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Opinión

El Rey está desnudo

El gobierno nacional y provincial tienen una serie de contradicciones y problemas a resolver. Sin embargo hay mucho para destacar.
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Cuando uno ve que una gran parte de la sociedad se empieza a frotar las manos anticipadamente, con sorna, en clara actitud revanchista y con ímpetu vengativo, es ahí cuando cae el pensamiento y concluye que así no se puede ir a ningún lado. Pero a ninguno.

La sociedad nacional está atravesada por dos espadas. Una es la espada de los que luchan por una patria más justa y soberana y otra es la espada de los que van por el retroceso en todos los planos. No identificar claramente cuáles son los enemigos del pueblo es desde ya un problema. Los que empuñan esta última espada tiene demasiado odio e ira y en sus convulsiones se van a tragar el propio vómito.

El gobierno nacional y provincial tienen una serie de contradicciones y problemas a resolver. Sin embargo eso no invalida lo que se está haciendo y lo hecho en estos últimos 11 años.

Vivimos en una sociedad violentada. Hay miles de compatriotas con problemas económicos y de salud, de vivienda, de educación, entre otros. Cómo no reconocerlo. Ahora estos problemas no se solucionan con recetas del pasado. Mientras el gobierno gestiona la oposición reacciona y está pensando solo en el traje y en el cuerpo del Rey.

Ese Rey hoy está desnudo pero es Rey por su autoridad simbólica. Ese Rey no tiene rostro y no tiene nombre y repito, está desnudo. Los que creemos en que hay que empoderar al pueblo para que cuide sus conquistas en estos años y avance por más derechos le pondremos el traje a nuestro Rey desnudo que aguanta estoico el otoño y se prepara para las heladas y lluvias, cielos grises y tristes del invierno.

El Rey estará enfermo, seguramente. Pero la cura no será con la pichicata de los odiosos médicos de las crisis de coyuntura. La cura la tiene el propio pueblo con sus medicinas de amor, aliento, espirituales. El Rey no tiene capa ni corona y nadie sabe que es Rey porque es un tipo con rostro de masa anónima.

Es una simbolización de la espera. El Rey espera en la puerta y no toca el timbre, espera en el andén y no sube al tren, espera en el centro de salud y no saca turno. El Rey espera el cobijo sano y humano de los pobres y los agradecidos. Es uno más, como cualquiera de nosotros. Está en cada lugar donde hace falta un derecho y registra ópticamente las necesidades de su pueblo. Ese pueblo que se tiene que unir como un puño y ponerse a tejer las nuevas vestimentas para los nuevos tiempos. El Rey por ahora está desnudo.