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Opinión

La columna de Padilla: El bolo electoral

"Somos un buzón con miles de boletas atascadas en la garganta. Indigeribles por la sequía de la boca", dice el autor.

A pocos días de las PASO, todos están (estamos) con la lengua afuera. ¿A quién le importa todo este gran lío, este revoltijo de tripas caldeado, que burbujea y burbujea un vaho hediento? Una guerrita. Eso es esto, una guerrita de soldaditos e indios de plástico. Los niños juegan en la vereda a otros juegos. Los niños… juegan. Los niños tienen angustia mientras los demás jugamos a la guerrita de plástico. La sensación es la de un ahogamiento. Miles de boletas atascadas en la garganta. Somos un buzón con miles de boletas atascadas en la garganta. Indigeribles por la sequía de la boca. Y la lengua, afuera. Alicaídos. Enfermados. Desesperados en la guerrita de plástico. Y los niños…con angustia jugando a otro juego. Las canciones de los candidatos en los barrios, las comparsitas tristes, los testigos de jehová.

En la panadería hay una larga fila para comprar… pan. Son, casi todos, hombres con las bocas atascadas con boletas de candidatos. Están…con la lengua afuera. Y el pan caliente. Yo me sumo a la fila del pan, también. Reina un silencio. Hemos venido a comprar pan con la lengua afuera. Secos. ¿A quién le importa tanto ovillo político, a quién? Siguen cayendo desde el aire pájaros muertos y boletas de candidatos de todos los colores. Los de abajo estamos con un atracón. Somos ya muñecos de papel maché, esculturas vivientes que vamos, hacemos una fila y compramos el pan con la lengua afuera, seca como la de los loros. Es asfixiante. Tengo que parar un poco este texto…disculpen.

Ahora sí. Me tragué el bolo electoral y tomo mucha agua. Mucha agua de a litros. El agua aquí en Dorrego sale a veces turbia primero, lenta, hasta que explota su suciedad y enlaguna todo. Ahora tomo agua que enlaguna. Las puertas de las casas están plagadas de boletas electorales. Fotos de tipos y tipas con la lengua afuera que no dicen absolutamente nada. Papeles para no leer. Siquiera alguno tuviera una buena poesía para guardar como un objeto caído del cielo, así de azaroso. Pero no. Son fotos de personas que no son en la realidad como salen en las fotos. Son su representación. El deseo que ellos tienen de salir en las fotos como les gustaría vivir. Así: sonrientes, sin arrugas casi, florecientes, con las miradas claras. Y es mentira. Nos mienten sus fotos. Porque ellos están desesperados con las caras con ira. Esperando otra fila, no la que hacemos los que estamos en la panadería. Con la lengua afuera, atacados con las boletas con sus fotos.

Así, uno, se vuelve anarquista. La situación es una invitación al anarquismo. Falta digerir el bolo electoral de papeles para que luego sea un bolo fecal. Expulsarlo por donde se expulsan los bolos fecales. Y, reparada ya la humedad de la boca, acompañar a la lengua con sus movimientos. Ahora está mejor. Los kilos de papel atascados se han metabolizado y expulsado. El ciclo es perfecto. Las boletas entran por los buzones de las casas o se arrojan en las puertas y luego siguen un trayecto. Recorren las mesas y algunas sillas, se acumulan en la basura, otras van a parar al fuego. Cuando no hay diarios para quemar hay boletas electorales. En definitiva todas mueren en el inodoro o en el fuego. Queda la idea. La consigna tal vez, económica y pobre. Las caras toqueteadas. No, no son así. Son monstruos como nosotros. Lo que pasa es que no están en la fila comprando el pan. Dicen que recorren los barrios y hablan con la gente. Bue… por aquí no han pasado. Por allá tampoco. Deberían hacerlo todos los días del año para creerles que hablaron con la gente. Momento, paro de nuevo. Estoy descompuesto.

Ahora sí. Fui al baño a vomitar. Tenía un entrevero maldito en la panza. Deben haber sido las fotos con sus retoques. Esos productos químicos para las fotos, para las caras. Decía: faltan pocos días, nada. La lengua afuera del mundo. El mundo con la lengua afuera mostrando la campanita. Entremos. Es el cuarto oscuro del hombre. La garganta. No hay casi luz. Prendamos unos encendedores. Miren: boletas, boletas de candidatos. Aquí parece que ya votaron. Votaron por todos parece porque hay de todos los colores de todos los partidos de todas las caras. Hedor. El vaho viene del estómago. Vamos.

Bajamos agarrados con las lianas hechas de papeles electorales humedecidos por los líquidos pancreáticos. Colgados a centímetros del caldo hediondo. Hasta aquí llegamos. Volvamos.

(Les cuento que en la garganta oscura se votó por todos. Que en todo caso en la garganta oscura ganaron o perdieron todos.)

Repito: es una invitación al “anarquismo del mero estar”. Empezamos a esperar. Ya hemos salido de la garganta y de los dientes nos hemos agarrado para ayudarnos. Hay un sol, más boletas desparramadas por el piso. La garganta del hombre es una invitación al anarquismo.