Opinión
Palabras clave para que caiga un gobierno
Se dice, desde tiempos remotos, que el pensamiento popular nunca descansa. Una especie de sabiduría ancestral forjada bajo las mismas condiciones de dominación social surgió desde que existe el lenguaje articulado como resistencia a los procesos culturales de colonización de la palabra.
Te puede interesar
Glaciares: proteger mejor para poder crecer
En sus comienzos fue básicamente la oralidad popular y el folclore –en su mayor amplitud- que se nutrió de leyendas y prácticas subalternas y plebeyas que nos contaban de generación en generación el conocimiento de las gentes que no tenían otras formas que la risa, la parodia, la máscara y el carnaval. Pero una vez que el capitalismo hubo conquistado un humus cultural extendido en las masas urbanas en el siglo XIX y fundamentalmente en el XX, estas formas se desplazaron de la pura oralidad al lenguaje escrito, complementándose en un comienzo, para luego anclarse estrictamente en la escritura.
De ahí venimos. De esa mixtura colonial y criolla que tuvo y tiene una larga tradición payadora y voceadora de sabiduría experiencial de los mayores. Los lenguajes o dialectos como el lunfardo en el tango fueron concretas formas contraculturales a las establecidas por la clase dominante bajo el modelo de acumulación agroexportador que va de 1880 a 1930. Y fueron anticipatorias y emancipatorias en algún sentido porque como se sabe no hay peronismo sin tango previo.
-
Te puede interesar
Una elección de abogados (y algo más)
Formas del habla excluidas de la escuela y de los salones literarios. Letristas y no poetas. Celedonio Flores es tal vez el ícono de este modelo de escribientes de letras que cantaban la posta frente a la gran literatura de elite.
Pero los sectores dominantes en el país, aquellos que nacieron a la luz del desarrollo del capitalismo agrario, luego industrial y ahora de servicios, también tuvieron sus formas. Las tienen por cierto y se refuerzan en el proceso de reproducción social del capital. Van a la par del proceso económico.
Es que todo hecho social es básicamente cultural y económico. Por eso hoy los medios de comunicación se han transformados en los portadores de la palabra oficial dominante (oficial no oficialista aclaro) para nominar y aprehender la realidad social. Y la lucha está allí también, en el plano del lenguaje, en las palabras. Especialmente en su articulación significativa.
Sin embargo lo que debemos tener en cuenta y advertir es que ese lenguaje que circula por los medios de comunicación no es un lenguaje universal ni el representativo de toda la sociedad. En todo caso, y esto muy bien lo explicaba el marxista francés Louis Althusser en su obra “Ideología y Aparato ideológicos de Estado”, el lenguaje de los medios interpela al conjunto de la sociedad como si fuésemos todos iguales y nos planta una serie de adjetivaciones no inocentes para que a modo de caja de herramientas las usemos en la vida cotidiana toda vez que salimos del juego hipnótico del televisor.
“Estado Ausente”. “Justicia por mano propia”. “Economía de mercado”. “Consenso”. “Populismos dictatoriales”. “Libertad de expresión”. “Garantismo penal”, entre otras, son expresiones que circulan y producen lo que se denomina “el efecto ideológico”. Hacen pasar por el filtro mediático mensajes que nos identificarían a todos y no a intereses específicos políticos y económicos de aquellos quienes quieren imponer otro modo de vida más acorde con sus posibilidades de rentabilidad simbólica y económica.
En síntesis: la lucha social también es una lucha en el plano de las palabras.
Marcelo Padilla

