Presenta:

Opinión

Al establishment peronista

El país se abre como una herida de tanto golpe.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

Compañeros:

Transitamos el año más complejo y determinante para el país, la patria, el hombre y la mujer común, los niños y ancianos. El año en que late el proyecto nacional y popular que encarara nuestro queridísimo Néstor y continuara la actual conductora de la Nación, Cristina; tal vez, la mejor presidenta de la historia. El año donde se inclinará la balanza hacia un lado o hacia el otro. Balanza cuyos pesos pondrá el pueblo con sus votos. Debemos empezar a asumir que, si bien nuestra líder no será más presidenta de los 40 millones de argentinos el próximo 10 de diciembre, nuestras convicciones por una sociedad más justa, más equitativa, más igualitaria, más soberana e independiente, no pueden rifarse en una elección de cargos.

El país se abre como una herida de tanto golpe. Nos pegan por arriba y por abajo, nos dan en los talones, nos tiran muertos y tapas y tapas y más tapas en los diarios camaleónicos, en las radios vendepatria, en las televisiones del hastío. Nos quieren cercar por dentro y por fuera. Con los fondos buitres, las embajadas imperiales, las naciones moralistas como EEUU e Israel que miran para afuera por vergüenza de no poder mirarse hacia adentro. Contra nuestro gobierno se han articulado las voluntades más siniestras, las voces más escatológicas, los gritos del odio de los que siempre en la historia le dieron la espalda a los sectores populares. Será el año más difícil pero no el imposible.

El pueblo argentino está agazapado. Nos han tirado en nuestros campos una mala siembra. Una siembra que solo cosechará odio porque los de aquel lado del mostrador están dispuestos a todo. A quitarle el sueño a los niños, a bastardear las moradas campesinas, a usufructuar el descontento de la gente.

Compañeros que hoy tienen la responsabilidad de tomar decisiones: lo que está el juego este año en el país no son sus cargos ni sus futuros laborales, no están en juego sus intendencias, sus nichos, sus negocios, ni mucho menos sus cuentas bancarias. A no confundirse. Lo que está en juego es un modelo de país, y con él, la mesa con el pan y el morfi de los que hasta no hace muchos años perdían a sus familiares por infartos, depresiones, por abandono. Es la hora de las grandes acciones, de los nobles principios y sentimientos colectivos, no la hora del acomodamiento personal ni familiar.



Como dirigentes: malos y buenos, engordados o enflaquecidos, enfermados o distendidos, tienen la obligación de atender la voz del pueblo. Escuchar el corazón que late. La palabra de la calle, la de los laburantes que pueden perderlo todo. Ustedes son una casta. Se han alejado lentamente del llano de donde salieron. Viven muchos en formidables casas y se mueven en lujosos autos. A sus hijos no les falta nada de lo indispensable. Pero al pueblo que los eligió en estos años les falta mucho todavía. Y si la balanza se inclinara para el lado de la injusticia, pueden perderlo todo: trabajo, familia, derechos conquistados. No fueron ustedes quienes les otorgaron esos derechos. Que les quede claro: los derechos se conquistan. Y así como se conquistan se defienden. Y, como reza el viejo dicho, si no hacen las cosas bien, en el buen sentido popular, se avanzará “con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”. Dejen sus miserias. Dejen sus prebendas. No amarroquen las energías. Jueguen al juego que demanda la Nación.

A los que ya armaron las valijas y se desmarcan del andén del proyecto que encarna Cristina, les cabe el mote de traidores anticipados. A los que niegan a Cristina hoy, y ayer la veneraban en 2011 por ese contundente 54% popular, se los van a comer en las calles de sus cantris cuando entren los hambreados. Será un espectáculo propio de la barbarie. No se niega a la Presidenta que los parió. No se crean inmortales. No se pongan trajes nuevos para visitar al diablo que más pague. El proyecto nacional se defiende hasta las últimas consecuencias. Hasta perderlo todo. A los especuladores ni justicia. A los que ya se juntan con el enemigo a diagramar la retirada en un crucero se los comerán los tiburones en medio del mar. Vuelvan. Se han ido lejos. El pueblo, con su gente simple y sencilla, tiene su verdad. Espera el imprevisto, aprovecha la fisura para hacer tambalear los edificios mal construidos. Repito: no están en juego este año sus situaciones personales. No están en juego sus cargos. Está en juego un conjunto de militancias populares que hizo posible tanto logro. La paciencia de los de abajo se agota.

Cristina conduce hasta el 10 de diciembre los destinos de la patria. Lealtad. El tiempo es una gota de agua en el desierto y la historia un océano crispado.