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Opinión

Éramos tan progres

Entre las cosas que suelen traerme de regalo a casa mis amigos y conocidos, una vez cayó uno con este afiche que muestro en la foto. El afiche es de Franja Morada y data del 1989.

 Por aquellos años, Alfonsín era presidente. Corrían sus meses finales en la Casa Rosada. Desde diversos sectores del país preparaban el golpe de gracia para obligarlo a entregar seis meses antes su gobierno. El progresismo era entendido de una manera diferente a la actual. Era, para definirlo con la síntesis que el término merece, una bocanada de aire fresco, libre y fraterno. En las ganas de salir adelante se condensaba todo el significado de tan vapuleada palabra. No había falsas dicotomías ni enfrentamientos estériles. En vedad, como dice el título de esta nota: Éramos tan progres.

Venían las elecciones y la disputa era entre el Turco Menem, del Justicialismo y Eduardo Pocho Angeloz, de la UCR. Durante la campaña presidencial, algunos músicos del palo del Rock Nacional apoyaban a Angeloz. Fue así que recorrían el país ofreciendo recitales gratuitos en lugares abiertos y, de paso, promovían la figura del candidato de la UCR. Confieso: Nunca me gustó Angeloz, pero al lado de los turros y turras que tenemos hoy, este tipo es Papá Noél. Lo cierto es que gracias a esa gira de los rockeros criollos, muchos jóvenes pudimos ver en las provincias conciertos de Charly García, Spinetta, Los Pericos, Sandra y Celeste, Virus, La Torre, Los Ratones Paranóicos, KGB, Man Ray y Daniel Melero.

Nunca olvidaré aquellos años de mi convulsionada adolescencia y mi temprana juventud. Hoy desempolvo este afiche y vuelvo a ser aquel joven de 20 años lleno de sueños pretenciosos y apabullado por desafíos imposibles. Me veo caminando por calles extrañas de ciudades argentinas siguiendo bandas, conociendo a personas e intentando entender el fenómeno social que había producido la llegada de la democracia.

Disfrutábamos estar fuera de casa hasta altas horas de la noche. Por aquellos días, pensar diferente no era condenado por el Gobierno de turno. La descalificación pueril y la diatriba virulenta eran apenas un resabio que sobrevivía en el pequeño intelecto de algunos políticos que venían de otra década. Además, no había inseguridad, los amigos abundaban y poca violencia se percibía. En todo caso, el peligro no estaba en las calles, estaba en los cuarteles.