Opinión
Todos en la olla, cocinados de a poquito
Se sabe que si a una rana se la tira en una olla de agua hirviente, esta salta inmediatamente porque se da cuenta de que se va a quemar. Pero si se la pone a temperatura normal y se empieza a aumentar el fuego, se queda quietita y cuando se quiere dar cuenta ya es tarde: está cocinada.
Así nos pasa a los ciudadanos cuando nos adaptamos con mucha facilidad a la anormalidad. Nos vamos cocinando de a poco sin darnos cuenta. Un día nos acostumbramos a que algunos se enriquezcan con una rapidez reñida con las matemáticas; otro, a que hablar por celular de corrido sea una hazaña; otro, a andar por rutas llenas de pozos o por carreteras que nunca se terminan, o a esquivar autos que andan sin luces. Cuando sacamos la cuenta, estamos como estamos.
Esta semana en Mendoza han pasado dos cosas serias que tienen que ver con eso.
Una es que llevamos siete días desde unas elecciones –nada menos que de unas elecciones democráticas- y todavía no sabemos, por ejemplo, quién ganó en Guaymallén. Repito: una semana después, no sabemos quién ganó.
Con todo lo que pasó ahí podríamos juntar un buen número de ranas en la olla. Hubo utilización del aparato del municipio para una elección; hubo violación de la veda electoral (llegaban mensajes de texto del intendente después de las 8 del viernes, incluso a los que no vivimos en Guaymallén); hubo boletas falsificadas (según la denuncia de Abraham); y hubo mucha gente que se las ingenió para que esas boletas se mezclaran con las legítimas para anular el voto. O sea, un festival de trampas que a nadie le parece descabellado, simplemente porque seguimos confortables adentro de la olla.
Algo parecido ocurre con la negociación por las paritarias estatales: un sector de la dirigencia gremial no quiere el 35% de aumento ofrecido, aunque muchas de sus bases sí lo quieran. Ahí hay bastantes cosas truchas que ya son costumbre. Una es que el gobierno falsifica el índice de inflación y descalifica a los que dan números diferentes, y entonces 35% puede ser mucho o poco porque no se sabe de cuánto es; otra es que a algunos dirigentes les encanta ser bravos porque es cuando salen en los noticieros y mantienen su poder; otra es que, si no escuchan a las bases, por ahí no importa tanto porque los protagonistas quieren ser ellos; y otra es que, si el gobierno se mantiene firme, le cortan unas cuantas calles o le levantan algunas carpas para negociar más fuerte en medio de la indiferencia general, porque todos nos hemos acostumbrado a que cualquiera corte una calle cuando quiera o levante una carpa de protesta adonde sea.
Nada de lo que pasa en estos días debería sorprendernos, porque llevamos unos cuantos años adentro de la olla. Deberían ser muchos los que adviertan sobre ello antes de que nos sigamos cocinando a fuego lento.
Mauricio Llaver