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Opinión

La experiencia vital a través de la tecnología

“Hemos capitulado: el capitalismo y sus tecnologías nos han envuelto en sus redes”, reflexiona, sobre la deshumanización, nuestro columnista.

No hay nada mejor que estar cara a cara con amigos para diseñar ambiciosos planes inconcretables, elaborar radiantes filosofías inconclusas y proyectar viajes que jamás se realizarán. Asado con vino de por medio, ese “estar”, es el momento-acontecimiento genuino que nos devuelve por un rato a la vida. La experiencia vital kuscheana del “estar siendo” es cada vez más el refugio cultural de resistencia y de sobrevivencia en este capitalismo donde la tecnología nos ha envuelto en esas redes inhabituales.

Herramientas del ser que anidan un estilo de vida alienante. La vida en los bares era una experiencia que construía sentido. Hoy por hoy el capitalismo global nos da otras oportunidades: podemos tener hasta 5000 amigos en Facebook, podemos ver un partido de fútbol por televisión pero desde el propio teléfono celular o bucear en las sexualidades más diversas a través de páginas porno; en definitiva juntarse cada vez menos con la gente, sufrir un partido en la pantalla y coger cada vez menos.

En todo caso la experiencia tecnológica ofrece un servicio ideológico que nos lleva a “hacer como si”. De eso se trata en al fin de cuentas el “proceso de individuación” de las masas sociales. Interpelar al individuo aisladamente en el universo y ofrecerle consuelo y compañía, sensaciones, vida sin adrenalina. ¿Para qué vas a viajar si lo podés ver en un buen video?

La experiencia tecnológica ha penetrado viralmente sin límites en el cuerpo mismo. Químicamente nos hemos adaptado a la prueba de ensayo y ya somos eternos clientes de la novedad y la sorpresa que hacemos habitual como si lo fuera. Aquella hipótesis que lanzaran algunos filósofos en los ochenta y principios de los noventa sobre la democratización de las masas a través de la tecnología se ha dado y comprobado a costa de exterminarnos.

Sí, podemos recorrer la amazonia por internet. Sí, podemos también visitar museos europeos y caminar virtualmente por Cuzco y la Isla de Pascua. Es más, hay juegos que permiten cambiar la historia y diseñar el futuro a la medida de nuestras ambiciones. La experiencia vital en el capitalismo se ha convertido en una mercancía.

Nos controlamos. De eso trata el control social. No solo de un poder omnipresente manipulador de nuestras vidas sino además –y esto es lo más penetrante como estilo de vida- nos controlan para que nos controlemos on line full time. Podés seguirles los pasos a tus amigos y amigas, sin verlos, a través de una red social y saber qué hacen tus hijos minuto a minuto.

La experiencia vital se ha tornado virtual y habitual. Se sale a caminar con el celular para seguir chateando aislados del entorno. De hecho la gente sale a caminar por indicación de una dictadura de la salud que también está planteada para controlarnos, entre nosotros. La experiencia vital es hoy una sociedad vigilada y filmada. Sabemos cómo nace el amor, cómo se desarrollan las dificultades de la convivencia y cómo explotan las relaciones de los demás, por internet.

Nos aísla de tal manera la experiencia virtual que no podemos soportar el silencio de la intimidad. Es más, quien se maneja con silencio e intimidad es visto como un sospechoso. La calle amedrenta. La noche se ha vuelto sinónimo de inseguridad. La productividad del cuerpo-máquina tiene su sitio y sus elementos: una silla, un teléfono celular de última generación y una computadora. Y allí estamos todos.

El hombre común ha sido atrapado en esa red por pescadores multinacionales. Y lo más paradójico es que cada vez sale más barato comprar estilos de vida. Lo caro es vivir en serio. Vivir en serio es una de las formas de la angustia y la ansiedad. Por eso las redes.



Marcelo Padilla.