Un lenguaje decadente no ayuda a la política
En la edición de MDZ del 16 de setiembre de 2014, César Cattaneo utiliza todos los lugares comunes de la estigmatización mediática para referirse al acto de Argentinos Juniors de La Cámpora.
Dice que fueron 40.000 “aplaudidores”, que es una organización que nació vieja y carece de rebeldía. Al menos no discutimos la cifra.
Cattaneo conoce la demonización que se ha hecho sobre La Cámpora; horas y horas de shows de noticias, páginas completas de diarios, programas enteros de radio, todas las semanas, mintiendo y caricaturizando a La Cámpora. Él opera sobre la idea de infundir miedo y recelo.
Precisamente, como La Cámpora no es la primera juventud política, debería recordar que otras juventudes políticas anteriores también fueron satanizadas. Claro, las juventudes que representaron algún escollo para el establishment.
Incluso la UCR, porque él habla en nombre de ese partido aunque no lo dice, tuvo juventudes estigmatizadas, por caso la misma Junta Coordinadora Nacional, a la que menciona. Utilizar ese recurso degrada a la política en su conjunto. Justo un 16 de setiembre en que se recuerda “la noche de los lápices” es bueno tener presente que las palabras no son gratuitas, producen consecuencias.
Pero veamos la aseveración de que los jóvenes son aplaudidores y carecen de rebeldía. Parece una chicana, que en todo caso es lo que él hace con ese texto: aplaudir el discurso errado que hace tiempo tiene su partido mordiendo el anzuelo del grupo Clarín para la oposición política argentina.
Sin embargo es cierto que los kirchneristas somos bastante aplaudidores y obedientes de las directivas de Cristina. Eso no tiene que ver con una naturaleza obsecuente y algunos podemos mostrar cicatrices que lo avalan.
Veamos el contraste, la Juventud Radical de los ochenta (o mejor, una parte de ella) “tensionaba” a Alfonsín. Intentaba que se mantuviera en un proceso de radicalización democrática. Alfonsín tuvo actitudes desafiantes al poder establecido pero sistemáticamente salió por derecha. Empezó con Grinspum como ministro de Economía, lo reeplazó por Sourrouille y un ajuste; empezó con la idea de cuestionar la deuda ilegítima y terminó reconociendo todo, el club de deudores en el olvido, CONADEP pero luego de semana santa, punto final y obediencia debida, claudicaciones ante los llamados por entonces “capitanes de la industria” y la confesión humillante de que en sus días finales le pidió a Magnetto que lo dejara terminar el gobierno, el mafioso le bajó el pulgar.
En lo personal considero que Raúl Alfonsín fue un enorme dirigente por quien siento un afecto particular. Hoy quienes se dicen sus herederos siguen las instrucciones de su verdugo. Paradojas de la historia.
Con Cristina pasa otra cosa. A Cristina no hace falta tensionarla. A Cristina hay que “bancarla”. Los desafíos que ella plantea, como la gran mayoría de los lectores acordará, independientemente de lo que piensen de ella, parten aguas de tal manera que no hay que empujarla, hay que sostenerla, hay que dotar de fuerza popular al conjunto de transformaciones que plantea. Los dilemas no son retóricos, se plasman en medidas de gobierno concretas.
La coartada de agraviar a Cristina, ahora a Máximo, les sirve para disimular sus propios dilemas. No se trata de que digan qué piensan de la presidenta, qué piensan de Máximo Kirchner. Hacer política no es adjetivar a las personas. Hay que decir qué proyecto pretenden. No cabe duda que Macri alineará al país a los Estados Unidos, probablemente nos embarque en las nuevas guerras imperiales a que convoca Obama, el radicalismo ¿qué hará? ¿Mantendrá la bandera neutralista de no intervención yrigoyeneana o se alistará? ¿Desafiará el poder norteamericano como Alfonsín en los jardines de la Casa Blanca o se someterá a sus caprichos? ¿Aplicará un brutal ajuste de la inversión social como plantea la claqué de la derecha o defenderá los derechos sociales como supo entender el mejor Alfonsín? ¿Eliminará las retenciones a la soja como postulan sus candidatos o protegerá la industria y las economías regionales? Ambas a la vez es contradictorio.
La apelación a la retórica chicanera y macartista, los agravios, las anécdotas, esconden la verdadera discusión: democracia o corporaciones. Con todas las críticas que quiera hacerse, el kirchnerismo recuperó la decisión política. Las adjetivaciones que pululan, los gritos destemplados que nos aturden día a día, esconden la intención de restablecer el estado previo a la experiencia iniciada en 2003: la situación en que el poder real no tiene un partido, los tiene a todos, no tiene una voz, las tiene a todas.
Decir que se habla desde la política y tomar la voz del poder corporativo no deja de ser un engaño. Este es un dilema que se juega todos los días. Ojalá los próximos días tenga respuestas más prometedoras de parte de César Cattaneo y de tantos otros.
Carlos Almenara
