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Opinión

Seremos mejores

A quienes hablan del fin del kirchnerismo, nuestro columnista les aclara que no es una culminación, es apenas el comienzo de una gran transformación política nacional.
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El kirchnerismo no es la culminación de nada, solo es el comienzo. Los agoreros mediáticos (portavoces de los candidatos opositores) se la pasan anunciando el fin de ciclo del kirchnerismo. Creen, y quieren hacernos creer, que todo está terminado como si un proceso político se tratara de una elección o de una persona que lidera.

Es cierto que Cristina ya no gobernará más desde el 2015 cuando se recambie presidente en la Argentina. Pero eso es lo único cierto. Porque los procesos políticos que han tenido raigambre en sus políticas económicas y sociales, en la cultura y sobre todo en la conciencia de millones de argentinos, no se termina por decreto.

Puede pasar que en 2015 cambien algunas formas políticas en varias provincias y hasta puede también suceder que quien conduzca el nuevo proceso a nivel nacional no sea un kirchnerista a imagen y semejanza de la presidenta. Pero lo que queda es lo hecho, los logros, los avances inéditos en materia de empleo, educación, DDHH, inclusión, diversidad de voces en los medios.

Faltan muchas cosas por conquistar y a por ellas vamos. Porque también lo que queda es el empoderamiento social que no olvida y jamás permitirá que se avasallen sus derechos conquistados. Será de la forma que la nueva coyuntura lo proponga, la nueva correlación de fuerzas que se plantee en su momento. Y si hay que salir a la calle se saldrá a combatir a capa y espada.

Luego de tantos años de neoliberalismo, exclusión, desempleo, indigencia y monopolización, el kirchnerismo vino a reparar las heridas del pueblo que ya cicatrizan. No es la panacea ni lo ideal, es lo que hay y por eso pediremos más en todos los ámbitos. Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes. Las deudas las tiene que cobrar el pueblo movilizado a través de sus organizaciones. Los enemigos serán los mismos.

El kirchnerismo visto en perspectiva histórica siempre significará un avance de los sectores populares frente a los privilegiados. Y como todo avance se defiende, la única manera de hacerlo es profundizando el proyecto. Siempre hemos estado en la resistencia y es desde ahí que hemos construido poder popular para emerger. Es cuestión de revisar la historia para comprobarlo.

Sin embargo para lograr esa toma de conciencia es necesario estar organizados y debatir hacia dónde encaramos la nueva etapa. No bastan los slogans ni las proclamas, es hora de meterse en la tarea de pensar el proyecto nacional y popular, los puntos centrales a los que no estamos dispuestos a ceder y aquellos sobre los cuales hay que marchar para hacer más justa a la Argentina.

Avanzar en legislaciones pendientes como la ley de entidades financieras para gravar la renta de los que manejan las finanzas del país. Aplicar con firmeza la ley de tierras y propender hacia una postergada reforma agraria, la desmonopolización de la tierra en pocas manos, la reindustrialización de nuestra economía para combatir el modelo sojero que domina la escena en el campo. Revisar todo para poner blanco sobre negro.

Seguramente muchos no estarán dispuestos a hacerlo por intereses personales y mezquinos pero otros sí daremos esa pelea en donde sea que estemos. La producción económica y las riquezas que genera siempre es social, por tanto los beneficios también deberán serlo.

Hay que animarse a hablar de políticas anticapitalistas en varios planos. No nos engañemos. El capitalismo es el sistema más desigual y oprobioso que hay en el mundo. Se lo combate desde adentro y en alianza con otros gobiernos populares de la región sudamericana.

Seremos mejores.

 

Marcelo Padilla.