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Opinión

Crónica al periodismo Patán

La decana sciolista y "un ejercicio de cómo operan los medios", según Padilla.

Son las 10 de la mañana de un domingo en modo letargo. Me acosté temprano anoche, como siempre, a las 23 y pico. Afuera suena el canillita con los diarios apretados en el canasto de la bicicleta. El barrio está en silencio entenebrado, durmiendo la noche, que lo acurruca. ¿Qué sueñan los que sueñan? La gente quiere vivir en paz, eso siento. Y, creo, en todos estos años no ha podido digerir que el cambio ya empezó hace rato, desde el 2003. Cuando los negocitos abrían, y empezaban a llenarse de clientes que podían consumir porque la economía ayudaba para eso. Crecieron muchos gracias a las condiciones macroeconómicas. Mandaron a sus hijos a la universidad pública o a terminar el secundario con el PROGRESAR. Todavía venden las verdulerías de mi barrio, y las panaderías; y lucen de cada diez, cinco autos nuevos que brillan. El sol le hace frente a las nubes. 

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Un tipo escribe una nota en un sitio on line y me trata mal. Dice que le doy asco en una nota que supuestamente confronta desde la crítica sin agravios. Pero dice que le doy asco y le dan ganas de vomitar cuando me lee. Se lo publica no solo el sitio on line, además lo sube este diario, Mdz, y siguen las réplicas del terremoto del odio. Deberían leerlo para ver la madera de su pluma. Es un radical macrista que dejó los principios, un joven, que quiere convertirse en una especie de vocero de la dobladura del radicalismo que entregó a la madre y a su padre vaya a saber por cuánto.
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Por suerte, quedan radicales leales a los principios de Alfonsín. La Decana de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Uncuyo, Claudia García, dio el batacazo cerrando la semana cuando publicó una carta junto a la vice decana Silvia García, expresando su voto a Daniel Scioli, fundamentado voto. Como el de Pérez Esquivel, como el de tantos que hoy saben que si Macri es presidente, la Argentina puede tirar doce años de conquistas sociales y culturales por la ventana. Ya se sabe: a la Decana la pusieron en minutos a la parrilla sus propios correligionarios, pero no todos. Ha dejado pensando a más de uno. Esa convicción y coraje valen. Desde esta columna le doy mi absoluto apoyo, porque no la está pasando nada bien por tanto agravio y maltrato.
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Un ejercicio de cómo operan los medios: apenas salió la Decana expresando su posición a favor de Scioli, le salieron a enrostrar el tema de la venta de notas en la facultad en varias "noticias", situación que ella heredó de la gestión anterior, pero que se la endilgan a ella. Así juegan los medios. Una muestrita.
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En la calle la gente habla. El sábado por la mañana me tomo un colectivo y charlo con un hombre que me reconoce por el programa en el Canal Acequia. Me dice: "Me gustan las entrevistas porque preguntás cosas que no se preguntan". Yo voto a Scioli, y así como hablo con vos, hablo con todo el mundo. Porque no puede ser que nos dejemos estar”. El tipo es electricista y me cuenta que no tiene estudios pero que tiene memoria, ese capital que no se mide por las titulaciones ni títulos de nobleza cultural. Me bajo con él en la misma parada en el centro y nos damos un abrazo fraterno, con los ojos mojados.
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El viento trae un lamento. Las copas de los árboles escupen esa pelusa molesta que hace toser y jode la vista. Hacemos todos el mismo ejercicio: cerrar y abrir los párpados una y otra vez para que salga la pelusa y el malestar pase. Seguimos tosiendo pero el sol es espléndido. Los coros del Cantapueblo inundan la ciudad. En mi barrio la gente lava sus autos, barre las veredas. Todo sucede en calma. La gente quiere paz.
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Me tiro a mirar el partido del Tomba y empatamos. Fútbol Para Todos. Termina y me pongo a ver a Villa Dálmine-Boca Unidos de Corrientes. En Deport Tv. Fútbol Para Todos. Lleno la bañera de agua caliente y me sumerjo. Lo hago seguido porque es terapéutico. Y ayuda a respirar y a ganar calma. Así, como quedo, leo unos poemas de Teiller, el chileno, y otro de Teuco Castilla, el salteño, y luego repaso una nota de un blog sobre la política internacional y las masacres en Siria. El sábado se va, por goteo. Se me caen los párpados y duermo.
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Estoy en el sueño de los otros y los otros están en mi sueño. El barrio se ha conectado de otra manera, desde los residuos del día (así dicen que son los sueños) y nos juntamos en las veredas a contarnos los sueños que soñó cada uno. Compartimos y nos entusiasmamos a tal punto que la realidad ya no es la realidad, o sí. En asamblea decidimos vivir todos en el sueño del otro y así, la noche llega, todos soñando, en paralelo. En el pliegue, en el descanso, en la calma. Un hombre llora por sus pesadillas y nos conmueve. Es un hombre viejo. Solo. Sin familia.
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Patán. El tipo que dice que le doy asco. Se mete en el sueño. Y vosea un odio singular. El hombre solo y viejo y sin familia, el de las pesadillas, despierta y queda mirando cómo todos seguimos en el sueño. Se sale del complejo alucinógeno. Despierta el viejo. Nos mira y convive paralelamente. Da un discurso sobre los sueños y las pesadillas. Lo vemos afuera del sueño pero lo escuchamos. Nos restregamos los ojos. Ese viejo nos dice que va a morir de pie.