Presenta:

Opinión

Estoy gordo: la discriminación

La columnista de MDZ habla de los problemas que atraviesan las personas con sobrepeso.
425665.jpg

La ilusión y el deseo de conseguir a toda costa ser aceptado social y laboralmente, se ha convertido en una verdadera obsesión para las personas que padecen obesidad. Actividades tan comunes como comprar ropa, ir al cine o viajar pueden llegar a ser quehaceres complicados para las personas con sobrepeso que viven en la Argentina. Aquellos que superan los kilos que la cultura actual considera aceptable pueden incluso hasta tener problemas a la hora de inscribirse en un gimnasio

El rechazo que sufren las personas con sobrepeso es un asunto cotidiano, porque la moda actual dicta una figura extremadamente delgada.

Pero quienes padecen esta enfermedad no sólo se enfrentan a la discriminación social, sino incluso a la laboral, y esto ocurre en todas partes del mundo, según los especialistas en el estudio de la obesidad.

Ocurre en todas las edades; los niños padecen la sinceridad brutal de otros niños y de actitudes y frases discriminatorias de los adultos que los excluyen sutilmente, especialmente de actividades físicas. Desde corta edad perciben que no son los primeros en ser elegidos.

Cuando llegan a la adolescencia, momento de gran búsqueda de la identidad, donde el parecerse a sus pares es esencial, el joven obeso o con sobrepeso, tiende, por lo general a excluirse él mismo de ciertos ámbitos sociales. Ya está instalado el concepto de ser distinto y de atrapamiento de esta condición.

Los adultos desarrollan mayores habilidades para poder compensar este sentimiento de minusvalía física pero no deja de afectar y de limitar mental y emocionalmente cómo enfrentan su mundo de relaciones y laboral. Se convierten en el mayor discriminador de sí mismos.

Las personas con sobrepeso reportan más problemas de salud, son más propensas a desarrollar diabetes, enfermedades cardiovasculares, cerebro vasculares, hipertensión arterial, así como algunos tipos de cáncer y desórdenes del sueño.

Aunque todos reconocen los problemas que enfrenta un obeso para encontrar trabajo, nadie en el mundo laboral lo acepta. Ningún empleador dice abiertamente que su empresa no contrata a personas con esta característica, pero basta dar una vuelta por las tiendas departamentales, restaurantes, bancos, oficinas y hoteles, para constatar que ahí no tienen cabida. Por otro lado, la persona con obesidad, no presenta su CV en igual manera que otros, descartando de antemano su posibilidad de ser elegido.

Esto ha orillado a muchos a sucumbir ante los anuncios que ofrecen productos fantásticos, que prometen reducir el peso de inmediato, sin esfuerzo y, sobre todo, sin dejar de comer. Pero este es un problema que implica mucho más que fuerza de voluntad para llevar a cabo una estricta dieta.

Durante el X Congreso Internacional de la Obesidad realizado en Amberes, Bélgica, genetistas, nutriólogos, psicólogos y médicos especialistas en la materia, reconocieron que es un problema multifactorial, cuya atención debe ser integral.

En su afán por conseguir empleo a toda costa o encontrar a la pareja ideal, los enfermos suelen recurrir a las soluciones mágicas, que en realidad no solucionan nada.

Con desilusión comprueban que han sido engañados y que sus aspiraciones están muy lejos de verse realizadas.

Y lo peor es que ven como el trabajo al que aspiran se les va de las manos por tener esos "kilitos" de más. Aunque no lo confiesan, son objeto de discriminación y a diario viven esta pesadilla, que los lleva a caer en estados depresivos.

Sin embargo, andan con una sonrisa por la vida, cargando los estereotipos de graciosos, simpáticos y tiernos; les cuesta trabajo ser reconocidos por sus virtudes y talentos, pocas veces son considerados como personas sensibles, inteligentes y capaces de desempeñar un puesto directivo o gerencial, porque estos están destinados para aquellas personas con buena presencia, es decir, delgadas.

En los anuncios clasificados no hay lugar para ellos, muchas de las ofertas de empleo, ya sea en bancos restaurantes o empresas dedicadas a las ventas, no olvidan incluir entre los requisitos la "excelente presentación". Hay incluso quienes se atreven a señalar un rango de tallas, para evitar que asistan las personas "gordas" a solicitar el empleo.

La discriminación que sufren los obesos en el ámbito laboral es un problema mundial, así lo reconocen especialistas de Brasil, España, Bélgica y Estados Unidos.

Para José Oliveira, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Río de Janeiro, este rechazo les afecta de tal manera, que muchos de ellos prefieren quedarse en casa y no salir a la calle a enfrentrarse con su problema.

No existe ningún reglamento o ninguna ley que establezca la discriminación abierta, sólo las ideas subterráneas, que no son claras, pero por ejemplo, si vas a pedir un empleo es probable que un delgado lo gane, pero nunca reconocerán que esa fue la razón, no hay discriminación abierta

En Brasil, este es un problema, porque el 36 por ciento de la población adulta padece obesidad, lamentablemente, no cuenta con información de cómo alimentarse evitando tener una dieta rica en grasa, expresa.

X. Formiguera, del Centro de Nutrición y Ciencia de los Alimentos de la Universidad de Barcelona explica que el número de obesos mórbidos apenas representa el 1 por ciento del total de las personas con sobrepeso, pero esto no reduce el problema del desprecio del que son objeto.

El problema se acentúa más en Estados Unidos, donde la obesidad gana cada día más terreno, provocando que sus víctimas sean vistas con muchos prejuicios, reconoce George Bray, profesor del Centro de Investigación Biomédica de la Universidad Estatal de Louisiana.

Un tema que provoca vergüenza Los casos de discriminación a personas obesas son constantes, pero se denuncian poco.

Esto pasa porque el gordo tiene miedo de exponerse. La obesidad, lejos de ser una cuestión estética como todo el mundo cree, es una enfermedad, pero una enfermedad vergonzante, represora. El gordo se esconde. Esto lleva a que avasallen sus derechos, le pasen por encima y ya estas cosas se vean como algo cotidiano

.A pesar de que los últimos estudios indican que la obesidad está creciendo a pasos agigantados en todo el mundo, la percepción de la gordura sigue siendo negativa ante ciertos modelos culturales que proponen la delgadez extrema.

Pero, ¿cómo se revierte una situación tan arraigada culturalmente? Se cree que la respuesta está en la educación formal. Este es un tema que debería tener tratamiento en la escuela porque los niños y adolescentes están sometidos a dos formas de educación, a través de los medios de comunicación -que crean imágenes estereotipadas de la belleza- y de la instrucción formal. Son como dos mundos disociados. La escuela tendría que compensar o por lo menos alertar que la realidad de los seres humanos es otra, que es mucho más rica, que hay una diversidad, y que el valor de las personas no tiene nada que ver con el mayor o menor parecido a un arquetipo.

Cambiar esta situación, no solo de las personas con obesidad sino de todas aquellas que presenten condiciones diferentes, es una responsabilidad de nosotros, como sociedad madura. No tenemos que esperar que se escriba una ley que nos obligue a ser de determinada manera. La obesidad se puede prevenir, a cualquier edad, especialmente en los niños que sufren mucho esta condición y no tienen desarrollados los recursos para enfrentarla. La obesidad se trata, es reversible.

Los invito a formar parte de este cambio.

Lic. Patricia Frascali

Psicóloga, especialista en obesidad

Mail: [email protected]