Opinión
La FIFA no muerde, fusila
La noche helaba y los bares por dentro transpiraban. Por supuesto no se hablaba de otra cosa que del mundial de fútbol en Brasil. Es que no se habla casi de otra cosa que no sea de fútbol. Sin embargo, como sabemos, el fútbol es también otra cosa que 22 tipos y una pelota. Es espectáculo, entretenimiento masivo, negocios millonarios, medios de comunicación, sponsors, política y cultura.
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Todo eso junto es el fútbol. Así de complejo. Hay quienes no quieren mezclar y mezclan. Hay quienes mezclan y confunden. Por eso la disección del cuerpo es pertinente para todo anatomista. En la complejidad del funcionamiento del todo caótico debe entrar el método, el análisis para saber ponderar y jerarquizar las variables. En sí mismo “nada” existe sino en el marco de una serie de ligaduras, coyunturas, falanges que unen, atan, condicionan, determinan. Y está la calle. La audiencia que luego se transforma en sujeto parlante y habla. La calle opina y discute. Toma posiciones de todo tipo: políticas, sociales, culturales.
Todo esto se sabe.
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El mundo social está lleno de postales, fotografías, cortos en movimiento constante, fragmentos de películas, conversaciones pisadas. Suspicacias y perdones. Apuestas y especulaciones. En el mundial, guste o no, se representan las naciones a través de sus selecciones de fútbol. Se cantan los himnos. Se grita por el país con nombre propio. Por eso en el mundial sucede un desplazamiento imaginario del juego hacia la geopolítica. La FIFA es una especie de ONU del fútbol. Maneja un poder inconmensurable. Impone. Negocia con los Estados Nacionales. La FIFA es un Mega Estado Multinacional. Decide más que un presidente de un país.
Todo esto también se sabe.
A Uruguay lo condenan lapidariamente para que duela. Es chico, no tiene peso, no es Inglaterra ni Italia. Y Suárez es un jugador uruguayo, no alemán. Y Suárez reaccionó mal mordiendo, como en otras ocasiones. Sin embargo, la condena y el castigo de la FIFA fue un exceso evidente para que duela y mucho. Como dijo el propio presidente uruguayo Mujica “Se metieron con los botijas del pueblerío, nosotros a Suárez no lo elegimos para filósofo ni para mecánico…es un jugador de fútbol y es un rebelde porque viene de abajo”. La televisión es la “prueba” de la condena posterior. Todo un tema de discusión y de humoradas populares en el mundo.
Suárez muerde. Pero también corre, mete, pone. Es el símbolo de la garra charrúa. Esa que da orgullo a nuestros hermanos yoruguas. Fusilamiento en el paredón mediático y la FIFA que da la orden del disparo. Tristeza oriental en el país noble y sencillo, digno y compañero. A ellos toda la solidaridad con ese dolor. La vida sigue y está hecha así, de dolores populares y colectivos. Y así se sale de las malas, como ya lo han demostrado una y otra vez los pueblos latinoamericanos. Los pueblos.
Esto también ya se sabe y sabía.
Pero dije al comienzo que la noche helaba y los bares transpiraban. Así están las noches por aquí. Y los bares, refugios del hedor. Charlábamos acodados con unos amigos en la barra de un sitio. Tomábamos cerveza fría y una manada boqueaba humo y se movía al ritmo de músicas levanta ánimos. Músicas para arriba. Mientras Mathieu, un amigo francés, me mostraba unos videos en su teléfono. Eran los festejos de los argelinos en París y otras ciudades galas. Lo particular de esos festejos es que no parecían festejos. Eran incendios. Los argelinos, una de las minorías de inmigrantes más populosas de Francia, prendieron fuego los suburbios. Los videos mostraban bomberos, policías, corridas, enfrentamientos. Y llamas, parques en llamas. Argelia ardió con la clasificación a octavos. Un muchacho que pasaba se sumó a la ronda. El pibe es jugador de rugby y juega en Francia. Se sumó a la charla y opinó: “Uuuu…esos son los peores, son una lacra allá”, decía el pibe sin sonrojarse.
Francia hoy es también Argelia. Y Túnez y Marruecos. Y más países juntos. Francia es un país que tiene un pasado imperial y un presente neocolonial. Si está lleno de inmigrantes es porque los franceses los llevaron o les abrieron las puertas para explotarlos. Hoy esos inmigrantes de segunda y tercera generación son franceses también. Pero de segunda. Y viven de segunda. Y actúan como actúan los pueblos que viven de segunda. Argelia arde. Y es un grito. Un mensaje. Es, en medio del festejo, una protesta por más derechos. Así se expresan los sojuzgados.
Suárez muerde y los argelinos incendian París. El fútbol es más que un juego. Y eso también se sabe.

