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Opinión

El “estado abulia” o las sociedades depresivas

Somos la basura social del capitalismo. Se premia al que inventa o es creativo con esos descubrimientos para el mercado.

Todos los intentos han sido vanos. La pasión, la locura, la ira, los quiebres de los diques; todo ello es inevitable. La sociedad y sus formas de control no pueden con todo como tampoco puede con todo el sujeto. Hay espacios insondables en la psiquis humana y en las conciencias de las sociedades. Más que conciencia diría “estado abulia”.

En el “estado abulia” se arrastran los pies y eso es lo único que importa. No hay proceso. Es una forma de desconexión de la mente con el exterior. Es cuando las sociedades no quieren vivir y se tiran a muertas. Como cuando un tipo está por salir a laburar y en lugar de “salir” decide tirarse en el sillón, desinflarse, y taparse con la colcha que usa el choco. La sociedad depresiva.

En la sociedad depresiva se usan todos los estimulantes posibles para salir del “estado abulia”: bebidas, fármacos, drogas, tecnologías, religiones, ideologías. Y de ahí no se vuelve. El cuerpo es una extensión de todas ellas. Las sociedades mastican, rumian, crean sus centros de salud y hospitales, y se autorregulan. En esa autorregulación expulsan a quienes no dan garantías de productividad en algún espacio. Pero hace ya tiempo que los expulsados de esas autorregulaciones tienen nuevos nichos de mercado. El capitalismo conquista todo, hasta lo descartable y pone tachos de basura para las botellas plásticas y luego te muestra una foto de una casa hecha con botellas plásticas.

Somos la basura social del capitalismo. Se premia al que inventa o es creativo con esos descubrimientos para el mercado. Vivimos un continuo eterno proceso de individuación. Hoy por hoy somos más colectivos en internet, a través de las redes sociales que en la calle o en el barrio. La clase media sobre todo. Porque al menos en las villas tienen que salir a robar cables para armar sus circuitos de comunicación independientes. Como las cadenas de TV en las favelas. La gente siempre se las arregla, más allá de sus condiciones de subalternidad.

Somos la basura social en plena precariedad biológica. El capitalismo siempre fue música para depredadores. Depre. Así quedan los depredados. Entonces, aparece la BBC y te hace mil quinientos documentales de las Islas Galápagos y te muestra cómo se torna necesario matar a las cabras porque se comen la flora del lugar. O la ruta del jean en el mundo. Cómo se hace un jean, un pantalón de jean en base a insumos de siete u ocho países en el mundo. Generalmente africanos. Y así, la saga de las explotaciones. Después aparecen los que dicen que no hay que usar ropa comprada y usan ropa prestada y usada. Y se forman los guetos de consumo alternativo.

En América Latina, se cuida una reserva natural que en el mapa es una manchita de té en una blusa blanca, por país. Lo demás está a disposición de los intereses agroexportadores. Con la materia prima no se juega. Si hay que hachar un bosque se lo hacha. Si hay que inyectar una tribu de la amazonia para que se mueran en un par de años, se los inyecta.

Acá estamos. En este gran basural que es el mundo donde pocos se visten de seda.