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Opinión

Los "baños de humildad" en el peronismo

El peronismo tiene a sus contrarios adentro. Los que quedan afuera es porque no tienen fe.
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Se sabe. El peronismo en la Argentina es un “estado” del clima vigente: orondo el sol, despejado el cielo. Nublaciones y brisa. Viento del sur y viento del norte. Zondea en el oeste y humedece por el este. Llueve. Truena. Nieva. El peronismo funciona como un clima, permanentemente nómade. Es más, no hay más clima trotskista en la argentina que el clima peronista. El peronismo es en cierta medida, trotskismo en estado salvaje, fascismo irredento sin base. Una locación cinematográfica para filmar películas épicas: de vikingos, de romanos, de troyanos. Nunca de meditaciones budistas. El peronismo estaría en las antípodas del budismo. Sería su contracara y funciona como velo. Es un estado de la fantasía necesaria que sostiene la realidad.

El peronismo es la realidad nacional. Fantasía de “los distintos”, como en el fútbol;los distintos generan olas de ovación, catarsis y epidérmica sensación de victoria. Pero como no es excluyente ni genocida, incluye a los otros en su clima estacional, y no los mata (es a los peronistas a los que matan). El peronismo, "es", en tanto los demás, un rizoma. No tiene raíz de pureza, como los perros de la calle. Es además, la negación filosófica y política de una forma de mirar, entender, comprender y sentir a este país. Y por eso no puede digerirse desde los satélites, ni en las elites culturales y sociales. Porque es el propio peronismo climático que no puede digerirse así mismo. Y en ese estado es que también se salva. Porque si se tragara sería un ex movimiento antropofágico. Y moriría. Por eso vive.

El peronismo tiene a sus contrarios adentro. Los que quedan afuera es porque no tienen fe. Y el peronismo… es fe científica. El peronismo se formó desde la desesperación y se nutrió de los idearios de los demás. Y por eso supervive. Porque cree. Tiene voluntad… y va…preso de su propia disparación. Libertario encierro para coser su sacralidad a puro despunte.

Congreso del PJ. La comandancia del país se encuentra para mirarse las caras. La picaresca del arrabal se amucha y muestra el poder militar, ostenta su nuevo armamento tecnológico…y mete miedo. Los jeques del recurso natural nacional buscando una salida para vivificarse. No obstante, un fantasma recorre el congreso: es el fantasma de Cristina. La que no está presente. La que manda en la ausencia. Así fue siempre el peronismo. Una barbarie comandada por el mito del ausente que manda. Mantiene con respirador artificial al que se va, para pasarlo pronto a otra vida. La vida general.

Atraviesa la calle como un farabute. Tiene plata en los bolsillos. Mira para atrás y ve las cosas que ha hecho bien, y eso lo nubla. No puede reparar en los vacíos. En el desencanto que embaraza. La militancia se felicita en los programas hechos a su medida. La felicidad peronista son programas de televisión para la militancia y así reafirma sus consignas encorsetadas. "Los cualquieras" han sido beneficiados con reparaciones generacionales. Las chapas no vuelan. Ahora son ladrillos en villas que crecen hacia el cielo. Mucha laburancia errática no sabe dónde pararse. Demanda pero callada. Deja la rebeldía para más adelante y cierra filas. La laburancia no es feliz porque no llega a fin de mes. Se lo impiden los que mandan y regulan el mercado, los que intervienen en la cadena de precios, los que practican la lucha de clases través de la suba de la leche, el pan y la carne. Mientras, millones de habitantes pueblan playas y paraísos nacionales. Son "los que pueden" en el paraíso del peronismo. Un paraíso hecho también para que los que viajen, lo odien cuando vuelvan los domingos por la tarde (las horas malditas de la existencia). El peronismo les da el jarabe para curar el resentimiento social pero el jarabe se acaba con el final de las vacaciones cortas o largas. Para los antiperonistas, el peronismo en el poder es un jarabe que dura fines de semanas largos con feriados puente.

Scioli. Daniel Osvaldo Scioli. No puede hacer la V de la victoria. No es por el brazo… su falta. Es porque no está seguro de la victoria. Igual sabe, que será él, de no suceder un cataclismo, el que competirá por el peronismo en las presidenciales. Karina Rabolini actúa de primera dama. Se anticipa con su vestuario y su peinado evita. La fundación está en ciernes. El país, no predispuesto aún, podría tener, pronto, al primer presidente sin un brazo de verdad en la Argentina. Pero el país lo sabe: el peronismo siempre fue tuerto, manco, lisiado, harapiento, ciego, disléxico, analfa, discapacitado. Anatómicamente mestizo.

La Cámpora no grita. Hace silencio. Sus generales discuten en la miel, no el barro, si cercar o enfrentar a Scioli. No tienen la fuerza suficiente que creían tener para esta contienda. Cristina no bendice a nadie. Los deja que aprendan. Que se choquen. En alguna medida, ese “baño de humildad” que pide Cristina, también es un mensaje para ellos. Y, a través de ellos, a todas las organizaciones de Unidos y Organizados. El peronismo es periferia, margen, error, conventillo, monoblock de conurbanos. A las grandes ciudades les molesta el peronismo. Y el peronismo, todavía, no puede invadirlas. Quieto en los márgenes, realiza la fantasía en los territorios donde se vive a fuerza de fe científica.

Doce años. Aquí no ha se hace la revolución. Esto es... peronismo.