos los lectores de esta nota y el resto de los mendocinos. Cornejo o Bermejo, o Bermejo o Cornejo, van a tener que meter mano ahí, les guste o no a ellos y nos guste o no a nosotros. Es parte del descontrol con que se van a encontrar, y es bueno que no nos olvidemos de quiénes lo han causado.