Presenta:

Opinión

Se cayeron las máscaras

Hoy en día se puede ser periodista y peronista, como yo, sin vergüenza... O sinvergüenza todo junto.
399215.jpg

Es una satisfacción que me puteen en cada columna que escribo desde agosto de 2007 en este medio. Al principio fue sorpresa, pasé por momentos de calentura y se las he devuelto en los mismos foros. Después entendí las reglas de juego. Y ahora me regocijo. Aquí todos hacemos negocio: al diario le sirve que yo esté en la trinchera y soporte las balas, a los foristas les viene bien la descarga terapéutica y a mí me complace poder decir con libertad lo que escribo.

Defender un proceso político en la era de la sobreinformación reiterativa es una conquista de la palabra en un territorio colonizado por los dueños de la vara que mide qué se publica y qué no se publica. Una conquista que no es individual sino  más bien colectiva donde uno tiene la oportunidad de tomar una posición explícita sobre lo político e ideológico.

Por eso puedo decir a días de la celebración del trabajo del periodista que estamos muchísimo mejor que antes. Porque hay una diversidad de medios y de periodistas no uniformados con las líneas editoriales de los medios dominantes. Porque además jode, y mucho, que existan medios y periodistas que banquen medidas de gobierno a favor del pueblo.

Porque hoy se pueden usar más palabras o diferentes palabras que tienen distinto peso simbólico (por ejemplo digo “pueblo” y no digo “gente” y eso cambia la perspectiva) el periodismo nacional ya no es impune ni inmune. Todos sabemos para quién se escribe.

Más allá de las empatías personales y de los estilos, todos sabemos para dónde patea Lanata y para dónde patea Verbitsky. Hoy en Mendoza sabemos a quién representa Andrés Gabrielli o Jaime Correas y desde dónde escribe Carlos La Rosa. Nadie puede dudar del antiperonismo del colega Ricardo Montacuto como tampoco del prokirchnerismo de Radio Nacional Mendoza. Y esto es bueno, es mejor.

Porque antes había voces silenciadas sin canales de expresión y te echaban si tenías una posición diferente al medio o a su línea editorial. Había amparo legal para echarte. Ahora hay amparo legal para que no te echen o, en el caso de que te echen hay una ley, un sindicato que defienden al echado.

Hoy se sabe más y se conoce al mercenario periodístico que se adapta al medio “porque es su trabajo”. Hoy se sabe y se puede decir que en la mayoría de los medios más importantes está lleno de periodistas radicales que militaron en la universidad en Franja Morada y que tienen una posición política acorde al medio.

Hoy se puede ser periodista y peronista, como yo, sin vergüenza. O sinvergüenza todo junto. Y todo esto lo ha logrado indudablemente el kirchnerismo. Te guste o no te guste. A mí me gusta. Y se disfruta diciéndolo.