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Opinión

La columna de Padilla: El "orden" vendimial

Los eventos empresariales y las tradiciones vendimiales, bajo análisis del columnista de MDZ Marcelo Padilla.
Foto: MDZ
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Cada marzo que sucede La Vendimia, la fiesta en particular (con todo su ceremonial de monarquía colonial plebeya) me lleva a pensar en varios temas. La sigo por los medios y no voy al anfiteatro. Hago mi propia cosecha de toda esa siembra y veo, observo. Se ha dicho bastante ya de ese formato, “la elección de Reinas representativas de los departamentos”…“que en Mendoza tenemos una Reina todos los años que nos representa ante el país y el mundo”. No quiero ir por ahí.

Pienso en la escenificación de la cultura y la política. En los almuerzos empresariales para que “todos” escuchemos sus demandas, en las bendiciones de los frutos para que “todos” escuchemos la palabra sacra. En los discursos esencialistas que sostienen el relato de la celebración para que “todos” recemos el rosario de cuentas y escuchemos de ¿dónde venimos?. En los corsés mediáticos que someten a la jóvenes aspirantes al Reinado para que “todos” nos enteremos del nivel de instrucción y oratoria de las candidatas al trono. En los políticos candidatos y en sus gestos, sus formas de actuar, sus sonrisas o caras de nada para que “todos” lancemos nuestros dardos venenosos.

El libreto de la vendimia es mucho más amplio que el que sostiene el guión de la fiesta (a mi gusto, este año, las postales de un oasis que late, fue un bodrio plagado de lugares comunes, forzadamente sencillo, musicalmente hibrido, sorprendentemente lleno y recargado. Esperaba mucho más de Liliana Bodoc. Igual, debe ser difícil escribirlo y adaptarlo con tantos requisitos inmodificables… y no soy crítico de espectáculos, sólo los critico).

El libreto o guión total incluye la hoja de ruta de los ceremoniales y de la etiqueta. Lunch´s en hoteles 5 estrellas, fuerzas vivas, fuerzas muertas o a punto, agónicas. La marcha en el carrusel, las protestas incluidas en la marcha de las reinas, la de la defensa del agua por ejemplo. Los palcos. Los palcos importantes y los palcos no importantes. Las declaraciones de políticos, empresarios, modistos, peluqueros, faranduleros…en fin. Un “orden”. Un orden cuidadosamente vigilado por las fuerzas morales de la esencia cultural mendocina.

Toda celebración intenta representar un orden inexistente, construido para celar lo caótico. Bien. El pueblo mendocino participa y es espectador de ese orden sujetado por los relatos y las prácticas ceremoniales. Y todo eso me lleva a pensar en que a Mendoza le haría falta, para modificar ese orden (matriz productiva, estilo de hacer política, fagocitación mediática, ensalzamiento monárquico de chicas de pueblo, condiciones de trabajo de los cosechadores, condiciones de transporte para ir y venir en el trabajo de los golondrinas, el manejo del agua, la hipocresía en el manejo del agua y las campañas para su cuidado, los dueños de las tierras, las bodegas extranjeras que se han quedado con los mejores campos mendocinos, la cultura estigmatizada de lo diverso, los pobres de los cerros y los turistas, los periodistas porteños, los políticos nacionales, el circo) una gran revuelta popular para poner patas para arriba lo que se muestra como natural. Es mucho pedir y también, reconozco, fácil de decir y escribir. Intento discutir en todo caso desde otro pensar, no reformista, en todo caso.

La discusión sobre la Mendoza conservadora resurge cada vez que aparece la fiesta de la vendimia. Están los críticos de espectáculos y los críticos del “orden” del espectáculo. Están los periodistas y locutores con sus voces, esta vez, saludando en chino mandarín, en portugués, en francés, en inglés y en milcayac, “al mundo”. Las reinas viejas y las reinas jóvenes. Los políticos viejos y los políticos jóvenes. La etiqueta, el vestuario.

Pareciera no poder criticarse esto, el “orden totalizador” de la vendimia y sus representaciones. A lo sumo llegamos hasta el aspecto artístico que funciona como frontera. Otros se quedan en las minucias de los palcos y ágapes, refrendando el ceremonial con críticas de formas.

La vendimia, se sabe, es un hecho socio-cultural, pero también político. Producto de una manera del pensar. Un derivado de una filosofía de la cultura. Un producto construido en el tiempo y sostenido por un “orden” de los discursos. “Es así y representa a los mendocinos, y punto” pareciera afirmar el libreto.

¿Es así… y punto?