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Opinión

Por qué ganó Macri

Un país donde alguien tiene que aclarar por qué piensa lo que piensa y escribe lo que escribe, es un país de enfermos decadentes y psicópatas irrecuperables. En ése país vivimos.

Me gano la vida escribiendo para varios medios, con mis libros que se venden en todo el país y haciendo radio con clientes que consigo para que me auspicien, todos de la actividad privada. Soy lo que los economistas llaman un "cuentapropista", un desechado de la economía formal. Desde ese lugar escribo. Dicho esto, empiezo. Trataré de ser breve en este acaso insuficiente intento por explicar por qué el domingo pasado ganó el ingeniero Macri.

Hace poco más de un año, en una charla con amigos, cometí la involuntaria imprudencia de vaticinar que ganaba Macri El Nene Bien, y que sería el próximo presidente de los argentinos y argentinas. Pocos me creyeron. Me di cuenta que Macri estaba preparado para exterminar a cualquier oponente que se le pusiera por delante, por detrás o a los costados. ¿Por qué? Sencillo, tuvo la inteligencia de desempolvar la Máquina de Cortar Boludos que alguna vez fue propiedad de Tato Bores. Con esa máquina puesta en marcha, no sólo aniquiló a los boludos, sino que hizo algo más dañino para el oponente, dejarlos en evidencia para que la gente se encargara de ayudarlo en la afanosa tarea que estaba emprendiendo.

Me di cuenta que no estaba interesado en aliarse con kirchneristas arrepentidos. Por eso decidió no unirse a Mantequita Massa, ex Jefe de Gabinete de Cristina La Muchacha Progre. Esa primera actitud me hizo pensar que tenía la Máquina de Cortar Boludos aceitada, y dije: Listo, el tipo sabe lo que hace.

Después, una debilidad esporádica apareció entre sus filas y lo empujaron a intentar entrar en el Frente UNEN para disputar las PASO. ¿Se acuerdan? Sin embargo hubo algo en su intuición que lo hizo dar marcha atrás. Quizá algo ajeno a su persona. Creo que tuvo la suerte de que el gagá de Hermes Binner le cerró las puertas. Si entraba ahí se sepultaba solo. UNEN era un Congreso de Gagás. Pino, Binner y otros que nombres que la prudencia selectiva me hizo olvidar. Fueron, en el corto plazo en que subsistieron, una legión de perdedores agrupados y unidos en una suerte de solidaridad del desencanto. Estuvieron al borde de ser un grupo de autoayuda, pero no hubo tiempo de armar bien la terapia. La única que salió ilesa de ahí fue Cocha Golda Carrió, quien ha desarrollado una destreza especial en la lectura política desde hace años y está afilada a la hora de explicar cualquier cruce de bando. Cocha Golda tiene las botas puestas y puede cruzar el río que se le ponga enfrente. Eso fue lo que hizo. La coalición UNEN fue aniquilada por Macri. Ni siquiera los dejó llegar a la Navidad pasada como para descorchar unas sidras y compartir unos turrones. Para colmo de males, todos ahí estaban faltos de humildad y sentido común. Si se retiraban a tiempo se ahorraban el patetismo de la desintegración voluntaria y prematura.

Macri reflotó la Máquina de Cortar Boludos que había dejado abandonada Tato Bores. La puso en marcha y se encargó de los boludos multicolor que en el país son caterva. Acá lo que sobra son los boludos en doble fila, porque ponen las balizas para que desde lejos se note que son boludos y están mal parados, siempre listos a estorbar. Massa y UNEN eran un estorbo para Macri El Nene Bien. Ahora quedaban los más pesados. Mientras, el kirchnerismo, dejaba al descubierto su hipocresía, el discurso socialista y la vida de country que llevaban adelante Cristina, Máximo, Honesty Boudou, Jaime, Lázaro Báez, Leo Fariña y todo ese club de garraptas que se habían puesto a succionar plata del Estado mientas 13.000.000 de argentinos se hundían en la pobreza cada día. La intolerancia y la violencia verbal fue la herramienta de uso cotidiano de la Tropa K. Así les fue.

A Daniel Paz and Love Scioli lo dejó para el final. No porque Macri sea un caballero. Lo dejó para el final por miedo a que la máquina se le atasque cuando tuviera que cortar al Mc'Combo de Boludos que es el kirchnerismo. Imaginate que le quedaban en pie Zannini, Rabolini, Anibaúl Efedrinandez y finalmente al propio Yoli. Era demasiada boludez para una máquina que data de los años 80. Antes tuvo que someter a otros. Encendió la máquina y se encargó de personalidades de la talla de Echarri, Fontova, Andreita Del Boca, Florencia Peña, Gerardo Romano, Tonietti, Pettinato, José Pablo Feinmann, Moria Casán, Graciela Alfano, Víctor Laplace, La Mancha de Rolando, Brancatelli, Orlando Barone, Carla Czudnowsky, Luciano Galende, Eduardo Cabito Massa Alcántara, Carlos Barragán, Cynthia García, Jorge Dorio, Edgardo Mocca y Sandra Russo. No me quiero olvidar de Vícto Hugo Morales, Ricardo Forster, Dolina, Teresa Parodi, Gieco, Reynaldo Sietecase, Horacio Verbitsky, Federico Lupi, Leo Sbaraglia y todos los intelectuales de Carta Abierta. Quedan muchos en el tintero, pero sepan comprenderme: me quedé sin tinta.

Macri no es una mente brillante, ni siquiera es luz señera. Simplemente pudo con todos. Decidió jugar el juego y lo jugó bien. Se plantó frente al adversario sabiendo que tenía una carta bajo la manga. ¿Cuál era?: La Máquina de Cortar Boludos. Esa fue su estrategia y por eso ganó la elección y se consagró presidente de los argentinos. Que Dios nos ayude.