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Opinión

¿Cuál es el candidato del proyecto?

¿Randazzo o Scioli? Luego de que la Presidenta ordenara la lista de precandidatos, Padilla ofrece su reflexión.

 Me quedo parado en la puerta de mi casa fumando un pucho al sol. Es siesta de otoño y pronto bajará suavemente el frío. La casa está semi en orden. Las casas de la cuadra también. Por lo que se ve: o duermen los vecinos o están meditando. Silencio. A veces agota el ruido de la política. A veces dan ganas de meterse en un bosque o costear el río de la montaña y leer al viejito Jorge Leónidas Escudero sentado en una piedra. De esas que a él le gustabanauscultar en su San Juan ancestral. Vemos cómo se desarrollan los acontecimientos. Las mechas de los sauces eléctricos se mecen, un camión pasa haciendo tiempo, dos niños patean una botella de plástico por la calle desolada. Así está el barrio. ¿Cuál es el proyecto del barrio?, me pregunto. ¿En qué está pensando la gente a esta hora?

Uno ve la televisión y cambia y cambia una y otra vez de canal. “La televisión es el proyecto”, me digo para mis adentros. Ha bajado el sol y voy por el tercer pucho. Relajado, pongo una pava para tomar unos mates. La calma es el proyecto. Restituir la calma en días ventosos y exorbitantes. El mundo está lejos porque la palabra mundo es inconmensurable. Queda el barrio y mi vereda y tu vereda, al sol. En días, el frio será costumbre. Y la siesta una guarida para beber luz. Leo los diarios online. Leo. Mil voces. Diversas. Verbistky le pega a la comisión de investigación que tiene al juez Fayt en la mira. Randazzo le pega a Tinelli y por su intermedio a Scioli. La oposición política ha queda un poco afuera de la agenda y escandalea con boludeces para no perder protagonismo.

El candidato es el proyecto. Sí, ¿pero cuál?

La presidenta juega con sus gestos y así deja que el juego se arme solo, se desbanden algunos, se acomoden otros, se choquen. Paco Pérez se recupera de sus magullones y al menos le pudo dar un beso seco y austero a la presidenta. Bermejo establece interconexión con los pelados de Guaymallén y baña de unidad al peronismo mendocino. Repito: el sol baja y el frío puede sentirse a la altura de las orejas. Para ahorrar, espero. Las estufas eléctricas están. El proyecto es no pasar frío para cuando vengan los niños. “El proyecto”, pienso, “es hoy, también”. Tener comida rica para esperarlos, y la casa calentita.

Si ello ocurriera en todos los hogares yo me sentiría feliz. La tele y los diarios, como el mundo, están lejos de mi barrio. Y ahora sí que hace frío. Se movilizan algunas viejas del barrio y van desfilando hacia la panadería o a la verdulería. El proyecto está ahí también, en los alimentos diarios. En la holgada posibilidad de la esperanza. No sueño. Quiero un país justo. Pero veo a los injustos y me tomo los mates sin parar y me fumo mil puchos. La tele genera desequilibrios por la tarde. Es ingobernable para el espectador. Yo la apago y dejo el aparato de adorno y quedo mirando cómo juegan los peces luchadores de mi pecera. Ellos tienen el proyecto de la subsistencia. Siempre y cuando los alimente, antes que se coman entre ellos. Siento frío en los pies. Es hora de prender las estufas eléctricas, y mirar cómo se enciende ese color que da calor a la casa. El país es una casa con estufas y peces que juguetean esperando el alimento. Cuando paso frente a los peces, ellos se pegan al vidrio y me miran. Les juro que me miran. Les tiro unas escamas y revolotean en el agua. Son como pájaros en el agua. Están vivos, comen, se mueven.

La pecera es un proyecto en sí mismo. Parecen encerrados pero su libertad tiene un espacio delimitado, como la nuestra. Como la de las viejas que desfilan cuando cae la tarde. No me importa Tinelli. No me importa la sobreactuación de la política en la televisión. Sirve para entretener pero no me importa. El proyecto está en las calles y en las casas y en las verdulerías. En el trabajo de todos los días. Pero más en el que no tiene trabajo o tal vez una changa. Yo veo lo que falta también. El espacio de libertad para los peces reducido. La austeridad de las viejas en sus compras. El proyecto, creo, es ir por más espacios. Por más felicidad a la siesta, por más sol. Yo quiero calor en los hogares. Y pan con manteca y café con leche, almuerzo, merienda y cena. El proyecto es el cariño y se verá quien en el mundo decide fogonearlo.

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