Presenta:

Opinión

Seremos arañas: el fin de ciclo que se viene… inevitablemente

Habrá un fin de ciclo cuando Cristina le entregue el mando en diciembre de 2015 al próximo presidente.
Foto: NA
Foto: NA

Las arañas y las abuelas
saben tejer
y esperar

(Juan López. "Arañas", 2009)

Es cierto, hay que reconocerlo: se acaba un ciclo. Habrá un fin de ciclo cuando Cristina le entregue el mando en diciembre de 2015 al próximo presidente. Suena fuerte para la militancia kirchnerista pero habrá que hacerse la idea. No porque nos la tire en la jeta la oposición y los columnistas militantes de los medios anti gobierno. Habrá fin de ciclo porque se termina un periodo de reconstrucción en la argentina que asumió Néstor y Cristina. Una etapa reparadora de la hecatombe. Doce años de puesta. Es más, si tuviéramos que titular al periodo, creo que deberíamos denominarlo así: la etapa de la reconstrucción de la argentina. Doce años poniendo énfasis, para mí, en algunos ejes básicos: a)la recuperación de la política como vector transformador de la realidad, b)la instauración de una noción de Estado presente con políticas sociales en beneficio de los sectores populares, c)la recuperación de una parte importante de la industria nacional y ampliación del mercado interno apostando al fomento del empleo y el consumo, d)la integración latinoamericana como proceso regional a través de la Unasur, e)la disputa ideológica a partir de la intervención en el terreno de los aparatos ideológicos, medios de comunicación y la cultura como método para la construcción de una contra-hegemonía, f) una política de derechos humanos por la memoria, la verdad y la justicia sin precedentes, modelo en el mundo.

Seguramente podríamos enumerar muchos ejes más, detallarlos, dar cifras y eso. Pero me parece que a modo de resumen esos son los puntos que distinguieron los doce años de kirchnerismo en la argentina. Mal que les pese a muchos, por dentro y por fuera del peronismo, el kirchnerismo, a su estilo siglo 21, fue lo más parecido al peronismo originario. Después de Perón y Evita, Néstor y Cristina. Sintomático. Dos parejas que, en una distancia temporal de 60 años, se transformaron en los portavoces de los sectores populares en la argentina y mayores representantes del fenómeno político más trascendente de Latinoamérica. El kirchnerismo es una forma más del peronismo originario. Actualizado. Con los condimentos de la época y la épica. Las diferencias no es tema de la nota en cuestión. A grandes trazos el kirchnerismo viene a tomar la posta que dejó el peronismo en el 55. Y por supuesto en el medio y hacia abajo: mutantes, militantes, intendentes, funcionarios, tendencias, orgas, movimientos, agrupaciones, fieles, infieles, puristas, ortodoxos, de izquierda, de derecha, más católicos, menos católicos, corruptos, impolutos, arribistas, camaleones, acomodaticios, leguleyos, bárbaros, plebeyos, pancistas, mercaderes, negociantes. Eso es un movimiento popular también, la suma y la resta, la falla y la ausencia, el silencio y la palabra de miles de contradicciones. Si te quedas en un aspecto y lo pulverizas, seguro que salís corriendo por derecha o por izquierda, como lo hicieron y lo hacen muchos. 

El tema es poder tener una mirada más aérea de la política. Meterse en el cuerpo de un pájaro y largarse a planear. Acercar, hacer foco, volver a tomar impulso y mirar desde las alturas. Ver el dibujo del mosaico entero y hormigueante y lanzarse a pique pero sin chocar. El vuelo del pájaro. Eso es lo que no pueden hacer los insatisfechos. Los que descreen del tiempo dándole demasiada importancia a los relojes de una historia que marca las horas según otros patrones. En definitiva, los que se obnubilan por las grandes abstracciones como “Revolución” y “toma del poder”. 

El destino no existe cuanto tal (punto prefijado por una ontología) pero bien podríamos decir que el kirchnerismo ha hecho historia en el peronismo y tiene vida más allá de Néstor y Cristina. Entonces, sí habrá fin de ciclo en cuanto a la conducción del gobierno, claro. No gobernará más Cristina a partir de diciembre de 2015, por lo menos por cuatro años. El tema es lo que se deja. El armado político y la conciencia política. En el debe, lo mismo que le paso a Perón y Evita: después de ellos, ningún sucesor. Después de Néstor y Cristina, lo mismo. Quienes acusan de “populismo” peyorativamente al peronismo originario y al actual no pueden entenderlo, o no quieren. Es que es muy difícil erigir una figura tras una inmensa figura. Después de la pudrición social de los años treinta, el pueblo creo a un Perón con autoridad y fuerza, voluntad política, de la mano de una compañera como Evita que complementara el ideario. Lo mismo pasó con Néstor y Cristina. Luego de los 90 y la crisis del 2001, el pueblo construyó sus liderazgos para re-construirse. Liderazgos fuertes y carismáticos, así de necesarios para no temblar en el pulso. 

¿Y ahora qué? Pues ahora habrá que pensar en la consolidación de las organizaciones políticas más allá de los resultados electorales de octubre. Más allá de quien sea el próximo presidente. Sea Scioli, Randazzo, Macri u otro. Por supuesto que no dará lo mismo un Randazzo a un Scioli, y mucho menos dará lo mismo que gane un Macri. Intento pensar más allá de eso, que pesa y mucho... claro, pero que no debe opacar la mirada estratégica de las cuantiosas organizaciones políticas del campo popular. Por supuesto que la unidad de todos los puros y los impuros se da a partir de un gran liderazgo. Pues... mientras se construye al nuevo líder se avanza en el fortalecimiento por abajo de las corrientes y tendencias más ligadas a lo popular. Se viene una etapa crítica y de autocrítica necesaria. La que permite tomar aire nuevo para despegar. No antropofágica. Autocrítica hacia adentro de las organizaciones y solidaria con la idea de unidad de las organizaciones. Seremos arañas. Si la araña no hizo un buen tejido con el tiempo, el tejido se rompe de a poco y termina en un bulto de hilos con la araña muerta en el medio.