Opinión
Scioli y una frustrada operación de prensa
Esto es lo más parecido a una operación de prensa frustrada. Quiso serlo pero no se dio. La historia es así: me llamó un funcionario de tercera línea del ejecutivo provincial para ofrecerme un monto de guita por mes si yo escribía un par de notas a favor de Scioli. Un par de notas al mes de las ocho que escribo para que no sea tan evidente. La idea del funcionario -instalar a Scioli como Presidente 2015, como algo inevitable y que se hable de su figura- implicaba a varios periodistas locales. Yo no sé cómo le fue con los demás pero conmigo no se dio.
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No le rechacé la propuesta, lo que le rechacé fue el monto de la oferta. El tipo me ofertaba 300 pesos por dos columnas mensuales a favor de Scioli y yo le dije que lo pensaría, que me tomaría el fin de semana. Contradicciones no tuve jamás con esto de dejarme “operar” por la política. Ya lo había hecho más de…no sé, he perdido la cuenta…pero muchas veces. El lunes tuve que contestarle y me quise imponer, con dignidad; levantar la apuesta porque me pareció miserable que yo le dijera que sí a 300 pesos por escribir a favor de Scioli dos veces al mes. Hasta lo sentí como una falta de respeto a mi oficio. ¡¡¡Trescientos pesos!!! “Andá a cagar” –pensé, recreando un diálogo imaginario con el funcionario de tercera línea, frente al espejo.
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Hablé por lo menos seis veces con el espejo. Hipoteticé el momento de mi contrapropuesta, sentados con el funcionario de tercera línea del ejecutivo, en un café del centro. Si bien tenía experiencia en esto de agarrar el billete para escribir a favor o en contra de alguien, siempre decía que sí sin dar vueltas; inclusive antes que el oferente terminara de planteármelo yo lo cortaba con un “Sí, acepto”. En definitiva… me regalaba. Y ahora, por la inflación y otros temas personales, financieros, que debía resolver, pensé en darme una oportunidad para vender mejor mi columna, mi oficio. Dejar la ansiedad de lado. Esperar a que me hicieran la propuesta, tranquilo, escuchar y pensar. Darme un par de días y luego contragolpear. Era una forma de levantar mi estima. ¡Qué trescientos pesos, trescientos pesos las pelotas! –me decía una y otra vez frente al espejo, actuándola.
No pensaba regalarme. Ya lo hice. Ahora voy por más. Y sabía que guita había para esa operación. Tenía que aprender a negociar y darme cuenta que si te ofrecen un monto es porque hay más, que si uno hace una contrapropuesta alta termina negociando el promedio de la suma de la baja con la alta dividido dos, por poner un ejemplo. Me pasé el fin de semana estudiando y sacando cuentas: 300 más 600 igual a 900 dividido 2 igual a 450. La tenía. Cuatrocientos cincuenta mangos era lo que debía cobrar si el esquema de negociación que había imaginado era el correcto. ¡Bien! (sonreí socarronamente frente al espejo) ¡Sos un capo, un capo de los negocios! -le decía al espejo.
Estaba listo. Debía llamarle al funcionario para citarlo a un café del centro y decirle que tenía una contraoferta. Me sentí seguro y con la estima por el techo. Me frotaba las manos. Un ayudín de 450 manguitos por mes hasta diciembre y ahí veríamos cómo seguíamos. Hice un ritual de la situación y apliqué unas técnicas de respiración que aprendí hace poco, antes de llamarlo. Me relajé.
-“Hola, qué tal hermano, cómo andás, bueno…tengo tomada la decisión, juntémonos en un café… ¿te parece el ACA?”-propuse.
“Sí claro, cómo no, ¿te parece esta tarde a las 18 hs?”
“Ok, a las 18 hs. en el ACA…nos vemos”.
Cuando corté sentí una sensación extraña. De angustia. ¡Qué boludo soy! -me dije. Empecé para el culo, como siempre. ¡Cómo le acepté de una cuando me dijo 18 hs.! le tendría que haber dicho que no, que a esa hora no podía porque tenía una reunión. Tendría que haber hecho la misma cuenta que hice el fin de semana con la guita: 18 más 36 igual a 54 dividido 2 igual a 27. Ésa era, 27, 27hs. Y encima no daba. “A las 27 hs.” sonaba ridículo. ¡Pero cómo haberlo pensado entonces! el funcionario me tendría que haber propuesto un par de horas antes y ahí sí me daba la cuenta, al menos sonaría razonable. Tarde pero razonable.
Lo cierto es que fui a la hora señalada por él y aceptada por mí. A las 18 hs. Lo esperé sentado y llegó a los quince minutos. Mal. Mi autoestima estaba por el piso. Él era quien debía estar sentado tomando un café esperándome. “Veamos”-me dije, dándome aliento.
-“Hola hermano, cómo estamos” -me dijo.
-“Bien, bien”.
“Mirá, hagámosla corta porque tengo una reunión… ¿qué pensaste? –apuró el funcionario.
-“Esteeee…ehhh….350 pesos”.
-“Ajá, 50 pesos más, mmmm….dejáme que lo piense, dame un par de días que te llamo” (extendió la mano para saludarme y se fue)
“Qué inútil” -pensé, ¡me la puso, soy un fracaso como negociante! Volví al espejo. Empecé a sacar cuentas con los dedos y sumé el café que me había tomado en el ACA más 7 pesos del micro ida y vuelta. Daba 22 pesos. Le cobraría 22 pesos más al cretino, ¿qué se cree?, en esta no me regalo. Y me fui silbando la marchita cabeza gacha camino a la parada del micro. llegué a mi casa. Preparé un café hirviendo, ubiqué el cenicero como siempre a mi izquierda- porque soy zurdo y fumo con la mano izquierda-.
-“Salió con la suya” –dije, mirando la pared. Abrí la computadora y me largué:
Scioli
“Esto es lo más parecido a una operación de prensa frustrada. Quiso serlo pero no se dio. La historia es así…”.

