Opinión
Ese llanto, esa hambre
Estar aquí en medio del barro empalagoso, pillando de a reojo las grietas abiertas y más abiertas de la casa materna, fugaz como un beso y su promesa y su paraíso hediondo de dolor, sito y malsito. Haciendo pero deshaciendo. Ahondando pero por arriba a veces; incómodo pero al mismo tiempo en el lugar adecuado.
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Todos nos preparamos para irnos, luego. Esa enfermedad que es estar en el momento del látigo y tener el turno sin siquiera saberlo. Cara y seca. Cal y arena. La ebriedad dionisia que tampoco es eterna. No hay paraíso. Solo tenemos el refugio colectivo para emancipar el deseo por un buen rato. Siempre será el lugar donde redimir la pena, el espacio inclusivo.
Y la soledad en la muchedumbre un trabajo de fisgón para el laboratorio mental. ¿De dónde venimos por favor? pregunta y repregunta el pueblo abandonado en el desierto. ¿Cómo lo pregunta sin lenguaje? nos decimos los que no tenemos tampoco una migaja de certeza.
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¿Será del abandono? ¿Será de esa borda de ese barco? Y si fuese así, ¿cómo hemos nadado hasta las costas? ¿Cómo han hecho para el clan, la tribu y la familia? ¿Cuántos en el camino sin la ayuda?
¿Un pueblo es una religión, una bandera y un territorio? ¿Y los sedientos? ¿Y los hambrientos? ¿Cómo estar dentro sin perderse? Es que hay autos y hay vestimentas y embroques para hallarte entre ese hedor de los puestos ambulantes y un mensaje atemporal que deja dormir despierto.
Ya somos una química que nos desborda. Que nos pierde en el pánico de una oscuridad sin fundamentos. Las palabras andan descalzas por el territorio de la no creencia. Es el olfato que nos guía para escaparle al abandono. Por eso los pueblos luchan y dejan la sangre en las calzadas. Se mezcla en los ríos iracundos, se bebe en las comarcas. Por las canillas de los barrios secretos de las ciudades sale mixta.
Nos sostenemos por el hedor y el contraste nos ubica como una brújula para harapientos. Siempre llevamos a los niños en las espaldas. Y por eso nos movemos. Por el llanto del hambre. Y ahí tal vez encontremos el argumento, fundacional de la cultura. Ese llanto, esa hambre.