Opinión
El ocio peronista en el país de la ética cuáquera
Cada vez que llega un fin de semana largo, con feriado puente, pienso lo mismo:"voy a ponerme a escribir sobre el ocio". Y por vagancia o lo que fuere no lo hago. Me dejo llevar por el ocio peronista que circula en mi sangre. Me tiro, "me dejo estar". Me relajo a tal punto que transformo mi entorno en un estanque. Amago y no hago. Leo y me canso. Pongo de fondo música del disco futbol para todos y dejo, sin culpas, pasar las horas, sin retenerlas. El fin de semana largo te hace ocioso, sobre todo para los que no salen de la guarida. Para la mirada especular y celosa del republicanismo ético –que cunde por el país de los Je S uis Nisman-, esto de "dejarse estar" es cosa de vagos. En los barrios se sienten los olores de la carne y más ocio da. Olores de los vagos. Perfumes de la improductividad. Especie de subversión a la mecánica capitalista del trabajo pero dentro de la propia lógica.
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Lo sé: “todo este ocio está de alguna manera regulado”, me dirán. El tiempo libre no es tan libre, claro…ya lo dijo Adorno desde su apocalíptica mirada sobre la industria cultural, sin embargo es un espacio paraelegir algunas cosas. Los prejuicios burgueses, los valores sobre el estilo de vida productivo, indican que debemos siempre estar haciendo algo para ser alguien en la vida. Se nos impone "ser alguien" todo el tiempo mientras dejamos el estar en el mundo, a la buena del miocardio. Bueno, ahí voy con este rodeo de fin de semana largo con feriado puente. Decidí escribir, como elogio al ocio. Al ocio improductivo, el ocio del dejarse estar para estar siendo, como diría Rodolfo Kusch.
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En las ciudades hacer esto no es bien visto, al menos para una gran parte. Da vergüenza. La vergüenza producida por una ideología de la explotación de la mano de obra laboral. Porque quienes no tienen vergüenza justamente son los que la generan en los otros. Los que son propietarios de una buena fortuna, de un buen pasar por la vida. Son ellos los que necesitan bajarla sensación de vergüenza hacia el pueblo laburante. Sin embargo, no lo logran del todo. Sí lo logran con amplios sectores medios que tienen esa culpa de compañera, esa ansiedad destituyente del yo. La culpa religiosa de no perder tiempo productivo para ascender en la pirámide, a otro cielo menos bendito pero más seguro en confort y bienes. Bien... contradicciones culturales del capitalismo. Pero como aquí no somos cuáqueros la cosa se pone jodida para imponer una ética industrialista tipo norte de Italia. Celebro, como muchos, estos fines de semana largos. Por el motivo que fuere. Porque nos brindan una oportunidad –repito- para dejarnos estar. Al pueblo no le importan tanto los motivos. Pueden ser religiosos, conmemorativos, patrios... no importa. Constituyen una posibilidad en el horizonte del "estar" y no en el del ser.
Este fin de semana largo viene de la mano de un feriado que pone sobre el tapete el tema de la memoria. La memoria del 24 de marzo del 76, día del golpe militar a Isabel Martínez de Perón. Golpe militar hecho no solo por militares sino también por amplios sectores sociales con el apoyo irrestricto de muchos medios de comunicación. Del que participaron políticos, partidos políticos, empresarios e intelectuales. Nombro a Isabel Martínez de Perón porque ese nombre implica una ausencia. Una falla en la peronósfera contemporánea. Porque nadie quiere hacerse cargo que esa mujer fue la presidente a quien derribó ese golpe. Nadie la asume como propia. Nadie la reivindica. Y claro...¡cómo reivindicar a una mujer, que más allá de ser la esposa de Perón, se vinculó a los sectores de la derecha fascista del peronismo!... nadie la reivindica por eso. Por vergüenza. Porque de alguna manera, el corto gobierno de Isabelita -desde que muere Perón hasta el golpe (menos de dos años)- fue un gobierno de evasión. De fuga. De masacre. Allí empezó la matanza y la persecución, legalizada con el decreto del Operativo Independencia.
El puebloperonista dolido por la muerte de su líder estaba a la deriva. Y las balas iban y venían. Mientras, el comando del Estado se inclinaba claramente hacia la represión. Como no hubo conducción política clara, al golpe lo pidieron a la carta, muchos. Pero no era la salida. Nunca la salida puede ser un golpe para los sectores populares al menos.Visto está que los que salieron a bancar la parada (más allá de las organizaciones políticas enfrentadas a la derecha liberal y fascista del país) fueron los trabajadores… a quienes mayoritariamente masacraron físicamente. Y de la mano de la masacre, la eliminación de todos sus derechos. Desde ahí, creo, hay que pararse para mirar el plan de exterminio de la dictadura. Desde la posición de la clase obrera que ya no tuvo más sus derechos al descanso porque pasaron por la guillotina. Y los que no pasaron por la guillotina pasaron a la desocupación más tarde. Y de la desocupación… a la miseria del mundo.
En fin...me fui para atrás. Vuelvo. La vida improductiva en el ocio de los fines de semana largo con feriados puente. Los olores de las parrillas de los barrios. Los turistas que copan sitios. El arranque del otoño. Las horas que pasan.

