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Opinión

Nisman y “los cazadores de coincidencias”

Se abrió una fisura mediática-policial-política de dimensiones literarias y novelescas.
Foto: MDZ
Foto: MDZ

Con el caso Nisman y su “contra-parte”, la “parte de la sociedad” que se babea por el derrocamiento de la Presidenta antes de fin de año (gente bien y gente mal, sobre todo gente grande, de cincuenta para arriba, conservadores de derecha espontáneos, golpeapechos en las marchas), se abrió una fisura mediática-policial-política de dimensiones literarias y novelescas.

En pleno verano, cuando las telenovelas no arrancan todavía porque la temporada empieza en marzo, tenemos en mano una de detectives, con una trama atravesada por una denuncia con ribetes internacionales. Participaciones estelares judías e islámicas, bajo un gobierno peronista con influencia continental, imputados iraníes por dos atentados no resueltos judicialmente en su totalidad, sobrevenidos en los noventa, bajo otro gobierno peronista, neoliberal en aquel caso; en suma, un caso como la muerte del fiscal Nisman en un lujoso piso del relumbrante Puerto Madero, bien podría redituar como un telefilm, una serie de esas para no levantarse del sillón que pasan por la noche en Film&Arts, y picar unas aceitunas con un vermut helado, noche tras noche, siguiendo esa trama indescifrable, un crimen a lo Edgar Allan Poe.


Justamente esta mañana, charlando con mi amigo escritor y detective Julio Coronado (un poeta de Mendoza que se gana la vida resolviendo entuertos por fuera del ámbito oficial de la policía, especie de ex agente bueno echado de las filas) me contaba la relación, la coincidencia azarosa de la fecha de la muerte del fiscal Nisman y el nacimiento del padre del cuento policial, Edgar Allan Poe. El escritor bostoniano nace un 19 de enero de 1809 y el fiscal muere un 19 de enero de 2015. Cuestiones de azar para cazadores de coincidencias, me dijo Julio, retirándose luego de un café compartido a reportear a un maleante del interior de la provincia (uno de sus trabajos breves).

Un crimen (¿suicidio?) en una habitación con un cadáver solo junto a un arma, una Bersa calibre 22. Más de un escriba de la corona (alguno de los que edita Planeta-Clarín) debe estar ya en ello, en la saga de Nisman y su suerte inextricable.

Sumémosle el dramatismo de las preguntas que se hace Mirtha Legrand los sábados por la noche en su programa-cena dirigido a esa “parte de la sociedad” que se babea por el derrocamiento de la Presidenta antes de fin de año, (gente bien y gente mal, sobre todo gente grande, de cincuenta para arriba, conservadores de derecha espontáneos, golpeapechos en las marchas), y completaremos, tal vez -solo tal vez-, una serie que pueda sostenerse todo el 2015, en pantalla caliente, con invitados expertos en peritajes, en balística, en tiro, en suicidios, en desarraigos, en desasociegos sociales (sociólogos), en pruebas plantadas, en inteligencia, en atentados, en operaciones de prensa, en internas de servicios de inteligencia del Estado.

Instructores de cómo hacer segundas y terceras lecturas de casos policiales, diagramadores de infografías, identikits, actores de reparto que en vivo mueren y, al cabo, son Nisman, Lagomarsino, Berni, Cristina. Todos de reparto para golpeadores de pechos de reparto que ven “el caso del año” en su televisor, sintonizando Film&Arts, picando unas aceitunas rellenas con un vermut helado.

Bien podría constituir el caso Nisman un reality de TN 24 horas. Haciendo cultura urgente. Minuto a minuto urgente. Un reality que se llamara “Cazadores de Coincidencias” conducido por mi amigo escritor, Julio Coronado, tal vez aquí en Mendoza en un canal de aire local, para entretener a esa parte de la sociedad golpeapechos en las marchas, gente bien y gente mal, la mayoría cincuentona, la mayoría de derecha espontánea.