Opinión
Old Boy o El Tano monto
“A mí no me la van a venir a contar porque yo la viví. Estuve preso durante el proceso. Por eso, estos pendejos de la Cámpora me tienen los guevos por el piso. Ta todo bien con el kirchnerismo pero yo, a estos yuppies que cobran 20 lucas con 25 o 30 años, no me los banco querido. Son unos pajeros. Nacieron a la política cuando se murió Néstor y te quieren dar cátedra de militancia, de construcción de poder popular, de economía política, de armado en el territorio. De todo saben estos giles. ¡Así cualquiera! Con un carguito de 20 gambas, yo también me las sé todas. Encima echan panza. Son unos pequeño-burgueses que le tienen miedo a todo. Esperan la orden, no tienen una puta autonomía para pensar. Leen lo que les dice la bibliografía de manual. Además sectarios. Soberbios. Son unos irrespetuosos.
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Imagináte que yo, a los sesenta y ocho años, ya las viví. Que no me vengan. Estuve en cinco cárceles, seis años chupado. Y no me fui al exilio, me comí el garrón acá, en la lucha y atrás de los barrotes. Estos piringundines me la rascan con las dos manos. La minas igual. Son todas cortaditas con la misma tijera. Ahora son todas feministas. Todo es una inmunda problemática de género. Odian a los hombres, los gorrean, le sacan plata, tienen un hijo y les pegan una patada en el orto. Ejercen una especie de venganza contra el hombre. Se han empoderado de tal manera que no saben qué puta hacer con el poder que tienen. Siempre dije, andan en autitos chocadores sin saber para dónde, el tema es chocar. Andaaa... feministas, já”.
El Tano es así. Un tipo formado en los setentas. Monto. Pasó de la UES a la JP y de ahí a montoneros. La vivió fea El Tano. Yo le entiendo el resentimiento a veces. Son de los tipos que nunca hicieron nada por un cargo. Militante de verdad, con vocación de construcción de poder popular en los barrios. Anduvo siempre calzado, se agarró varias veces a los tiros con la cana. Trajinaba de aguantadero en aguantadero. Formó pareja con otra compañera militante y tuvieron dos hijos. Eran nómades, que la casa de la madre de él, que la de unos amigos, que hoteles, en fin. Una vida dura. Además, El Tano banca, siempre bancó desde que asumió Néstor, y si bien tiene sus críticas, banca. Deambuló por Córdoba en plena dictadura y nadie sabía dónde ubicarlo. Nadie tenía que saberlo. Pastillita de cianuro por las dudas para no hablar y esas cosas.
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Lo terminaron agarrando por una batida de unos infiltrados de la Triple A. Lo cagaron a palos y se comió un simulacro de fusilamiento. A la mujer, Graciela, la mataron en combate, la siguieron dos tipos de civil y cuando se dio cuenta que estaba atrapada les descargó una 9 mm. A uno lo bajó para siempre, y el otro quedó herido y se salvó. Ese fue el que en la balacera, atrás de la cancha de Argentino, un atardecer de 1977 le pegó el tiro en la espalda y luego la remató con otro en la frente. El Tano, hecho mierda. Se quedó solo con los pibes y cuando fue en cana se los criaron los padres. De pendejo jamás vivió holgadamente. Viene de una familia de laburantes. Es un cuadro de la puta madre. Yo lo entiendo. El Tano en Mendoza está ninguneado. Por viejo. Por eso putea porque siente que con esta juvenilización de la política a los viejos no se los consulta. Se los deja de lado. Sobre todo si han sido militantes pobres. Y no se quedó en el tiempo. No es un setentista. Le jode que todo sea una escenificación acrítica de la política.
En fin. Además hace terapia desde el año noventa. Tiene traumas que le dejó la tortura. Es depresivo, toma una importante cantidad de pastillas y no se cuida del todo. Yo tengo miedo que le dé un bobazo. Es un gran tipo. Cada vez que lo voy a ver al psiquiátrico se pone contento. Tomamos mate y charlamos mucho. Lo dopan demasiado. Lleva cuatro internaciones y dos intentos de suicidio. Es un bajón. Cuando me despido se pone a llorar como un niño. En el hospital arma siempre quilombo. Por eso le meten dopamina a dos motores, y lo tumban con 8 mm de Clonazepán en gotas. Además lo surten con Quetiapina y con Risperidona. Fuma todo el día. Sale y entra, sale y entra. Toma merca y cae en un bajón terrible. Los hijos lo internan y se van. El tratamiento que recibe es una cagada. Las sesiones de terapia son de veinte minutos. Cada tanto. A veces pienso que no tiene arreglo, que está desatendido y que se abandona. Que no puede con él. Siempre me dice: “Alberto, sacáme de acá, esto es una bosta, de acá salís más loco de lo que entrás”. Tiene sus momentos de lucidez y atina. Pero esto no es un tema individual que yo pueda solucionar. La nueva Ley de Salud Mental está parada, nadie la regula porque hay intereses en la corpo médico-psiquiátrica que conservar. Son los que más se oponen. Encima, los ministros de salud en las provincias se manejan como se les da la gana. Está en el último rubro de sus prioridades. Pero es ley. Y también trampa.
Al Tano lo conocí en un bolichón en los 90, a principios de los noventa. Era del palo del rock y consumía merca con ginebra. Era un escéptico, como todos en esa época. Yo era un pendejo pero igual pegamos onda. Siempre nos encontrábamos en el mismo bolichón a charlar y tomar ginebra. Hablábamos de política, de drogas y de rock. Aprendí muchísimo con El Tano. Después nos íbamos de gira, a ver un par de bandas del momento. Y de ahí a otro barsucho que cerraba a las ocho de la mañana. Fue un maestro para mí. Un padre intelectual. Sabía de todo. Se comió los tres tomos del Capital de Marx. De cine, una banda. De música, una audioteca. Un autodidacta muy formado. Por eso lo entiendo.
Y como es un don nadie en este mundillo hediondo de la política menduka, no existe. Mandan los garcas, los que se hacen pasar por kirchneristas y ayer fueron menemistas y mañana serán sciolistas. En esos esquemas de funcionamiento El Tano no entra. Lo dejaron. Muchos “compañeros" lo dejaron. Esos abogados lo dejaron porque su apellido sale en la guía setecientas veces. Sin laburo fijo, a pura changa, El Tano fue zafando. Los hijos le tiran unos pesos y le compran cada tanto un par de bolsas en el supermercado. Pero al psiquiátrico solo yo voy a verlo cada veinte días. Cuando sale me llama y ahí nos juntamos. Le hago un asado con unas buenas ensaladas, le cuento de los amigos, lo saco a caminar por el parque, bajo el sol, recordamos anécdotas, charlamos de algunas películas y tomamos unos buenos mates. El Tano necesita cariño. Está en tiempo de descuento. Pero bueno, se hace lo que se puede.
El sábado pasado lo invité al Le Parc a ver una obra de teatro y me sacó cagando. “No querido, eso es para la gilada. El Le Parc es para la gilada. Igual gracias, mejor veamos una película, una de la que te hablé tanto y ahora la conseguí. “Old Boy”, una surcoreana que es una bomba, del director Park Chan-Wook. Quiero que la veamos juntos. Y después vemos la remake norteamericana que hizo el año pasado Spike Lee. Y dejá que al Le Parc vayan los pibes cool ¿Te parece?”.
“Dale Tano, lo que quieras”.