Opinión
La Cámpora al Máximo
La aparición pública de Máximo Kirchner en el acto de La Cámpora el pasado sábado en la cancha de Argentinos Juniors constituyó un acontecimiento político que dejó mucha tela para cortar. No fue un acto más, de los tantos que se han realizado en estos años, para apoyar al gobierno nacional y a todo el proceso político iniciado en 2003. Fue en todo caso la puesta en escena de la agrupación política-juvenil más adicta al gobierno, parida por el propio proceso político que condujo Néstor y Cristina, y que lidera el hijo de ambos.
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Además, es la primera aparición en un acto, como orador principal, de Máximo Kirchner, luego de ocho años del nacimiento de la agrupación. La Cámpora el sábado mostró su fuerza, se midió y sorprendió. Cuarenta mil jóvenes militantes no es moco de pavo. Más allá de las estupideces de muchos analistas que fomentan la antipolítica a través de los medios de comunicación, la oposición sabe que lo del sábado fue un síntoma. Que el bastión juvenil del proyecto nacional que encarna el gobierno de Cristina no está de capa caída. Que no cualquiera fuerza política juvenil junta esa cantidad de pibes en un momento de desgaste político, crisis inflacionaria y desprestigio social de varios dirigentes oficialistas. En síntesis, no se puede subestimar a La Cámpora. En todo caso analizar y reflexionar su constitución y desarrollo, origen social y capacidad de movilización en torno a un proyecto al que uno puede o no adherir. Pero jamás subestimar.
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Por otro lado debemos reconocer que La Cámpora representa a un sector dentro del kirchnerismo y del peronismo en general. Que además forma parte de una fracción de la juventud de clase media que optó por la política. Que tiene contradicciones con otras organizaciones que también apoyan al gobierno nacional, y poca autonomía respecto del mismo (tal vez su mayor limitación) pero que a la vez esa relación ancestral le permite una forma de construcción política orgánica y vertical, con recursos, espacios de poder y proyección de sus referentes. Si bien trabajan en el territorio no es una agrupación que nació en el territorio ni se sostiene a partir del territorio. El territorio en todo caso es un “espacio raigal” del peronismo clásico. De los intendentes que juegan otro juego mientras se alinean, coquetean o desmarcan del proyecto de gobierno. En el territorio el peronismo siempre funcionó así, subterráneamente. Sobre todo en épocas de resistencia y proscripción.
Qué será de La Cámpora a partir de la aparición pública de su líder es la pregunta. Porque cuando se nace en cuna de oro es más fácil la vida que cuando se nace en cuna de mimbre. Y ahí está el gran interrogante. Mientras tanto hay que celebrar el hecho político. Cuarenta mil pendejos dispuestos a profundizar los cambios “al Máximo” son una bocanada de aire fresco en medio de tantos cambios climáticos y tufos de bocas gastadas.