Opinión
De locos, adictos y asesinos
El dolor es inmenso como el azar mismo. Podría haber sido cualquiera la víctima: un niño, un anciano o hasta el propio Intendente de San Carlos. Una enfermera, un linyera o un vendedor de churros. ¿Cómo abstraerse de la imagen de Paula? Casi imposible porque la víctima no es una hipótesis, es real y tiene identidad y en estos momentos sus familiares y seres queridos sufren un infierno.
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Sé que enerva a mucha gente “analizar” el caso en caliente. Más fácil sería hacer un análisis y reflexión de un asesino serial de los años 30 del siglo pasado porque le daría hasta color periodístico. El tiempo aleja el sentimiento y pasa de lo policial a lo literario. Pero esto pasó ahora. Un muchacho, Ezequiel Palleres, con una compleja problemática en su salud mental acuchilló y mató a María Paula Giglio en la Municipalidad de San Carlos, Mendoza, Argentina.
¿Cómo salirse de los títulos vende humo de los diarios o de los reportajes de los periodistas en la tele a psiquiatras, psicólogos y especialistas, para no caer en la estigmatización o en el espontaneísmo de la pregunta estúpida y poder pensar?
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¿Es lícito pensar en una situación así o estamos obligados a “sentir” esa ira que despierta toda muerte injusta? Pareciera que es imposible poner en contexto la muerte del día. Porque la muerte del día es solo dolor insondable y no tiene consuelo. Porque una muerte así conmociona demasiado como para salir a dar una opinión. La muerte provocada tiene sus móviles que ninguna entrevista u opinión profesional puede desentrañar, en los medios.
No obstante, “Ese loco de mierda, borracho y drogadicto” (ese es el perfil que quisieran poner todos los diarios sobre el asesino de Paula) tiene una historia y una trayectoria de vida que seguramente comparte responsabilidades familiares, institucionales y sociales. El tema no pasa por “la locura” de poner en la mira a todos los que acusan problemas de salud mental o que consumen drogas de todo tipo, legales o ilegales. Basta con respetar por ahora el dolor y luego pensar para cuidarnos.
Hay dos familias destrozadas: la de la víctima y la del victimario. Y toda la sociedad conmovida, pero también enferma. Un golpe de shock al mentón. Si no hay consuelo para los que lloran a Paula tampoco podrá haber locura para pedir la muerte de los locos de mierda. Que da bronca da bronca. Pero mucho más tristeza por no poder evitar estas muertes, como tantas otras que andan luciéndose entre nosotros, sin azar ni mucho menos gloria.
Paz para Paula.

