Cristina nunca imitó el acento chino
Una de las noticias de esta semana fue que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner había tuiteado desde China una frase en la que resaltaba, destacaba o parodiaba el “acento” chino, según lo que dijeron todos los medios.

La presidenta escribió en su cuenta: “Más de 1.000 asistentes al evento… ¿Serán todos de ‘La Cámpola’ y vinieron sólo por el aloz y el petlóleo? …”. Esto produjo “indignación” en los chinos (de acuerdo a lo que se pudo leer por ahí) y hasta menciones y análisis en muchos diarios serios del mundo.
Más allá de si lo que hizo Cristina estuvo bien o mal (que no es intención de este espacio analizar tal cosa, aunque sí podemos decir que tal vez hubo medios que exageraron un poquitín las cosas) y sin ser kirchnerista, hay que decir algo que es clarísimo: la presidenta nunca imitó o se burló del acento chino.
“¡¿Qué está diciendo este tipo?!”, se estará preguntando-admirando más de uno en este momento. Pero no se precipiten, amigos, que a continuación procederemos a explicar esta sentencia que ya habrá producido urticaria en más de uno o una (sino en todas y todos).
Cuando la presidenta o cualquiera dice o escribe cosas como “Cámpola”, “aloz” o “petróleo”, no se está imitando un acento, sino (y en esto radica la cosa) la fonética de un idioma.
Veámoslo más claro con ejemplos.
Lo que por lo general se denomina “acento idiomático” se relaciona con formas de articulación y modulación del habla, que tiene que ver con la pertenencia a una región geográfica e incluso con la pertenencia sociocultural del hablante.
Por eso, por ejemplo, en Argentina se habla del acento de los porteños, de los mendocinos, de los cordobeses, de los riojanos, de los santiagueños y así sucesivamente.
“Arrastrar las erres”, “estirar las vocales”, “usar un cantito al hablar” son ejemplos (definidos muy rudimentariamente) de acentos idiomáticos.
Es decir que si Cristina hubiese querido imitar un acento chino, lo que tendría que haber hecho es escribir en chino y de alguna manera destacar la forma en que la frase se dice en determinada región de china.
Entonces, qué fue lo que hizo la presidenta desde China. Pues sólo imitó o parodió (la elección del verbo la dejo a gusto del lector, si es adepto o no al Gobierno sabrá cuál elegir) la fonética china, es decir, la forma en la que se pronuncian determinados sonidos y que es lo que de alguna manera diferencia un idioma de otro.
Un ejemplo de esto se puede ver en los clásicos y siempre efectivos chistes del tipo “cómo se dice”. ¿Cómo se dice noventa y nueve en japonés?: Cachi chien. ¿Cómo se dice suegra en ruso?: Storbo. ¿Cómo se dice colitis en nigeriano?: Abunda lacaca ¿Cómo se dice colectivo en alemán?: Subanpaguenestrujenbajen. Y así sucesivamente.
Y, para ser más específicos y, paradójicamente, generalizadores, lo que hizo Cristina fue reproducir la fonética oriental de acuerdo a la adaptación que en Occidente hemos hecho históricamente de cualquier idioma de la región en cuestión, porque, así como para los occidentales la creencia generalizada es que “todos los chinos son iguales”, de la misma manera, todos los idiomas procedentes de por allá “son iguales”, no importa que sea japonés, chino o “coleano”.
En fin, que ahora sí pueden salir a defender sus posturas pro o contra lo que hizo Cristina, pero, por favor, no hablen más de “acento”, sino de “fonética”.
Hasta la "plóxima".
