Opinión
La columna de Padilla: Ciudad Suárez
Ya ganó el macrismo radical en Capital el próximo domingo. Quién lo duda. Podemos anticiparnos, más allá de la veda. Rody Suárez es el nuevo Intendente electo en la Ciudad de Mendoza…
Te puede interesar
Glaciares: proteger mejor para poder crecer
Estamos en el búnker, es domingo anticipado. Hay un par de mesones con masas finas y jugos. En otros, sanguchitos elaborados con salsas raras, y botellas de champán. El hotel es una prolijidad sueca. Hay alfombras rojas que reciben al Rey de la Ciudad normatizada.
-
Te puede interesar
Una elección de abogados (y algo más)
Perdieron los pobres, otra vez, en una urbe que los desprecia y los expulsa.
Todo limpio. Bajo la alfombra, las cenizas. Como siempre. Mendoza quiere ser rubia y de ojos celestes. Mirar a Capital Federal y mimetizarse con el otro Rey. Es una entente de ciudades neonazis donde: los pobres ahuyentan al turismo. Los pobres dan mal aspecto a la ciudad. Por eso, a las leoneras en los barrios del oeste. Allá arriba.
La Ciudad es Maravillosa. Capital del vino también. Pasear por la ciudad normatizadamente suiza es una experiencia casi virtual. No es europea pero allá miran. No La Paz, no Cochabamba, no Arequipa, no Valpo, no Lima, no Bogotá ni Medellín, no Barquisimeto.
Oslo, Gotemburgo, Sevilla, Ginebra. La cordillera de los Alpes. En la Ciudad Suárez seremos extranjeros. Una ciudad que no invita sino que prohíbe. Invitar es otra cosa. Invitar es aceptar los usos de los otros. Bien, en Ciudad Suárez entras vigilado. Te siguen motitos extrañas… no, pero no es a los pobres que siguen para guiarlos en la ciudad y orientarlos sobre sus maravillas. Es a los otros, es a los que se invita de verdad a que la usen.
Una ciudad panóptica. Aprobada por el 50 y pico por ciento de los vecinos de capital.
La fiesta empezó y Suárez es Macri por momentos. Y Cornejo por supuesto en la foto, abrazado a Cobos, junto a los invitados especiales. Esos que vienen de la Ciudad Macri. Los pobres caminan por sus zonas: la Terminal yel Hospital Central… pobres. Adoloridos.
Los extranjeros inmigrantes no queridos venden baratijas. Ahí no hay turistas. Ahí hay extranjeros indocumentados. Provenientes de las ciudades que no quiere mirar Ciudad Suárez. Allí hay escondite para los lamentos. Hospital y Terminal. Dolor y viaje. Recuerdos y cartas.
Volvemos a la fiesta. Los papelitos explotan con esas máquinas nuevas. Ya no los tira la gente. Ensucian la vista, y son de los colores queridos, no papeles de diarios cortados con las manos, como antes. Todo se hace con la pulcritud de un obsesivo que se lava las manos 20 veces al día. Hay gente festejando. No militantes. Ellos, los de la Ciudad Suárez no aceptan militantes ni el término “militantes”. Aceptan gente. Gente ciudadana.
No hay marchas, nos hay canciones épicas. No hay liturgia ni religión. Es el cuaquerismo austero que no canta y ahorra. Fotos, medios, sociales, muchas sonrisas y abrazos cautos. Declaraciones. Lugares reservados para gente reservada.
En Ciudad Suárez será así la cosa. En Ciudad Suárez las paredes ocultan los gritos de la juventud, los ecos de los desvalidos sociales. La limpieza como concepto político, étnico, cultural, higiénico, saludable. Las cámaras hacen foco en la cara del intendente electo.
Capital fue, es, y será un lugar para no perderse jamás. Será un sitio para paseantes orientados por preventores en motitos europeas. Los dolores serán multados. Los callejeros…a otras calles. Al oeste o al este. La Ciudad Suárez brinda por el “nuevo orden” de “los nuevos tiempos”.
La aristocracia del barrio ha fatigado sus días.

