Opinión
Qué fue primero, el huevo o la gallina II
He leído que muchas voces se levantan justificando los atentados en Francia. Todos comentan y con certeza, que cuando suceden estos actos en los países líderes del mundo, la cobertura de la prensa internacional cubre cada detalle y se muestra horrorizada; pero nada dicen de los bombardeos y guerras cometidas contra Irak, El Líbano, Agfanistán y ahora Siria, con la muerte de miles de inocentes.
Es cierto, pero creo que el tema es más profundo y que merece otro tipo de análisis, sobre todo de una guerra que lleva miles de años entre el pueblo judío y el pueblo árabe.
Más allá de los intereses económicos en juego, hay un odio que nace a partir de la religión y de los fundamentalistas de cada bando. Como dice la antigua frase de Jesús; "El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra". Y hago esta referencia religiosa, porque lamentablemente han sido las religiones en general, quienes han contribuido al enfrentamiento mundial, papel que también reconoce el Papa Francisco tratando de cambiar los viejos esquemas. Pero como seres pensantes, o por lo menos de eso nos vanagloriamos, hemos entendido, según lo cuenta la historia, que la violencia solo engendra más violencia y que nada hemos cambiado en forma positiva, justificando la muerte; los heridos; la pobreza y la marginación en pos de distintas religiones o ideologías.
Es ilógico que en un mundo en donde la gran mayoría quiere vivir en paz, vivamos permanente en guerra e incluso se justifiquen esas guerras en nombre de la Paz. Esa es quizás la peor muestra de cinismo.
Lo que es una verdad absoluta, es que el sistema en el que estamos inmersos es de una perversidad absoluta, Con lo que se gasta en armamentos en un día, se podría acabar con el hambre en el mundo. Quienes mandan en el orden global ni siquiera son los presidentes de las grandes potencias, sino los fabricantes y traficantes de armas y los narcotraficantes.
La violencia social se ha incrementado en forma notable en la gran mayoría de los países,- salvo quizás en los Países Bajos - y también se han incrementado los partidos neonazis; la acumulación de la riqueza; la contaminación ambiental, en síntesis estamos asesinando el futuro, como si nadie tuviera hijos que les preocupen y ni hablar de nietos.
Los países no trabajan a favor de la justicia, sino de la venganza o la conquista. Los intereses económicos son mucho más importantes que los intereses humanos y en medio de todo, una gran sociedad que solo vive para consumir, porque les han vendido la idea de que así funciona la economía. No es cierto, así funciona el mercado, no la economía social, pero hemos confundido calidad de vida con posesiones tecnológicas, que son bienvenidas, pero como herramientas y no como fin o perspectiva del ser humano.
Todos hablamos y nos quejamos con razón, de que la muerte reina en las calles; que los delincuentes que son una minoría, marcan nuestra vida siendo mayoría. Nos quejamos de los asaltos y todo tipo de crímenes, pero seguimos con todas nuestras fuerzas, centrados únicamente en nuestro bienestar económico. Y de pronto nos damos cuenta que eso no basta e incluso nos pueden quitar la vida por defender nuestras posesiones materiales. Si no tomamos conciencia de que hay que comprometerse en la Cultura de la Paz y la No Violencia, cada día estaremos peor.
Si a nuestros hijos no les inculcamos la importancia de estos valores; si dejamos que sigan con los vídeos juegos violentos y les regalamos armas de juguetes, pues, sin darnos cuenta los estamos preparando para que sean seres violentos. Esta es otra vertiente que también desemboca en la violencia de género.
Como bien lo dijeron los premios Nobel de la Paz en su Manifiesto 2000 "Así como la guerra nace en la mente de los hombres, también la Paz nace en la mente de los hombres".
No es una utopía, es un trabajo permanente y silencioso educar para la paz. Pero si esto no lo vemos como prioritario, como tampoco vemos como tratamos al planeta, después no nos quejemos cuando la guadaña venga a visitarnos.
Me solidarizo con las víctimas de París, al igual que con todas las víctimas del mundo, sean de la religión que sean; de distintas razas e ideologías, porque la muerte termina por igualarnos a todos.
